domingo, 2 de diciembre de 2018

El crimen de Almonte (XIV): La UCO y las pruebas


ERRORES

Cuando se confirmó que el ADN hallado en tres toallas coincidía con el de Francisco Javier Medina, la primera reacción de la UCO tuvo que ser de frustración y desconcierto, porque Medina no era en esos momentos un sospechoso importante. Sí, debido a su relación con la esposa del asesinado había sido uno de los primeros investigados, y había permanecido siempre en el radar de la UCO, en segundo plano. Pero a partir de la primera semana dejó de estar en los puestos de cabeza de la lista de sospechosos, y pasó a ser uno más, únicamente, y esto hay que dejarlo bien claro desde el principio, como posible cómplice de la esposa y madre de las víctimas, y nunca como posible asesino en solitario. Quien estuvo desde el primer día bajo la sospecha de la UCO fue ella, con o sin Medina. 

Nunca se consideró que Francisco Javier Medina hubiera asesinado a padre e hija por su cuenta, sobre todo porque no tenía motivos. Pese a las afirmaciones posteriores, la UCO no dio demasiada importancia al posible ángulo pasional-celos-sentimental en el triángulo Miguel Ángel-Marianela-Medina. ¿Por qué iba a asesinar Francisco Javier Medina a Miguel Ángel si, por fin, después de varios años, Marianela había abandonado a su esposo? Los investigadores supieron por la misma Marianela y sus amigas que la ruptura era irreversible, que no había marcha atrás, y ella jamás dijo o hizo nada que pudiera hacer sospechar lo contrario a Medina. A este no solo no le estorbaba la niña, sino que quería que la madre obtuviera la custodia y se fuera a vivir con ellos, como declaró la misma Marianela.

Por lo que se ha ido conociendo, es cierto que Medina quería que ella fuera rompiendo sus amarras con Miguel Ángel, y que restringiera su relación con él a los cuidados de la pequeña María. Pero se trataba de un proceso de meses que acabaría finalmente con el divorcio, cuyo procedimiento estaba previsto se iniciara tras el verano. No había ningún motivo por el que Francisco Javier Medina necesitara o deseara asesinar a Miguel Ángel, y así lo entendieron los investigadores desde muy pronto, como lo demuestra el hecho de que en ningún informe aparece Medina como sospechoso de un crimen individual, y tan solo lo hace en relación con Marianela, y en una posición claramente subordinada. 

Así que cuando la UCO expuso su lista de sospechosos, no consideró a Marianela o Medina como sospechosos individuales, sino como un conjunto, aunque tan solo plantearon sus sospechas sobre ella, y nunca sobre él. La familia de Miguel Ángel, que se supone que es quien puso a la Guardia Civil tras la pista de Medina, en realidad puso a los investigadores tras la pista de Marianela, y en los informes policiales en los que se registran esas referencias de la familia hacia ella, ni siquiera se nombra a Francisco Javier Medina. 

Cuando la investigadores de la UCO se encontraron con el resultado de las pruebas de ADN se encontraron también con un problema. Da la impresión de que tenían un conocimiento bastante limitado sobre la prueba y su significado, y para cualquier observador imparcial existía una grave, y no explicada, discrepancia entre los resultados del Laboratorio de la Guardia Civil y los del Instituto Nacional de Toxicología. Decidieron, de forma totalmente arbitraria, quedarse con los resultados de este segundo organismo, sin considerar ni explicar los resultados del primero. 

Es probable que en esos momentos algunos miembros de la UCO, con las anteojeras del fracaso colocadas, tan solo vieran la posibilidad de resolver un caso que pocos días antes parecía irresoluble. La oportunidad de convertir un más que cercano fracaso profesional en un éxito. Algunos parecen indignarse ante la sugerencia de que los investigadores pudieran haber sido influenciados en su actividad y sus decisiones por consideraciones, personales, económicas o profesionales, cuando está más que demostrado que esas y otras cuestiones han influido en innumerables investigaciones policiales en todo el mundo, y que están en el origen de graves errores. 

La bibliografía sobre el tema de los errores judiciales y policiales crece día a día (ver, por ejemplo, un libro bastante conocido y citado, Criminal Investigative Failures, de Kim Rossmo, que aunque se contradice en varios extremos y está más dedicado a las fallas lógicas, resulta muy instructivo sobre el tipo de errores que pueden cometer, y de hecho cometen, los investigadores). Para explicar esos errores no hace falta recurrir a  una hipótesis tan provocadora, y no del todo convincente, como la de Anderson & Scott (Three False Convictions, Many Lessons: The Psychopathology of Unjust Prosecutions), en la que plantean que buena parte de la los errores judiciales y policiales son debidos a la presencia en puestos clave de la policía, la fiscalía o la judicatura, de psicópatas. De la versión no violenta, ni siquiera agresiva, pero psicópatas al fin y al cabo. Resulta interesante, pero no hace falta recurrir a ella para explicar la mayoría de los errores judiciales y policiales.

El conocido caso en España de Dolores Vázquez; el caso tratado en este mismo blog del asesinato de Jill Dando; el de la catastrófica investigación del asesinato de Rachel Nickell, también en Gran Bretaña; la vergonzosa investigación y encarcelamiento de Amanda Knox y Raffaele Sollecito en Italia, ...Todos casos diferentes pero con un denominador común: En determinado momento, y por causas diversas, en cada uno de estos casos los investigadores decidieron que una persona era culpable en base a evidencia más que discutible, y pese a ello construyeron una acusación sobre ese convencimiento. 

Aunque es seguro que los errores conocidos son tan solo una parte del total, de la mayoría nunca habrá demostración definitiva. Y es que sabemos con seguridad que Dolores Vázquez o Colin Stagg son inocentes porque se encontró al verdadero culpable de los crímenes que les achacaban, pero no siempre hay tanta suerte, y en ocasiones, pese a que la evidencia indica claramente que los acusados no fueron quienes cometieron el crimen (Knox y Sollecito, Barry George, …) mientras no aparezca prueba exculpatoria, siempre habrá personas dispuestas a seguir acusando. Sobre todo los que más tienen que perder a nivel profesional y de imagen personal si se demuestra el error cometido.

TENTACIONES

Sospecho que la argumentación que manejaron los agentes de la UCO, de forma explícita o implícita, debió ser bastante similar a la utilizada por el equipo que investigó el asesinato de Jill Dando (mucho más numeroso, y al menos igual de capaz que el equipo de la UCO). Cuando después de más de una año de investigación estéril, y cuando ya no sabían por donde seguir, de repente apareció algo que señalaba a una persona en concreto, y entonces se dijeron: ¡Tiene que ser él!, no puede ser una casualidad. 

Ian Horrocks lo expresó perfectamente, refiriéndose a Barry George, el sospechoso del asesinato de Jill Dando, cuando ante las acusaciones de que habían culpado al chalado del pueblo, respondió que se había realizado una exhaustiva investigación, eliminando a todos los sospechosos menos uno. Si no era Barry George el culpable, protestaba, ¿quién era entonces?

Considero muy probable que esa misma argumentación, o una muy similar, fuera utilizada por algunos miembros de la UCO para autoconvencerse y convencer a los demás. Llevaban más de un año investigando, innumerables horas día y noche, comiendo, cenando y durmiendo fuera de casa, con sacrificio personal y familiar en algunos casos (no en otros), sin resultados. Y de repente se les presenta la posibilidad de resolver el caso con una prueba, confusa y que no entendían demasiado bien, pero con un nombre que resulta sinónimo de culpabilidad: ADN.

Al igual que les había ocurrido a Hamish Campbell y sus hombres, los agentes de la UCO se encontraron ante dos posibilidades a la hora de interpretar la confusa evidencia genética:

1) Podían estudiarla con cierto escepticismo, reconociendo la disparidad de resultados entre ambos laboratorios, y haber solicitado, probablemente a través del juzgado, la opinión imparcial de los mejores expertos en el campo. Teniendo en cuenta que existía evidencia que exoneraba al sospechoso, y que no era de esperar una respuesta clara y decisiva de los expertos, este camino no parecía llevar muy lejos.

2) Podían interpretarla partiendo del supuesto de que el sospechoso era culpable, lo que significaría que no hacían falta expertos para determinar que ese ADN había sido depositado mientras se cometía el crimen, y que la evidencia exculpatoria tenía que ser errónea.

Si su sensación de que Medina era culpable era cierta, podría significar el éxito, las felicitaciones, las condecoraciones, los ascensos… Si no era cierta, tan solo tenían el vacío ante ellos. En el mejor de los casos, un fracaso sin consecuencias; en el peor, un frenazo profesional, tal vez definitivo. Una interpretación llevaba al optimismo y a una buena posibilidad de éxito, la otra interpretación regresaba al punto donde estaban, a más de un año de investigación sin sospechosos ni pruebas, a la nada. En este tipo de circunstancias se presentan fuertes incentivos para que personas sometidas a presión tiendan a tomar un camino y no el otro.

Pero había un problema, ese ADN era lo único que señalaba a Francisco Javier Medina. No solo no había otras pruebas que lo incriminaran, sino que había pruebas en contrario, que lo exoneraban. Generalmente se había venido considerando el ADN una prueba muy potente en dos tipos de situaciones:

A) Cuando aparecía en lugares y circunstancias que hacían extremadamente improbable una alternativa a la hipótesis de que el rastro genético había sido dejado por el sospechoso en el momento de cometer el crimen, o en circunstancias estrechamente relacionadas con este.

B) Cuando el lugar o las circunstancias del hallazgo del ADN no eran tan decisivas como en el punto A, pero existía otro tipo de evidencia incriminatoria que asociada con la prueba de ADN proporcionaba un conjunto probatorio robusto y convincente.

Para el caso que nos ocupa, un ejemplo de A habría sido que el ADN de Medina se hubiera hallado bajo las uñas de Miguel Ángel o María, o en un soporte biológico identificable y asociado al crimen, como una mancha de sangre. Para el caso de un ADN que pudo haber llegado a las toallas de distintas formas, algunas no asociadas al crimen, estamos en B, y entonces habría hecho falta un conjunto de pruebas de otro tipo que incriminaran al sospechoso. Por ejemplo que alguien lo hubiera visto junto al portal de las víctimas, o al menos en las cercanías, en horario aproximado al del crimen. Esa evidencia, que no sería concluyente en sí misma, podría convertirse en una fuerte prueba en conjunción con el ADN en las toallas o en otro lugar no crítico.

Hoy en día ya ni siquiera se considera que la situación A sea suficiente por sí misma para decidir la culpabilidad de alguien, porque hay ya bastantes ejemplos de errores en esas condiciones, como mostraron Lorente y Álvarez en su informe. Hay una tendencia creciente a exigir que la evidencia genética, por determinante que parezca, sea complementada por otro tipo de evidencia.

Para la UCO el problema era grave porque se hallaban en la situación B. El lugar donde se había hallado el ADN del sospechoso no cumplía con los requisitos para considerar improbable una alternativa a su asociación con el crimen, y no había otras pruebas de soporte que pudieran unirse al ADN en las toallas para formar una prueba convincente. Por no tener, no tenían ni un motivo para el crimen.

Pese a la dudosa prueba genética, pese a la falta de otra evidencia incriminatoria, y pese a la existencia de evidencia que exoneraba al sospechoso, se convencieron de que era culpable, porque era lo que necesitaban y deseaban. No solo no había nada que lo implicara, sino que  había un testimonio firme y repetitivo (¡como el ADN!), el de Marianela, que lo situaba sin duda en su lugar de trabajo a la hora que se estaba cometiendo el crimen. 

Sobre el lugar donde apareció el ADN, en elementos limpios y no asociados al crimen, no se podía hacer nada, y sobre el testimonio de Marianela, de momento tampoco. Pero una vez que se parte del supuesto de que alguien es culpable, no hay obstáculo que no se pueda remover. De repente aparecieron pruebas donde antes no las había. De repente tenían clarísimas cosas que no se habían mencionado durante más de un año. Ninguno de los supuestos indicios que se dijo apuntaban hacia Medina, ni uno solo, había sido considerado como relevante por la UCO hasta la detención del sospechoso, como veremos en breve.

En este punto conviene pararse un momento para estudiar el comportamiento de Juez y Fiscal. 

Los agentes de la UCO y otros investigadores que ejercen como policía judicial tienen una buena disculpa ante posibles errores, la limitación de sus funciones. Se limitan a dar su opinión mediante informes, y como mucho detienen a sospechosos y los ponen a disposición del juez. Pero ellos no encarcelan, ni procesan, ni acusan, ni juzgan, ni condenan. Eso son tareas de jueces, fiscales, abogados y jurados, no de ellos. Esto es técnicamente cierto, y en un mundo ideal esa separación de funciones garantizaría contrapesos ante posibles errores de alguno de los otros actores. Pero en la realidad ocurre que los informes y las opiniones de algunos investigadores adquieren una importancia desmesurada que se transmite a lo largo de todo el proceso legal, y que puede condicionar, o incluso servir de guía, al resto de intervinientes.

Es difícil que un Juez (entiéndase también referido a los fiscales) pueda mantener el ritmo y tratar de igual a igual a un grupo de investigadores dedicados en exclusiva a un caso. Los jueces, desbordados de trabajo, y con muchos casos de todo tipo que atender, tan solo pueden dedicar una fracción del tiempo que dedican los investigadores, incluso cuando cuentan con ayudantes, y por tanto su conocimiento del caso es mucho menor y bastante más superficial. Además, los investigadores tan solo trasladan a los jueces una parte de su investigación, lo que unido a lo anterior les proporciona una ventaja decisiva.  Es frecuente que los jueces deleguend de forma tácita en ellos, y que acepten sus recomendaciones, hipótesis o conclusiones. Jueces con personalidad y experiencia mantendrán al mismo tiempo, para compensar, un sano escepticismo, y nunca perderán de vista su papel de actor imparcial. Otros, en cambio, generalmente jóvenes y sin experiencia en este tipo de casos, olvidan ese papel y se arrojan de forma incondicional en brazos de los investigadores (sobre todo cuando estos o su grupo tienen prestigio y fama), sintiéndose parte del mismo equipo, bajando sus defensas y su capacidad para detectar problemas. 


LA RECONSTRUCCIÓN DE LA EVIDENCIA

Una vez que los investigadores decidieron que Francisco Javier Medina era culpable, tenían ante ellos una tarea nada sencilla:

1) Encontrar evidencia contra el sospechoso. Como el rastro genético no se podía relacionar directamente con el crimen, era imprescindible encontrar algo para intentar colar la idea de que el ADN era una prueba más entre varias. No había nada, ni pelos ni sangre en el lugar del crimen, ni testigos que lo hubieran visto entrar o salir, ni siquiera en las cercanías, ni motivo, ni historial de que resolviera sus problemas con violencia, nada…

2) Ignorar o cambiar la evidencia que exoneraba al sospechoso. Se ignoró el testimonio de Marianela de que había salido junto con los demás, en espera de que la persuasión la hiciera cambiar su declaración. No se preguntó a los compañeros de trabajo si lo habían visto allí en el momento en que se estaba cometiendo el crimen. Cuando supieron que una testigo afirmaba haberlo visto, la ignoraron. Lo que no podían ignorar, como el horario en que se había cometido el crimen, lo cambiaron de forma arbitraria, pese a que había registros del momento en que habían tenido lugar los asesinatos.

3) Encontrar un motivo, y para ello era imprescindible contar con Marianela. Tras asustarla con una posible imputación (palo y zanahoria), se la convenció de que había sido la víctima de una persona hiper celosa, controladora y manipuladora, un monstruo que la tenía anulada. Una vez conseguido esto, con la colaboración y guía de siniestros personajes de los que habrá que hablar algún día, no debió ser muy complicado pasar a la segunda fase: ese personaje terrible era el asesino de su hija, y ella era la única que le daba coartada, y si ella no cambiaba su declaración, quedaría libre. La cambió, claro. Hay situaciones emocionales que no me atrevo a valorar, pero sí valoro, y con mucha dureza, a los que se aprovechan de ese tipo de vulnerabilidad extrema para manipular y tratar de conseguir sus objetivos.


EL CRIMEN PASIONAL

Ahora parece que estamos ante un axioma, el del crimen pasional, y que así se consideró por los investigadores desde el primer momento. Se ha planteado que es un indicio contra el sospechoso, por razones evidentes. El problema para la UCO y sus palmeros es que los documentos y los actos de los investigadores no soportan ese planteamiento. Lo que yo afirmo es que la catalogación de este crimen como claramente pasional tan solo se produjo después de hallar el ADN de Medina en las toallas, nunca antes.

Durante más de un año no se encuentra ni una sola referencia, ni de la UCO, ni de nadie, a que este crimen fuera de tipo pasional, no solo como afirmación, tampoco como conjetura o simple posibilidad. No se dice, ni se comenta, en ninguno de los informes de la UCO, ni en las autopsias, ni en ningún lugar, no hasta que se quiere culpar a Medina. En cuanto detuvieron a este, comenzaron a decirle a todo el mundo que siempre habían considerado este crimen como pasional, pero no es cierto, es una invención destinada a que ciertas personas interiorizaran eso como un hecho. 

Pero hay más, los mismos informes de la UCO en los que ni siquiera se utiliza el término pasional, que ni siquiera lo insinúan, dejan claro que casi todos sus sospechosos, y casi toda su labor investigadora, excluyen el crimen pasional. Prácticamente toda su labor investigadora implica que su hipótesis principal durante un año fue el robo (pese a que no hubiera indicios), o la venganza, o la confusión de identidad, y que la hipótesis pasional o sentimental fue en todo momento una más, probablemente secundaria. (NOTA: Por desgracia, porque hay algunas personas convencidas de que si se hubiera estudiado el ángulo pasional desde el principio con vigor y decisión, se podría haber resuelto realmente el caso hace ya mucho tiempo)

En su gran informe de 30 de octubre de 2013, la UCO pasa revista a los primeros 6 meses de investigación. Durante más de 40 páginas exponen, comunican, conjeturan y explican, y pasan revista a los sospechosos, a los que dedican 20 de las páginas del informe. Estos son:

1. Ionut, el rumano que amenazó de muerte a Miguel Ángel cuando este lo sorprendió robando en el Mercadona.

2. Zotouni, el magrebí que fue atendido el 27 de abril, poco después de las diez de la noche, de una profunda herida en una mano.

3. Marianela Olmedo y Francisco Javier Medina. Son sospechosos en conjunto, no por separado, aunque el 90 % del texto y las sospechas se dedican a ella.

4. La familia de vecinos ecuatorianos, que escucharon la agresión, o parte de ella.

5. Manuel, el propietario del inmueble contiguo, arrendado a la familia ecuatoriana. Mantenía deudas importantes, y se sospechaba de su implicación en actividades ilícitas, lo que llevó a pensar que él pudiera haber sido el verdadero objetivo del crimen.

Y ya está. No aparecen otras líneas que se investigaron al principio y fueron probablemente descartadas, como la de Francis C, que fue el último en ver a las víctimas, o la de los otros amigos que comieron con Miguel Ángel, y probablemente alguna más. Estas 5 son las que quedan 6 meses después del crimen, y ya no se trata solo de que no se haga referencia en todo el informe al crimen pasional, es que ¡cuatro de esas cinco líneas de investigación lo descartan!. 

En el caso del rumano el motivo sería la venganza, en el del magrebí y algún miembro de la familia ecuatoriana, probablemente el robo. En el de Manuel, una confusión del asesino al entrar en el piso equivocado. Y ni siquiera está claro que en la línea de Marianela y Francisco Javier el móvil sentimental o pasional sea lo único que se está considerando, sino probablemente también alguna motivación económica o de otro tipo.

Esto son hechos, no opiniones. No solo no hay referencias a un crimen pasional, sino que las líneas de investigación seguidas indican que esa opción, estando presente, no era la dominante… Pero hay más, posteriormente los miembros de la UCO remitieron un nuevo informe al juzgado con una extensa investigación de una pista que les había proporcionado Aníbal Dóminguez, el hermano y tío de las víctimas, y esa pista ¡también excluía la hipótesis pasional!

Durante más de un año ni investigadores de la UCO ni forenses insinuaron que dos erosiones que cruzaban la espalda de Miguel Ángel pudieran tener algún significado simbólico, de victoria o de ninguna otra cosa. Nada, ni una palabra. Pero cuando se va a detener a Medina, esos cortes en forma de aspa, adquieren gran significado. En el juicio, los investigadores y los forenses repitieron y ampliaron esas afirmaciones, pese a que no aparecía en ninguno de los informes policiales, ni en las más de 100 páginas de los informes de las autopsias. De nuevo, una prueba inventada exclusivamente para un destinatario concreto. Los forenses, concretamente, se refirieron en el juicio a un supuesto, misterioso y no explicado carácter simbólico de esas lesiones, 


PRUEBAS DE SALDO

Ya hemos visto en otras ocasiones como se fueron alterando de forma arbitraria las horas de comienzo y final de los sucesos para intentar encajar los tiempos. Además, se presentaron como “pruebas” contra el sospechoso cuestiones como la del acento almonteño del asesino, o el que la cerradura no fuera forzada, que no aguantan ni el análisis más superficial.

1) El acento almonteño. Se basa en una de las varias declaraciones de uno de los vecinos ecuatorianos, y se pretende que tiene alguna importancia, cuando no jugó ningún papel en la investigación. La UCO se refirió a ello en uno de sus informes, pero ni lo tenía por un elemento importante, ni se tuvo en consideración durante las pesquisas. Tres de las cinco líneas de investigación excluyen que el asesino tuviera acento almonteño o siquiera español de España (los mismos ecuatorianos, el rumano, el magrebí), pero es que además se puede poner en duda la existencia de un acento almonteño diferenciado del de lugares cercanos. A preguntas de la defensa, el vecino que se había declarado lo del acento almonteño tuvo que reconocer que se refería realmente a acento andaluz de la zona.

Pero incluso aceptando que el asesino tuviera acento almonteño, eso tampoco significaría nada, ya que hay varios miles de almonteños que podrían ser sospechosos en base a ese criterio. Lo cierto es que la UCO nunca consideró eso como un elemento que ayudara a reducir el campo de sospechosos, y nunca lo refirió como una prueba importante ni influyó en su consideración de los posibles sospechosos. Como otras muchas cosas, solo adquirió relevancia una vez que Medina se convirtió en el principal sospechoso.


2) La cerradura no forzada y el acceso a una llave. De nuevo, otra consideración que solo se volvió relevante cuando hacían falta pruebas contra Medina. Durante más de un año la posibilidad de que el asesino hubiera tenido acceso a una llave para abrir el portal fue una más. No solo no se la consideró en ningún momento como la hipótesis principal, sino que, de nuevo, los propios informes de la UCO desmienten que fuera así. De los cinco sospechosos, tan solo uno (Marianela-Medina) podría encajar en la hipótesis de que el asesino se valiera de una llave. .

Pero la llave no es la única hipótesis de como podría haber accedido Medina a la casa. Según la UCO, ¡podría haber tocado el timbre!. Provoca sonrojo el planteamiento de que un plan digno de una película de Colombo se tenga que basar en tocar al timbre a ver si sus víctimas franquean el paso. Incluso si aceptáramos la propuesta, no apuntaría hacia Medina, no más que hacia muchas otras personas, familiares, amigos y amigas de su madre y su padre, a los que la niña también conocía.

A pesar que que los peritos de la Guardia Civil ya habían declarado que no había signos de que la cerradura hubiera sido forzada, Hellín tuvo que realizar un informe para decir esencialmente lo mismo, además de plantear algunas consideraciones difícilmente sostenibles. 

Una vez detenido Medina, se llegó al punto de intentar considerar una prueba contra el detenido lo que en realidad era una prueba exculpatoria, las huellas del asesino. En confusas y tramposas aseveraciones, pretendieron que podían relacionar a Medina con esas huellas, y aunque es evidente que eso no puede ser, lo cierto es que lograron su objetivo. No solo consiguieron que la Juez les comprara su astuta argumentación, es que consiguieron desvirtuar la única prueba con la que contamos sobre la naturaleza del asesino, y es que sabemos que tiene los pies grandes. En este caso también Hellín presentó posteriormente su propia hipótesis, también difícilmente sostenible.


REBUSCANDO EN LA PAPELERA

En su búsqueda desesperada de evidencia contra el sospechoso no tuvieron empacho en agacharse y buscar en la papelera, que es donde habían arrojado el testimonio de un testigo, magro, más de 6 meses antes. Este les había hablado a los agentes, el 15 de septiembre de 2013, acerca de su supuesto avistamiento de Medina, pero desde la UCO consideraron su historia increíble y no le dieron ninguna importancia. Lo demuestran los hechos, que nos dicen mucho más que las palabras y las justificaciones a posteriori. El hecho es que la UCO consideró tan poco fiable el testimonio de magro que ni le tomaron declaración oficial, ni siquiera comunicaron su existencia al juzgado, cuando comunicaban hasta las pistas e investigaciones más improbables. En el ya citado informe de octubre de 2013, más de un mes después de recibir esa información, ni siquiera la tuvieron en cuenta en su más que breve comentario acerca de Francisco Javier Medina, y no consideraron que aportara nada contra él. 

Es bastante natural, porque como habían comprendido los investigadores en septiembre, cuando entrevistaron a magro, lo que este contaba era completamente absurdo. No solo la circunstancias del encuentro eran improbables, con Medina llamando a voces su atención, es que a la hora en que magro afirmaba haberlo visto, sobre las 20:30, Medina estaba trabajando en el supermercado, como dejaban claro las grabaciones de vídeo. Su afirmación de que había llegado a su corral antes de las 21:00 horas no dejaba margen alguno para la duda, estaban ante un error del testigo, uno de tantos que existen en cada caso, y de  los que nunca nos enteramos.

Pero cuando hizo falta acusar a Francisco Javier Medina no había prueba débil ni obstáculo que no se pudiera saltar. Lo primero era tomar declaración, a él y a poti, eliminado cualquier referencia horaria concreta en cuanto al momento en que habían visto al sospechoso, porque si declaraban haberlo visto sobre o antes de las 20:30, nadie iba a creer su testimonio.

Francisco Javier Medina a las 20:30

Así que las horas desaparecieron, y en su lugar nos encontramos con un vago sin poder precisar la hora en la que sucedió este encuentro, que probablemente es la interpretación del agente a que magro no fuera capaz de concretar el horario con menos de media hora de margen. Lo antecede un siendo todavía de día, que pretendía reforzar la impresión de que magro no estaba seguro de la hora, pero sí de la diferencia día/noche. Esto a su vez servía para enfrentarlo a la afirmación de Medina de que había visto a magro y poti ese sábado, pero de noche, en lo que es seguramente otra confusión.

De la misma forma se ocultó inicialmente el momento en que magro afirmaba haber llegado a su solar. Y en la declaración de poti viene un sobrio no recordando la hora exacta, una fórmula para ocultar que sí recordaba la hora aproximada. Aunque hay que puntualizar que utilizar el término recordar con poti es un poco excesivo, ya que ni estaba seguro del día. En su informe de mayo de 2014 la UCO obvió por completo el horario en que magro pudo ver a Medina, y en cuanto a poti, señalaron que no aportó datos sustanciales que pudieran fijar la data del avistamiento de Francisco Javier MEDINA RODRÍGUEZ, de nuevo una versión muy particular del entrevistador.

Los entrevistadores interpretan a su gusto, quitan y ponen según su parecer y entender, y el resultado son unas declaraciones que hay que interpretar con mucha precaución. Toda la labor investigadora sobre este asunto se centró en entrevistar a los que habían intervenido en la compra del caballo e interrogarlos sobre sus llamadas de aquel día, intentando establecer una secuencia de los hechos que pudiera, más o menos, encajar con su hipótesis. Por supuesto, como se hizo durante todo el caso, se seleccionó lo que podía servir y se apartó el resto, pero dejemos ahora esto, que es tema para un tratamiento más detallado.

Supongo que ya le habrá surgido la duda al lector, ¿cómo podemos saber que esto es así, que magro y poti declararon inicialmente la hora en que decían haber visto a Medina y que se ocultó Lo podemos saber porque hay dos pruebas que lo demuestran:

1) La actitud de fiscal y abogados de la acusación ante la declaración de magro y poti en el juicio.

2) Al menos dos personas se referían,  muy poco después de la detención de Medina, a que este había sido visto por los caballistas a las 20:30. Pero esa hora no aparece en ningún documento oficial. Posiblemente la fuente fuera el mismo magro, o su mujer, trabajadora del Mercadona.

En el juzgado poti no recordaba la hora, y se llevó una bronca de la juez porque vaciló en el momento de asegurar que el avistamiento hubiera sido ese sábado. Magro, por su parte, afirmó que había visto a Medina antes de las nueve de la noche, pero da la impresión de que no es una respuesta espontánea, sino la respuesta a preguntas concretas: 

QUE ESTO ERA ANTES DE LAS VEINTIUNA HORAS PORQUE HABÍA TODAVÍA BASTANTE LUZ Y PORQUE A LAS VEINTIUNA HORAS HABÍA QUEDADO EN EL SOLAR, LLEGANDO ALLÍ A ESA HORA.

En esta respuesta hay un elemento que tira por tierra toda la hipótesis de la UCO, que explica porqué el testimonio no se había considerado fiable meses antes, y que es un magnífico ejemplo de como manejó la UCO todo el caso. Ellos sabían perfectamente (posiblemente en ese momento ni Juez, ni Fiscal ni defensa lo sabían, al menos con la precisión necesaria) que había una grabación de Medina en el Mercadona a las 21:01. Si magro ya estaba en su solar a las 21:00, como afirmó con gran seguridad, no podía haber visto a Medina saliendo del Supermercado, ni a esa hora ni posteriormente. 

Cuando llegó el juicio, y para sorpresa (agradable) de la defensa, magro y poti establecieron unos horarios razonablemente precisos para los sucesos que estaban narrando. Magro indicó que había visto a Medina entre las 20:00 y las 20:25, y poti señaló que a las 20:30 había dejado el caballo. Era algo sorprendente, porque era la primera vez que se podía escuchar algo así. No constaba en ninguna declaración de los caballistas, ni en ningún informe de la UCO. 

Pero lo más sorprendente de todo fue precisamente la falta de sorpresa del fiscal y de los abogados de la acusación. Ante esas asombrosas afirmaciones que les destruían la prueba, deberían haber saltado como un resorte, preguntando a los testigos porque no habían declarado antes eso. No lo hicieron, no mostraron ninguna sorpresa, demostrando de forma concluyente que sabían previamente que los testigos sí podían datar de forma razonablemente precisa el supuesto avistamiento, y que lo habían hecho ya hacía más de 4 años.

¿Por qué ni fiscal ni abogados de la acusación les preguntaron a los testigos por esa imprevista data horaria? Para mí resulta evidente, por si contestaban que ya lo habían dicho en su momento, que es lo que ocurrió. 

La tramposa interpretación de la UCO tuvo, sin embargo, éxito inicial. El testimonio imposible y manipulado de los caballistas fue decisivo a la hora de enviar a prisión a Francisco Javier Medina.


RECAPITULANDO

-No encajaban los horarios, así que se cambiaron de forma arbitraria.  

-No había móvil, así que se fabricó uno.

-No había testigos que hubieran visto al sospechoso cerca del lugar del crimen, así que se sustituyó por el testimonio anteriormente desechado de dos caballistas.

-No querían que algún testigo les fastidiara el caso, así que antes de detenerlo no preguntaron (y si lo hicieron no quedó rastro) a ninguno de sus compañeros de trabajo si lo habían visto.

-Había huellas que indicaban que el asesino calzaba dos o tres números más que Medina, así que se inventaron dos explicaciones, a cada cual más chusca.

-Se presentó un plan barroco, más adecuado para una novela de misterio o una película de Colombo.

-Se pasó por alto que una testigo, la novia del sospechoso, había afirmado, de forma reiterada, haber visto al sospechoso saliendo del trabajo a la hora en que se estaba cometiendo el crimen.

LA TRACA FINAL

Ese testimonio, el de Marianela, se dejó de lado, y tras unas semanas de persuasión (Por ejemplo, el día 26 de junio por la tarde dos o más guardias civiles visitaron a Marianela en su habitación, sin permitir la presencia de otras personas. No se sabe lo que hablaron, ni con qué objetivo o autoridad. No se sabe tampoco si hubo más visitas de ese tipo durante las siguientes semanas), consiguieron que la atribulada madre de la niña interiorizara una historia increíble de celos, maltrato psicológico y anulación de personalidad. A través de esa historia la convencieron definitivamente de que era culpable, lo que además de darles el motivo, les permitió iniciar un fantástico trabajo de bricolaje testifical. 

Dejando de lado la sorprendente tolerancia de la Juez ante esos radicales cambios de versión, la pretensión de la acusación de que Marianela creyó ver, o que como lo veía todos los días supuso que… o que por alguna extraña razón estaba confundida… no se sostiene. Ella es la mejor prueba de que Francisco Javier Medina es inocente, porque durante más de un año declaro que lo había visto salir con los demás. Lo declaró ante la UCO y en el juzgado, se lo dijo a su abogada, a su psicóloga y a sus amigas, lo hizo llorando y serena, antes y después de la detención.

Previamente a su súbita conversión, dejó más que claro que Francisco Javier Medina, la persona de la que estaba enamorada, salió del trabajo junto con ella y los demás, y no se trata de una o dos referencias oblicuas o de algún comentario ambiguo. Comprueben. Lo he puesto de colores, para resaltar la variedad y cantidad: 

-Francisco Javier si bien no iba junto a ella, si iba en el mismo grupo y tras llegar cada uno a su vehículo que tenían estacionados en El Chaparral, ella se marchó directamente a su vivienda de alquiler en la calle Cabañeros y Francisco se dirigió a la calle Cristo, al domicilio de sus padres.

-QUE LA DECLARANTE SE DIRIGIÓ HACIA SU VEHÍCULO QUE TENIA EN LA ZONA DEL CHAPARRAL. QUE FRAN SALIO AL MISMO TIEMPO DE LA DECLARANTE Y SE MONTO EN SU COCHE GOLF AZUL OSCURO. QUE EL COCHE DE FRAN ESTABA APARCADO EN LA ACERA DE ENFRENTE UN POCO MAS ATRÁS.

-QUE RECUERDA QUE SE MONTARON LOS DOS EN EL COCHE A LA PAR.

-Marianela dice que es imposible porque a esa hora estaba con ella.

-QUE A LAS DIEZ Y CINCO CUANDO SALIERON POR LA PUERTA SI QUE ESTABA SEGURA QUE ESTABA ALLÍ FRAN.

-...digo que no, que salió conmigo, que yo lo estoy viendo ahora mismo, me acuerdo ahora de yo montarme en mi coche y él montarse en el suyo.

-DICE QUE SÍ, QUE FRAN SALIÓ CON ELLA.

-Sí, salió con nosotros. Yo me monté en mi coche el se montó en el suyo. 

-PREGUNTADA QUE CUANDO LLEGA LA HORA DEL CIERRE Y VAN A LA PUERTA PARA QUE LES ABRA EL GERENTE SI RECUERDA HABER VISTO A FRAN O DONDE ESTABA FRAN DICE QUE SÍ, QUE FRAN ESTABA EN EL ALMACÉN CUANDO LA DECLARANTE LLEGA.

-...salimos a las diez y cinco, diez y seis minutos aproximadamente, porque los sábados salimos un poquito más tarde. Nos montamos en los coches y fuimos hablando hasta casa, pues mira yo me voy a duchar, pues me voy a duchar.

-(Una amiga) PREGUNTADA SI MARIANELA LE HA REFERIDO LO QUE RECUERDA EN CUANTO A LA SALIDA DEL TRABAJO DEL DÍA 27, DICE QUE LO ÚNICO QUE LE HA DICHO ES QUE SE ACUERDA DE FRAN Y DE QUE SALIERON TODOS JUNTOS

-Que te digo yo que él salió conmigo a las diez y cinco, o diez y seis de Mercadona. Él me ha insistido que salió solo, digo no, él salió conmigo. En la troupe, todos junto, bien detrás, bien delante. Yo me monté en mi coche y él se montó en el suyo.


Estimado lector, debe usted tomar una decisión. 

- O bien sostiene usted que todo lo que acaba de leer son imaginaciones o equivocaciones de Marianela, en cuyo caso todavía tendrá que sortear todo el resto de evidencia que exonera a Medina,

- O bien admite que tras esas declaraciones subyace el hecho de que Marianela realmente vio al que entonces era su novio a la hora de salir del supermercado.

En este segundo caso, no le quedará más remedio que reconocer que Francisco Javier Medina es inocente. Puede olvidarse del ADN o de otros testimonios o de otras pruebas, porque si Medina estaba saliendo del Mercadona sobre las 22:05, hora a la que se estaba cometiendo el crimen, no puede ser el asesino.

EPÍLOGO

Esta es la última entrada del blog antes de la ya próxima decisión del Tribunal Supremo. Hace un año que empecé a escribir sobre este caso, y creo que he conseguido presentar la información suficiente para que los lectores puedan decidir por sí mismos. No pretendo que me sigan o me crean, y les animo a buscar otras fuentes de información sobre el caso y otras opiniones. Lean, procedan a analizar toda la evidencia presentada, y decidan con libertad.



jueves, 8 de noviembre de 2018

El crimen de Almonte (XIII): Las declaraciones de Raquel

INTRODUCCIÓN

Raquel G. es el objetivo de algunos de los más feroces ataques desde el entorno de la acusación. La difaman con mentiras e infundios, animando además a sus esbirros para que la confronten en su lugar de trabajo, algo realmente abyecto, pero acorde con los personajes que están detrás de esa campaña.

Según difaman, Raquel habría mentido al declarar que vio a Medina en el supermercado en momentos muy cercanos a la hora de salida, algo que de ser cierto implica la imposibilidad de que él fuera el autor del doble crimen. Sobre la motivación para esa supuesta mentira han estado dando palos de ciego y mintiendo, a partes iguales. Han señalado que Raquel y Medina habían sido novios durante diez años, olvidando informar de que habían roto definitivamente dos años antes del crimen, y que cuando ella declaró en el juicio llevaban seis separados.

Posteriormente, y como lo anterior tan solo parecía convencer a los más sectarios, optaron por la patraña directa, afirmando que Raquel y Medina habían retomado su relación a partir de octubre de 2017. Esto, que es una invención pura, fue difundido por periodistas tontorrones y otros personajes con pocas luces, que creyeron así obtener una motivación para el sentido de la declaración de la testigo. Porque ese ha sido siempre el talón de Aquiles de los que afirman que Raquel ha mentido, la falta de un móvil. Han sido incapaces de presentar una razón creíble para ese alegado perjurio, y de ahí las mentiras e invenciones.

El análisis de las declaraciones de Raquel nos proporcionará una excelente panorámica de como se construyó el caso contra Francisco Javier Medina, y en último término quedará claro que quien tiene que dar explicaciones no es ella, sino la UCO, la fiscalía y la Juez de Instrucción.

Trataré por separado las dos cuestiones más polémicas (la estancia de Medina en el supermercado, por un lado, y su comportamiento y carácter, por otro), pero trataré de seguir un orden cronológico en cada una de ellas. He colocado al final del escrito, en forma de apéndice, unos breves apuntes que tratan de explicar como funcionan y se reflejan en papel los interrogatorios verbales, policiales y judiciales. Iba a ser una introducción, pero me han convencido de que es aburrido y espantaría a muchos lectores, así que lo dejo para el final. De todos modos, recomiendo su lectura antes de continuar.

1ª PARTE: ¿DÓNDE ESTABA MEDINA A LA HORA DEL CRIMEN?


Es el punto decisivo de este caso. Si Francisco Javier Medina estaba en el supermercado a la hora de salida, sobre las diez de la noche, es evidente que no pudo ser el autor del crimen, cometido aproximadamente a esa hora.

Los agentes de la UCO verificaron muy pronto (se supone que son muy buenos y que hacen bien su trabajo) que Medina había estado en su lugar de trabajo y ya no fue considerado seriamente como sospechoso. Pero cuando los resultados del laboratorio indicaron que había ADN suyo en tres toallas, decidieron que él era el culpable, y a intentar persuadir de eso a los demás dedicaron todo su esfuerzo, aunque ello significara poner en duda su trabajo anterior.

Y es que no se puede sostener a la vez que la UCO investigó muy bien el caso y que Medina no estaba trabajando. Si se afirma que Medina no estaba en su lugar de trabajo, entonces hay que admitir que la UCO se equivocó gravemente a la hora de verificarlo, y podemos dudar de todas las verificaciones realizadas sobre donde estaban otros posibles sospechosos. Si queremos sostener que son grandes investigadores, entonces verificaron correctamente en su momento el paradero del Francisco Javier Medina, y lo que hay que explicar es el cambio posterior. Pero hay que elegir, las dos cosas a la vez no pueden ser.

Algunos desde el entorno de la acusación están afirmando, en fechas recientes, que Medina fue el principal sospechoso de la UCO desde el primer momento. Es rotundamente falso, y además contradice a la propia UCO, pero de todos modos es muy fácil de demostrar la falsedad de la afirmación, una mas, y lo haré de forma contundente en un próximo escrito.

Podemos ya intentar analizar lo declarado por la testigo Raquel G. Esta prestó declaración antes del juicio en tres ocasiones, las dos primeras ante la Guardia Civil, y la tercera ante la Juez de Instrucción.

1) Declaración ante la UCO, el 4 de mayo de 2013, una semana después del crimen.

2) Declaración ante la UCO el 18 de junio de 2014, una semana antes de la detención de Francisco Javier Medina.

3) Declaración en el juzgado el 26 de septiembre de 2014, cuando Medina llevaba 3 meses encarcelado.



Primera declaración ante la UCO. 4 de mayo de 2013

Transcurrida una semana desde el crimen, la UCO realizó una entrevista bastante corta y centrada en otros asuntos, y ya al final de la misma:

PREGUNTADA por el turno de trabajo en el que desarrollo su labor en Mercadona.

MANIFIESTA que como debía una tarde de sábado a una compañera con la cual había hecho un cambio anteriormente, comenzó su jornada ese día a las 19:00 horas, coincidiendo por lo tanto con Marianela y Francisco Javier. Finalizo su jornada a las 22:00 horas al igual que todos sus compañeros, no marchándose nadie anteriormente a esa hora, que esto lo suele controlar el coordinador de empleados, José Luís Araixa. Ella se fue la última junto con otros dos compañeros, Alfonso y Josefi, marchándose sobre las 22: 15 horas. Ella no se percató del momento en el que se fueron Marianela y Francisco Javier, pero seguro que no pudo ser antes de las 22:00 horas. 

Parece evidente que todas estas respuestas no corresponden a la única pregunta que las antecede, sino a varias preguntas encadenadas, cuyo formato real tan solo puede ser conjeturado a partir de las citadas respuestas. (ver Apéndice)

En algún momento le preguntaron a Raquel si se marchó alguien antes de la hora, y ante su respuesta negativa, parece que le preguntaron sobre quien controlaba eso. Su respuesta es errónea, ya que el jefe de la tienda se marchaba casi siempre antes de la hora de salida del resto. Casi al final le preguntaron si se había fijado en el momento en que habían salido Marianela y Francisco Javier, respondiendo ella que no, añadiendo a continuación un sorprendente: pero seguro que no pudo ser antes de las 22:00 horas, que da la impresión de que es una añadido final, cuando es casi seguro que fue la respuesta a una nueva pregunta: Pero, ¿pudieron haberse marchado antes de las diez?, o algo similar. Y falta la pregunta que cualquiera haría a continuación, ¿cómo lo sabe?, o bien, ¿por qué está tan segura? Nos falta el contexto, y Raquel no recordaba, más de un año después, a que se debía esa respuesta, sin descartar que su seguridad fuera porque los había visto poco antes de salir. 

Hay que señalar algo determinante para la correcta comprensión del asunto, y es que Raquel estuvo trabajando en la carnicería desde algún momento posterior a las 21:30, hasta el momento en que salió, sobre las 22:15 horas. Como desde la carnicería no se podía ver la salida, no pudo ver salir a nadie más que los que salieron junto a ella. Ni a Medina, ni a Marianela, ni al resto. Pero que no los viera salir no significa que no los viera justo antes de salir.

Y es que, y debemos tenerlo en cuenta para más adelante, los investigadores no le preguntaron si había visto a Medina o a Marianela entre las 9 y las 10 de la noche, seguramente porque daban por hecho que los había visto. Considero bastante probable que de algunos comentarios durante la entrevista extrajeran la conclusión de que ella los había visto allí dentro poco antes de salir. En caso contrario, no tiene sentido que no le preguntaran directamente por ello.

Declaración ante la UCO. 18 de junio de 2014

A diferencia de la primera entrevista, en la que estaban dando palos de ciego, en el momento de esta segunda entrevista con Raquel, los miembros de la UCO ya tenían un objetivo único: Francisco Javier Medina. La declaración de la testigo se enmarca en una ronda de entrevistas previa a la detención del sospechoso, en la que los agentes trataban de obtener información que confirmase su caso, pero, y esto es lo más importante de todo, sin que apareciese información que lo pudiera echar a perder. 

Las preguntas que realizaban estaban dirigidas a obtener ciertas respuestas, y además a no obtener otras que serían, digamos, peligrosas. Debemos tener esto siempre presenta a la hora de analizar las declaraciones de Raquel y los demás testigos que prestaron declaración en los días previos a la detención.

Esta segunda declaración se centró en su relación con Medina, y en sus relaciones y conflictos con Miguel Ángel y Marianela. Tan solo al final, y tras repetir prácticamente lo mismo que en la primera en cuanto a su trabajo de última hora en la carnicería, y la hora a la que salió y con quien salió, se le preguntó:

PREGUNTADA: Si recuerda qué personas se encontraban con ella cuando finalizó su turno en Mercadona el día 27/04/13 y como se fueron cada una, así como si observó a alguna persona merodeando por las inmediaciones.

MANIFIESTA: Que como ha dicho, salió la última en unión de Josefi y de Alfonso, saliendo por la puerta del almacén, junto con el Gerente B, desconociendo quienes salieron antes y en qué orden. Del mismo modo, no vio a nadie merodeando por las inmediaciones del supermercado.

Esta es la gran polémica sobre las declaraciones de Raquel. Responde que no sabe quien salió antes que ella, cuando por respuestas anteriores debería estar claro para sus entrevistadores: ¡Todos los demás! Por la misma razón, la pregunta en cuanto al orden de salida está de más. Incluso obviando la respuesta a la pregunta anterior, ya ha declarado más de una vez que estuvo todo el tiempo en la carnicería, y desde allí no se puede ver la salida, por lo que es imposible que viera a nadie salir, y por tanto, que supiera en que orden lo habían hecho. Parecen preguntas preparadas expresamente para evitar respuestas no deseadas. En ese momento ya no es una investigación para descubrir la verdad. 

Es muy fácil de entender cuando se quiere entender. Raquel no vio salir a nadie porque no podía ver salir a nadie, y nunca pretendió tal cosa, ni antes ni después de esta declaración. Lo más importante no son las preguntas efectuadas, o las respuestas que ofreció ella, lo más importante son las preguntas que NO se hicieron. De nuevo, no se le preguntó si había visto a Francisco Javier Medina en el supermercado, algo realmente notable. Está claro que temían la respuesta, y que como sospechaban que no les iba a gustar, decidieron no hacerla, al menos oficialmente (ver Nota). No es un caso aislado, porque a ninguno de los testigos se les preguntó, pero este es un caso especialmente llamativo, porque ella era una testigo clave. 

(Nota: Estoy suponiendo que realmente no se le preguntó a Raquel si había visto a Medina y Marianela a última hora, porque no está reflejado en el acta de la entrevista. Ella cree que sí se le preguntó, o que al menos se habló de ello, pero como no quedó reflejado en las actas y no hay pruebas, ahí lo dejamos)

La posible excusa de que de hacerlo podrían haber dado pistas sobre detrás de quien iban, y poner en peligro su caso, no se sostiene. En primer lugar porque podrían haber preguntado si había visto a Medina junto con preguntas sobre si había visto a otras personas, lo que eliminaría ese peligro, y en segundo lugar porque no tuvieron inconveniente en hacerle a Raquel multitud de preguntas sobre su ex novio, lo que ya la habría podido poner en guardia.

No, la razón es que habían decidido culpar a Medina, y no querían que alguien dijera haberlo visto allí cuando no debía estar. Ya tenían el problema de Marianela, que afirmaba haberlo visto salir, así que como apareciesen una o dos personas más, el caso se les podía venir abajo. Para evitar riesgos, mejor no preguntar; ojos que no ven, corazón que no siente. Me imagino el estupor de muchos lectores al darse cuenta de que decidieron detener y culpar a una persona sin preguntar a ninguno de los posibles testigos si lo habían visto, pero es lo que se hizo, ni más ni menos.

Pero esa ronda de entrevistas permitió a los investigadores de la UCO conocer, o intuir, quienes podían ser un problema y quienes podían jugar a su favor. Así que cuando se efectuaron las nuevas entrevistas tras la detención del sospechoso, se eligió cuidadosamente a quien llamar. No a alguien como Raquel, que junto con Marianela era la persona que con más probabilidad podría dar cuenta del paradero de Medina esa noche. No a ella, o a otros posibles testigos que podrían dar respuesta inconvenientes, se eligió a unos pocos trabajadores del Mercadona, entre los más de veinte que trabajaron en aquel turno. Seguramente aquellos que sabían, o intuían, que no iban a decir nada que los pusiera en aprietos. 

La acusación pretende que esa segunda declaración de Raquel implica que no vio a Medina dentro del supermercado durante esa última media hora crítica, pero si eso fuera cierto, carece de sentido que no la llamaran de nuevo a declarar, y que tuviera que hacerlo meses después a petición de la defensa. Si de su entrevista hubieran deducido que no lo vio, no habrían dudado en llamarla, porque era el único testimonio que podría contrarrestar el del Marianela. ¿Por qué no lo hicieron entonces? Creo que es muy fácil de explicar, porque o bien les había dicho que lo había visto, o bien lo dedujeron de algunas de sus respuestas. En cualquier caso, es seguro que no entendieron que su testimonio perjudicara a Medina.

No fue hasta su tercera declaración, ya en septiembre de 2014, 17 meses después del crimen, y cuando el sospechoso llevaba 3 meses en la cárcel, cuando alguien le preguntó por primera vez, de forma oficial, si había visto a Francisco Javier Medina en los momentos previos a la salida del supermercado. Una de las testigos clave, y se les había olvidado hacerle la pregunta decisiva.


Declaración en el Juzgado. 26 de septiembre de 2014

Finalmente alguien le preguntó a Raquel si había visto a Marianela y Fran esa tarde entre las 19:00 y las 22:15, horario en el que estuvo en la tienda. A Marianela la vio al entrar, pero después ya no la vio mientras estuvo en la caja, hasta aproximadamente las 21:25, ya que ambas estuvieron en líneas de caja distintas. A Medina lo vio pasar varias veces.

Cuando cerraron las cajas le preguntó al encargado si iba a su sección habitual (panadería), pero este le dijo que fuera a carnicería, que allí necesitaban ayuda. Afirmó que llegó a carnicería sobre las 21:40 o 21:45, 

Desde allí pudo ver claramente, en varias ocasiones, tanto a Medina como a Marianela, trabajando en las estanterías, entre las 21:40 y las 22:00. Desde su posición se veía todo el pasillo que llegaba hasta la puerta que daba acceso a los dos almacenes. Afirmó que la limpieza de las bandejas de carnicería la efectuaba de espaldas al pasillo, pero añadió enseguida que para colocarlas se tenía que girar continuamente, pudiendo ver por tanto a quien pasaba por el pasillo, o a quien estaba trabajando en las estanterías. 

La clave es pudiendo. Podía ver a cualquiera si en ese momento estaba mirando hacia la tienda, o podía no ver a alguien si cuando pasaba estaba de espaldas. Ella afirmó haber visto pasar a Medina por el pasillo muy poco después de las 22:00 horas. Es importante insistir en que Raquel no vio salir, o sea, abandonar el supermercado, ni a Medina ni a nadie. Ella tan solo pudo ver como pasaba por el pasillo que daba acceso a los almacenes, desde donde se salía. 

Resumiendo, Raquel pudo ver claramente a Francisco Javier Medina poco antes de las diez de la noche, trabajando en las estanterías, y lo pudo ver claramente poco después de las diez, atravesando el pasillo que llevaba a los almacenes. Cuando finalmente se le efectuaron las preguntas adecuadas, pudo responder con claridad, al menos con toda la claridad posible después de 17 meses.

El Juicio

La declaración de Raquel durante el juicio fue muy similar a esta última en el juzgado. El fiscal y los abogados de la acusación trataron de poner en duda su testimonio, pero no resultó del todo bien. El Fiscal, sobre todo, fue especialmente tímido, probablemente porque no quería que saliera a relucir que nunca le habían llegado a preguntar oficialmente a una testigo clave por el paradero del sospechoso, y que había tenido que hacerlo la defensa. Las acusaciones trataron de desacreditar su testimonio, incidiendo en el hecho de que ella no recordara a otras personas, aparte de Marianela, Medina y los que habían salido con ella. 

Pero eso era una estrategia endeble, porque el jurado, y cualquier observador imparcial, podía entender la razón por la que se había fijado en ellos y no en otras personas. La absurda hipótesis, tímidamente propuesta, de que ella podría cometer perjurio debido a su relación de diez años con el acusado no se sostiene, y el jurado no se la creyó. En primer lugar porque habían roto definitivamente más de dos años antes, y en segundo lugar porque no tenían ninguna relación, ni siquiera se hablaban. 

Una vez que los miembros del jurado se hicieron cargo de la relación que unía a la testigo con Marianela y Medina, entendieron enseguida la razón por la que su testimonio era fiable en cuanto a ver al acusado. Marianela y Raquel eran las dos testigos a las que no se les habría pasado donde estaba la otra, y donde estaba Francisco Javier Medina.

Raquel insistió durante el juicio en que ella no controlaba donde estaban ella o él, pero lo cierto es que todos, incluidos los jurados, entendieron lo que ocurría: 

Yo no lo controlaba, pero para mí no era agradable…

Aunque yo no la controlara. Pero se las daba de “aquí estoy yo” (refiriéndose a Marianela)

Estaba temiendo un enfrentamiento, como los que habían ocurrido ya, y por eso no dejaba de fijarse en ellos. De hecho, Marianela era perfectamente consciente de la presencia de Raquel, y no dejó pasar la ocasión de hacerse notar.

Hay que señalar que hubo bastante confusión en las preguntas de los abogados y las respuestas de Raquel, y a veces parecían estar hablando de cosas distintas. La culpa fue, en este caso, de la Magistrado Presidente, que negó una pretensión más que razonable de la defensa, la de que se mostrara un plano del supermercado durante la declaración de Raquel, para que pudiera ir indicando dónde estaba ella trabajando, dónde vio a Medina, dónde estaba Marianela, ...etc. Porque ella conocía bien la distribución del supermercado, pero los jurados y algunos abogados no, y eso explica algunas preguntas y respuestas. 

Además, hubo cierta confusión en cuanto a lo que le estaban preguntado a Raquel durante el juicio, ya que en ocasiones no se distinguía bien entre tres momentos claramente definidos: 

-La salida, que ella no pudo ver desde su posición.

-El intervalo inmediatamente anterior a la salida, entre las 22:00 y las 22:05.

-Entre las 21:40 y las 22:00, mientras podía ver desde la carnicería a sus compañeros trabajando.

Algunos abogados, cuando preguntaban, no precisaban correctamente a cual de estos momentos se estaban refiriendo, y ella respondía a lo que interpretaba que le preguntaban. Si unimos a esta confusión la confusión de fiscal y abogados al no tener un conocimiento adecuado sobre la distribución del supermercado, el resultado fue el previsible, un interrogatorio confuso.


MEDINA ESTABA EN EL SUPERMERCADO A LA HORA DEL CRIMEN

No hay contradicción entre las distintas declaraciones de Raquel G. No le hicieron las preguntas adecuadas, en un caso, y evitaron hacérselas, de forma deliberada, en otro. Vio claramente a Francisco Javier Medina en el supermercado, en varios momentos entre las 21:40 y probablemente las 22:00, y finalmente en algún momento cercano a las 22:05, dirigiéndose al almacén de salida.

Sus declaraciones se complementan con las de Marianela, que lo vio en dicho almacén de salida, lo vio saliendo, lo vio delante de ella, y lo vio subirse a su coche. Las dos únicas personas con motivo para recordar la situación de Medina lo recordaban con claridad, y lo vieron varias veces, en varios lugares, dentro y fuera del supermercado, entre las 21:40 y las 22:09. 

Que después convencieran a Marianela para que cambiara su testimonio, y que  quieran poner en duda el de Raquel, no oscurece el hecho de que, para cualquier persona imparcial, la evidencia que sitúa a Francisco Javier Medina dentro del Mercadona a la hora del crimen es concluyente y definitiva.


EL PERIODO INTERMEDIO

No quiero dejar de referirme a lo sucedido entre el 18 de junio (declaración ante la UCO) y el 26 de septiembre (declaración en el juzgado), porque resulta muy instructivo. Hemos visto como no volvieron a llamar a declarar a Raquel tras la detención de Medina, probablemente porque sabían, o sospechaban, lo que iba a decir.

El problema para la fiscalía y la Juez de Instrucción es que supieron muy pronto que Raquel afirmaba haber visto a Medina en la tienda en el horario crítico, y a pesar de ello, decidieron no hacer nada, demostrando así que el objetivo no era hallar la verdad.

Pocos días después de la detención de Medina, el 8 de julio, Marianela declaró en el juzgado y le dijo a la Juez que le habían dicho que Raquel afirmaba haber visto a Medina en el Mercadona. Marianela no sabía a qué franja horaria se refería Raquel, pero cualquiera podía entender que tenía que tratarse de una hora crítica, ya que casi todo el mundo había visto a Medina en el supermercado esa tarde.

¿Qué hizo la Juez ante esa información decisiva? Nada. Con el sospechoso en la cárcel, no hizo nada durante más de dos meses y medio. Solo ante la insistencia de la defensa, y a finales de septiembre, se dignó por fin a permitir que la testigo hablara. Eso sí, para entonces Marianela se había puesto en formato donde dije digo, digo Diego, y comenzaron a convencerla de que tal vez no lo había visto en tal sitio, y después tal vez tampoco en este otro… Ya se sabe el resultado: de nuevo quedaba un solo testigo del paradero de Medina a las diez de la noche.

Póngase el lector en la situación de un juez y un fiscal que buscan la verdad ante todo. Hay unas pruebas de ADN confusas, pero que sirven para mandar a prisión a una persona, pese a que hay una testigo que lo sitúa en otro lugar en el momento en que se cometía el crimen. Y unos días después de enviarlo a prisión, durante los interrogatorios, un testigo ofrece información de que Raquel G está afirmando haber visto al encarcelado en su lugar de trabajo, probablemente cerca de la hora de salida. ¿Que harían ustedes? Supongo que llamarla a declarar de inmediato para aclarar el tema y encontrar la verdad, tratar de averiguar si la persona encarcelada pudo cometer el crimen. Dos testimonios, claramente independientes y no relacionados, de que Francisco Javier Medina estaba en su lugar de trabajo, habrían sido demasiado, así que se supone que era del máximo interés llamarla a prestar declaración.

Pues no. Juez y fiscalía no la llamaron, algo realmente inaudito. Lo que hicieron fue dejar pasar el tiempo mientras tenía lugar el trabajo de zapa psicológica sobre Marianela. Y resultó, porque para cuando por fin le tomaron declaración a Raquel, Marianela ya había cambiado su versión.


2ª PARTE:. EL CELOSO


Al igual que se puede afirmar que no hay contradicción en las declaraciones de Raquel sobre si vio a Medina en los momentos previos a la salida, hay que reconocer que sí la hay respecto a un tema en concreto. No sobre el carácter de su ex-novio, al que siempre ha descrito como tranquilo y nada celoso. Sin embargo, hay algunas contradicciones entre lo que refleja la segunda declaración ante la UCO, y la efectuada en el juzgado. Concretamente, ante la UCO:

… y las discusiones entre la dicente y MEDINA eran más intensas, llegando MEDINA a dar portazos y puñetazos a las paredes, rompiendo la relación· definitivamente hace 3 años.

Sin embargo, en el juzgado, negó lo anterior, reflejando únicamente que alguna vez, cuando estaban comiendo y discutiendo, Fran había dado un puñetazo en la mesa. Durante el juicio se trató de resaltar esa discrepancia, y posteriormente, desde el entorno de la acusación se le ha dado una importancia desmesurada. 

Durante el juicio, y cuando se le planteó que había declarado eso ante la UCO, Raquel pidió permiso para explicarlo. Una sorprendida y dubitativa Juez le concedió inicialmente permiso, pero la cortó de inmediato, sin siquiera dejarla terminar ni la primera frase. Dijo la Juez, para justificar dicha interrupción, que la testigo había declarado lo mismo en sede judicial que en aquella declaración ante la UCO. Se equivocaba, porque en sede judicial había negado lo dicho ante la UCO, y tan solo se había referido al puñetazo en la mesa, pero el caso es que a Raquel no se le permitió contar lo ocurrido, y la versión que quedó es que ella declaró una cosa y después se retractó.

Bueno, hemos visto en este caso retractaciones muchísimo más grandes e importantes, y cambios de versión radicales, al lado de las cuales esta parece ridícula, pero no está de más explicarla, para no dejar ni un cabo suelto.

LA DECLARACIÓN

Esa declaración de Raquel ante la UCO, el 18 de junio de 2014, fue una pesadilla para ella. Durante más de una hora le insistieron, de forma vehemente, para que describiera a Medina como una persona celosa y violenta. Como ella no lo hacía, aumento la frustración de ellos, que con no muy buenos modales le hacían multitud de preguntas, ofreciendo a veces también las respuestas. Ella estaba incómoda, nerviosa, y tan solo quería salir de allí como fuera. Sin embargo, cuando por fin le trajeron la declaración para que la firmara, pudo leer que se afirmaba que ella había dicho que cuando Medina se enfadaba, rompía paredes y puertas a puñetazos.

Pese a su estado, dijo que eso no lo firmaba, que ella no lo había dicho. Los agentes modificaron la declaración, dejando claro que no estaban nada contentos, y cuando le presentaron una declaración en la que simplemente daba puñetazos y portazos, sin romper nada, acabó firmando, pese a que la interpretación de los agentes no se correspondía con lo que ella había contado. Agobiada, decidió que era hora de finalizar aquello. No le quedó buen cuerpo por haber firmado, pero tampoco creyó que fuera tan importante. Hoy nos parece evidente el significado, pero en aquel momento nadie sabía que en unos días iban a detener a Medina.


EN RESUMEN

-Raquel no se contradijo en sus declaraciones. Simplemente, no le hicieron las preguntas apropiadas, y no fue algo casual, sino deliberado para no obtener una respuesta no deseada.

-Fue sometida a un intenso interrogatorio de una hora, en la que los mismos agentes que no tuvieron ocasión para preguntarle si había visto al sospechoso, se empeñaban una y otra vez en que describiera a su antiguo novio como celoso y violento. Ese parecía ser su único objetivo.

-No se la llamó a declarar tras la detención del sospechoso, probablemente porque sabían que iba a declarar haber visto a Medina.

-En cuanto se enteró de que decían que Medina se había marchado antes de hora del supermercado, empezó a contar, de inmediato, que lo había visto dentro a última hora.

-La Juez, pese a tener noticia de ello, decidió no llamarla a declarar hasta diez semanas después.

-Sus declaraciones coinciden y se complementan con las de Marianela.

-Cuando por fin se le preguntó correctamente, pudo responder sin problemas y de forma convincente. 


Resulta evidente el porqué de los ataques contra Raquel, y los pocos disimulados intentos para tratar de asustarla e intimidarla. Pero no es ella quien debe dar explicaciones, como hemos visto. Debe ser la UCO quien explique por qué nunca le preguntó a Raquel por el paradero de Francisco Javier Medina. Debe ser la Juez de Instrucción la que explique por qué no la llamó a declarar cuando tuvo noticia de que afirmaba haber visto a Medina.

El caso de Raquel y como se trataron sus declaraciones nos muestra perfectamente como se desarrolló la investigación y el encarcelamiento de un inocente. 

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APÉNDICE

Una muy breve introducción sobre como interpretar el formato en que se nos presentan las declaraciones policiales y judiciales. Si alguien cree que las preguntas y respuestas que constan en los documentos son transcripciones fieles de las preguntas y respuestas de testigos, acusados, detectives y abogados, se equivoca. Nunca, o casi nunca, ocurre eso.

Lo que encontramos casi siempre es la versión del redactor sobre lo que se ha preguntado y respondido. Algunas veces, las menos, el redactor utiliza un formato que trata de aproximarse al intercambio real entre interrogador e interrogado, pero habitualmente no se toma tantas molestias, reflejando la entrevista según su entender. Generalmente fusionan las respuestas a varias preguntas en una sola respuesta a una sola pregunta, que es a su vez la unión de varias preguntas o una pregunta y varias subpreguntas. 

Algunos llevan el laconismo al extremo de apenas reflejar preguntas, y ofrecer tan solo su versión de las respuestas, mientras que otros se limitan a reflejar preguntas concisas y a concentrar las respuestas. En algunas declaraciones judiciales, a continuación de un genérico A preguntas del letrado xxxx manifiesta: se puede enlazar diez o quince respuestas en un sólo párrafo, sin que se refleje ni una sola de las preguntas correspondientes.

A veces encontramos que ante una pregunta simple de un investigador el interrogado responde con una larga parrafada donde trata varios temas. En ese caso estamos ante una redactor que refleja tan solo la pregunta inicial, o una versión de ella, y omite todas las preguntas que van surgiendo, dando la falsa impresión de que el entrevistado está respondiendo por su cuenta a cuestiones que no se le han planteado. Por otra parte, hay expresiones y frases que difícilmente son utilizadas por la mayoría de los testigos, y que son la versión del redactor de lo que ha respondido el testigo, o, y esto es importante, de su interpretación personal de una o varias respuestas. Esa interpretación personal puede ser totalmente honesta y estar condicionada únicamente por la capacidad y la habilidad de la persona que la efectúa. Pero puede ser bastante tentador utilizar esa autoridad para para proporcionar cierto sesgo, un empuje direccional, a la redacción. 

Omitir ciertas preguntas realizadas, dar una versión estilizada de la, o las respuestas ofrecidas, ocultarlas incluso, … son muchas las oportunidades, y las tentaciones, para resaltar algunas preguntas o respuestas y oscurecer otras. Por otra parte, el hecho de apenas reflejar preguntas, o incluso no hacerlo, provoca que no exista una relación unívoca  entre una respuesta y su presumible pregunta. Así, para determinadas respuestas, son posibles varias preguntas, dejándonos en ocasiones con la duda de a qué pregunta ha respondido realmente un testigo. 

Hay casos donde incluso lo que parecen preguntas y respuestas reales, nos engaña. Un ejemplo:

PREGUNTADO: Si conoce los motivos por los cuales se están instruyendo las Diligencias Previas antes citadas. 
MANIFIESTA: Sí, que son con ocasión de la muerte de Miguel Ángel y su hija María. 

Aquí tenemos un modelo que intenta reflejar una estructura formal de pregunta respuesta, pero no es más que una ilusión. La misma pregunta y respuesta consta en decenas de declaraciones, y salvo que supongamos que se les hizo a todos la misma pregunta (posible) y que todos dieron exactamente la misma respuesta (imposible), tenemos que concluir que la respuesta es un modelo prefabricado que se coloca en lugar de las respuestas reales de los testigos.

Esta variedad de formatos provocan que resulte difícil interpretar correctamente una declaración sin un conocimiento adecuado del contexto, de las circunstancias del caso, e incluso de las declaraciones de otros testigos.


domingo, 30 de septiembre de 2018

El crimen de Almonte (XII): Trileros del tiempo

EL TIMING DEL CRIMEN

Entre los muchos problemas que afronta la acusación contra Francisco Javier Medina destaca el de la falta de tiempo, el fracasado intento de encajar los hechos en un intervalo temporal reducido y la vez creíble. Esa necesidad de ajustar el horario en el que fueron cometidos los crímenes tan solo surgió a partir del momento en que necesitaron acusar a Medina, ya que durante más de un año los investigadores se habían sentido cómodos datando el crimen entre las 22:00 y las 22:15, que era lo que indicaba la evidencia.

La vecina que le iba comentando en directo a su novio la pelea que estaba escuchando al otro lado de la pared, declaró de forma explícita que el incidente había comenzado a las 22:03 de la noche, teniendo como referencia la hora que indicaban los mensajes de WhatsApp que enviaba narrando lo que estaba sucediendo. Como señaló de forma acertada la defensa durante el juicio, los tiempos verbales utilizados por la testigo en esos mensajes (están peleando; gritando, ...) no dejan lugar a dudas en cuanto a que no escribía sobre algo sucedido minutos antes, sino sobre algo que estaba en marcha en ese mismo momento.

Las autopsias y los análisis a ella asociados no permiten datar una muerte con precisión de unos pocos minutos, pese a que esa creencia está bastante extendida, y muchos forenses contribuyen a ella no aclarando de forma suficiente que estimaciones corresponden exclusivamente a su pericia y las que utilizan información ajena a esta. Lo más que pueden hacer los forenses es establecer un intervalo, generalmente bastante amplio, con una hora central que puede servir como aproximación. En este caso, ningún forense puede afirmar, basándose únicamente en las autopsias, si las muertes se produjeron a las 21:00 o las 23:00. Es otro tipo de evidencia el que otorga un notable grado de precisión a la hora de inferir a que hora fueron cometidos estos crímenes.

-Los abuelos dijeron haber entregaron a la niña a su padre aproximadamente a las 21:30. Francisco C, el amigo que vio el partido con Miguel Ángel, declaró haber salido de la casa sobre las 21:45. Por otra parte, Marianela comenzó a llamar al teléfono de Miguel Ángel, sin respuesta, a las 22:18 horas. También está el hecho de que padre e hija estaban preparándose para salir a cenar y no llegaron a hacerlo.

-Los miembros de la familia ecuatoriana que escucharon la pelea desde la casa vecina situaron generalmente el comienzo de los hechos sobre las diez de la noche.

La evidencia citada sitúa la agresión aproximadamente a las diez de la noche, lo que coincide con la apreciación de la testigo que narró en directo la pelea, y con la hora que registran los mensajes a su novio. 

De un informe de la UCO sobre la testigo Dayse G:

Pudo fijar la hora a la que pudieron ocurrir los hechos narrados debido al mensaje de WhatsApp que mandó a su pareja sentimental, en el cual le comentaba los ruidos que estaba escuchando, según ella los ruidos comenzaron a las 22:03 horas y duraron entre cinco y siete minutos, no pudiendo concretar mas. Pero si antes de las 22:25 horas, ya que este es el momento en el que ella salió de su casa para ir a ver a su novio. 

La testigo señaló claramente la hora de inicio, y que estaba enviado mensajes a la vez que continuaba escuchado los ruidos de la pelea en la casa vecina. Los investigadores no dudaron de su testimonio, ni tuvieron nada que oponer al mismo… hasta que se convirtió en una molestia para sus objetivos. Parece evidente que esos mensajes de WhatsApp eran un gran estorbo para construir un caso contra Medina, ya que acotaba los sucesos aproximadamente entre las 22:03 y las 22:10, al menos, y era sabido que Marianela situaba a su novio saliendo del supermercado en ese intervalo. Resulta increíble que la Juez enviara a prisión al sospechoso con esa evidencia exculpatoria, pero fue lo que sucedió. 

Puedo transformar los minutos en segundos
A partir de ese momento comenzó un fantástico ejercicio de distorsión de la evidencia. Como los hechos no coincidían con su teoría, los investigadores de la UCO, la Juez y los fiscales decidieron cambiar los hechos en vez de la teoría. El primer paso era convencer a Marianela para que modificara su testimonio. Se concentraron en la parte más imprecisa del mismo, el momento de la salida del Mercadona. Ella había declarado muchas veces, a los investigadores, a su abogada, a sus amigas, a la Juez, ... que Medina había salido junto con ella y los demás, pero no pudo precisar su situación exacta, si iba delante o detrás, o al lado de quien iba. Algo totalmente normal y que cualquiera puede comprender, pero los investigadores se aferraron a ello y de alguna forma la persuadieron de que en realidad no lo había visto, que habría supuesto que estaba allí porque era lo que pasaba habitualmente. 

La segunda parte de lo declarado por Marianela no se podía cambiar así como así, porque en esa segunda parte sí era precisa y sí había podido situar espacial y temporalmente a su novio. Declaró de forma explícita haberlo visto fuera, en determinado lugar, y ver como subía a su coche, a la vez que la llamaba por teléfono. Como esa llamada quedó registrada a las 22:09, ese era el nuevo límite. Para la UCO iba a ser todo un desafío incrustar los hechos en un intervalo temporal tan estrecho, pero ya habían ganado algún tiempo, y sobre todo sacaban a Medina del Mercadona, algo imprescindible para intentar que su fantástica reconstrucción tuviera alguna apariencia de credibilidad.

Pero todavía quedaba lo más importante, adelantar la hora a la que finalizó el incidente. Con el sospechoso situado a las 22:09 fuera de su lugar de trabajo, a cuatro o cinco minutos en coche, al menos, de la casa de las víctimas, resultaba esencial darle tiempo para cometer el crimen.

La testigo había declarado que tras hablar por teléfono con su novio comenzó a preparase, y que al oír los ruidos empezó a enviar los mensajes. Esa llamada telefónica a su novio había terminado a las 21:52, así que los investigadores de la UCO establecieron ese instante como el primero en el que podría haberse iniciado la agresión y decidieron, de forma totalmente arbitraria y tramposa, finalizar el intervalo un minuto antes del comienzo de los mensajes. En contra de lo declarado por la testigo, sin ninguna evidencia o razón que lo justificara, decidieron que los sucesos habían finalizado a las 22:02, un minuto antes del primer mensaje de WhatsApp. 

Mediante esta astucia conseguían abrir una pequeña ventana de posibilidad para su débil teoría, un intervalo muy estrecho, pero que podían comprar periodistas poco exigentes, casi todos, que suelen aceptar de forma ciega lo que les cuentan o filtran desde la UCO. Jueces y fiscales, en el mismo barco desde el mismo momento en que se decidió ir a por Medina, lo aceptaron sin demasiados escrúpulos.

Y pese a todo, sigue resultando inverosímil. Ni con los cambios arbitrarios, ni con las interpretaciones forzadas, ni retorciendo los argumentos hasta el mismo límite de torsión, consiguen que resulte creíble su historia. Colocar en siete minutos toda la actividad que supuestamente habría realizado el asesino es una imposibilidad manifiesta a poco que se moleste uno en informarse un poco y en razonar otro poco.

El tiempo empleado en coche por los investigadores para viajar entre el lugar del crimen y el Mercadona fue de 3 minutos 59 segundos (no 3 minutos 20 segundos, como se dijo, incluido yo, de forma errónea; esos 3 minutos 20 segundos es el tiempo para la ruta inversa). Informaron que no se contaba el tiempo del semáforo que había (ya no está) cerca del lugar del crimen, que podía alargar ese tiempo hasta unos eternos 99 segundos.

No es por desconfiar de la UCO, pero preferí efectuar mi propio cálculo. Ya había realizado ese trayecto algunas veces tomando nota del tiempo, pero en esta ocasión decidí hacer algunos cambios:

1. Como no iba a poder reproducir las condiciones de ese 27 de abril, decidí eliminar cualquier interferencia y tratar de calcular el tiempo mínimo. Ya sin semáforo, los únicos retrasos podrían ser provocados por otros coches, circulando o aparcando, o por peatones cruzando. Para tratar de evitar en lo posible esas circunstancias, cronometré el viaje muy temprano por la mañana, cuando apenas había tráfico ni gente por la calle.

2. Aunque no lo explicitan, los investigadores dan a entender que iniciaron su viaje desde la puerta de la casa, algo que difícilmente habría ocurrido en la realidad. No parece muy probable que el asesino aparcara su coche justo debajo de la casa de sus víctimas. En primer lugar porque habría tenido que tener mucha suerte para encontrar aparcamiento (Mariano Olmedo afirmó que como nunca había sitio para aparcar cuando llevaban a la niña, era su mujer la que se bajaba del coche con María mientras él esperaba más adelante), y tampoco parece buena idea aparcar justo donde se va a cometer el crimen, porque alguien podía fijarse en el coche y reconocerlo. Por lo mismo, tampoco parece buena idea dejar el coche en doble fila o delante de una salida de parking. El lugar más probable y discreto, y esto se aplica fuera quien fuera el asesino, si este hubiera acudido en coche, es una zona de aparcamientos que hay unos metros más adelante de la casa de Miguel Ángel. 

El lugar donde aparqué el coche está a unos 45 metros de la casa. Me coloqué junto al portal y puse en marcha el cronómetro, a la vez que empezaba a caminar hacia el coche, a buen paso pero sin ir tan rápido como para llamar la atención. Tras entrar en el coche y salir del aparcamiento, giré a la izquierda por la calle Sacristán, girando de nuevo a la izquierda por Avenida los Cabezudos. Pasé sin detenerme por la rotonda que sustituye al semáforo que había en 2013 y continué hasta cambiar a la calle Triana. Pasé por delante de una de las puertas del Mercadona y llegué al monumento a las Yeguas, desde donde ya pude girar hacia calle la Feria. No encontré un lugar para aparcar donde Medina tenía aparcado su coche aquella noche, pero unos 15 o 20 metros más adelante, tras pasar el cruce con calle La Cierva, había bastante sitio a la izquierda, y metí el coche de cabeza, teniendo que hacer poca maniobra. En ese momento miré el cronómetro por primera vez. 4 minutos 50 segundos. Tras apagar el contacto y salir del coche me dirigí caminando rápidamente la escasa distancia hasta el esquina de calle La Cierva. Otros 14 segundos.

En total 5 minutos y 4 segundos. Estaba dispuesto a repetirlo si era necesario, pero no lo fue. No encontré ningún coche cerca que me hiciera variar la velocidad, no apareció ningún peatón cruzando un paso de peatones, no tuve que esperar en la rotonda. Hice el trayecto a buen ritmo, pero sin conducir de forma temeraria. Supongo que se pueden ganar unos cuantos segundos viajando un poco más rápido en ciertas zonas, pero no muchos, salvo que se quiera llamar la atención.

Esos 5 minutos son el lapso mínimo. A partir de ahí cualquier imprevisto suma tiempo. Estaba el irritante semáforo, que podía tener a la gente esperando más de un minuto y medio, y había bastante más tráfico del normal por ser la última sabatina. Cualquier peatón cruzando, cualquier coche en doble fila, cualquier pequeño atasco o, no digamos ya, un coche aparcando en la calle Triana, que cortaría el tráfico un buen rato. Uno, dos, tres, cuatro minutos más, dependiendo de muchos factores, a sumar a los cinco minutos mínimos.

Ese minuto y poco de diferencia entre mi cronometraje y el de los investigadores se explica por que ellos comenzaron y finalizaron dentro del vehículo, en los puntos de inicio y fin de ruta. De todos modos, el tiempo tan escaso que emplearon me hace pensar que escogieron de entre varias pruebas la que tuvo mejores condiciones, y menos interrupciones.

Sea como fuere, si restamos esos 5 minutos a las 22:09, nos da las 22:04, que es la hora a la que el asesino debería haber salido del portal. Por lo tanto, incluso en la arbitraria historia de la UCO, el acusado tan solo habría tenido dos minutos para desarrollar una gran actividad. Tras finalizar el crimen completamente empapado en sangre, a la inventada hora de las 22:02, y sin asegurar el orden:

- Se habría lavado las zapatillas y/o los bajos del pantalón en la ducha.

- Habría limpiado el cuchillo en una toalla.

- Se habría quitado los guantes, la ropa ensangrentada, y las zapatillas. 

- Se habría duchado o lavado el cuerpo o la cara, teniendo cuidado de no dejar ni una mota de sangre.

- Se habría secado con gran vigor en tres toallas de dos baños.

- Habría abierto al menos un cajón en la habitación de la niña y cogido pañuelos de papel.

- Se habría limpiado él o algún objeto con esos pañuelos de papel.

- Habría abierto un armario de un baño.

-Habría abierto una ventana y se habría asomado a observar.

-Se habría vestido con la ropa y el calzado del Mercadona, que llevaría en una bolsa tras haberse cambiado en algún lugar antes de llegar a la casa.

- Habría recogido la ropa ensangrentada, los guantes y el cuchillo y los habría introducido en una bolsa llevada al efecto, probablemente donde llevaba la ropa limpia.

- Habría vuelto a la habitación de la niña y le habría realizado varios cortes en una pierna.

- Habría efectuado una excursión a la terraza, saliendo al patio por la puerta de la cocina.

- Habría dejado el domicilio y bajado por la escalera, sin dejar ningún rastro, hasta salir a la calle.

-Otras actividades o acciones que no dejaron rastro o no se pueden deducir de otros elementos.

No parece posible que todo esto pueda ser realizado en menos de cuatro minutos (más bien algunos más), y sumando los al menos cinco minutos del viaje, tenemos un total mínimo de nueve minutos. Si preferimos el viaje de cuatro minutos cronometrado por la UCO, deberemos sumar el tiempo de ir hasta el coche, subirse, arrancar e iniciar la marcha, y posteriormente aparcar e ir hasta la esquina. Sea como fuere, un total de al menos nueve minutos, que sumados a las 22:02 nos dan las 22:11, que la hora más temprana a la que Medina, de ser el asesino, podría haber sido visto fuera del Mercadona, cuando la misma UCO admite que estaba allí a las 21:09.

Si alguien es capaz de sostener que toda esa actividad se puede efectuar en dos minutos justos, que nos explique cómo, y nos detalle las operaciones realizadas. Animo a los lectores a que expongan sus propios cálculos sobre tiempo necesario para hacer todas esas cosas.

Lo cierto es que todos estos cálculos se efectúan partiendo de las arbitrarias estimaciones de la UCO, y ni así les salen las cuentas, incluso aunque haya que suponer que el sospechoso se encontró el semáforo en verde, o que, pese a estar las calles cercanas al Mercadona llenas de fieles y turistas, ningún vehículo, ningún peatón, ningún coche aparcando, retrasaron el viaje. Por suerte para la justicia, los ciudadanos que ejercieron de jurado efectuaron sus propias estimaciones y llegaron a la única conclusión posible, que no hay manera de encajar a Medina en la hipótesis de la UCO.

La excursión a la terraza, particularmente, es un dolor de cabeza enorme para la acusación, y evitan el tema siempre que pueden. Es comprensible, porque es imposible de explicar si el asesino hubiera sido Francisco Javier Medina. Según la acusación, y pese a que pretendía tener una coartada, estaba todavía asesinando a la hora en que tendría que estar saliendo del trabajo. Y en vez de marcharse a toda prisa, cuando ya iba tarde, habría subido a la terraza de la casa. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo lo explican? No lo explican, no pueden, y por eso lo meten bajo la alfombra, a ver si pasa desapercibido, porque aparte de la falta de un motivo, no hay tiempo para esa subida.

No hay ninguna duda de que el asesino subió por las escaleras que conducen a la terraza, ya que se encontró una mancha de sangre en un azulejo de la pared de la escalera. Analizada la sangre, se descubrió que era una mezcla de padre e hija. La forma de la mancha y la altura a la que está situada indican que probablemente se produjo por roce de la parte superior del cuerpo del asesino, seguramente el antebrazo o el codo. Eso indica que llevaba una prenda manchada de sangre, y que por tanto, o no se había cambiado toda la ropa o se había manchado la ropa limpia. No dejó ninguna huella sobre los peldaños de la escalera, así que o bien se había cambiado de calzado, o bien había eliminado toda la sangre de las suelas en la ducha.

(De paso, como inciso, ¿por qué iba a lavarse el asesino los bajos de los pantalones o las zapatillas si llevaba ropa y calzado de repuesto?)

Otro problema para la acusación surge de la necesidad de que el asesino utilizara las tres toallas donde apareció el ADN. Como no se halló en ellas ni una partícula de sangre, hace necesario que el asesino tuviera un cuidado exquisito antes de utilizarlas, quitándose la ropa ensangrentada lejos de ellas para evitar salpicaduras, y lavándose de forma concienzuda al menos las manos, la cara y probablemente el pelo para eliminar toda la sangre. No hay tiempo para esa limpieza a fondo, y sobre todo, no hay motivo, cuando el asesino podría haberse llevado las toallas como hizo con el cuchillo y la ropa ensangrentada.

Notar que salvo que supongamos que el asesino se quitara la ropa con los guantes puestos (mucho más lento y difícil), se habría manchado de sangre las manos al quitarse las prendas ensangrentadas y por tanto debería habérselas lavado muy bien, a conciencia, para eliminar todo rastro de sangre.


EL TIEMPO QUE EL ASESINO PERMANECIÓ EN LA CASA

Dejemos ya de lado los insostenibles e interesados cálculos de la UCO, y veamos lo que nos depara un análisis riguroso de la evidencia disponible. En primer lugar, no hay ninguna razón para dudar del testimonio de Dayse G. de que comenzó a enviar los mensajes muy poco después de comenzar la agresión. Por supuesto, eso no implica que el incidente comenzara a las 22:02 o 22:03, tan solo que ella comenzó a oírlo en ese momento. Salvo por una frase suelta, está ausente la discusión que escuchó su hermano desde la terraza, y que de haber existido, dataría el inicio tal vez uno o dos minutos antes.

El ruido de pelea duró poco, unos minutos, tal vez de cinco a siete, calculó ella sin mucho convencimiento. Seguro que antes de las 22:25, hora a la que salió de casa. Ese margen temporal tan grande debería haber llamado más la atención, y es que ha pasado desapercibido algo en lo que coinciden ella y su hermano, que tras finalizar la pelea, y transcurrido un tiempo de silencio, volvieron a escuchar ruidos al otro lado de la pared.

Dayse declaró que minutos después de cesar el ruido en la casa vecina, y cuando tras acabar de vestirse estaba a punto de salir, o sea, cerca de las 20:25, volvió a oír a la niña diciendo papi, papi, papi, con volumen decreciente, y ruido de alguien caminando, pero como si arrastrara los pies. Por su parte, su hermano Fredy afirmó que tras dejar de oír el incidente desde la terraza, bajó a la cocina a por un vaso de agua y allí pudo oír de nuevo ruidos al otro lado, estimando que habían transcurrido unos diez minutos tras el final de la pelea.

Este doble testimonio parece indicar que el asesino permaneció un tiempo considerable en la casa tras la pelea, y no un par de minutos, como pretende por pura necesidad la acusación. 

Hay evidencia científica que apoya esa hipótesis, aunque se pasó de puntillas sobre ella, y no se le ha prestado la debida atención. 

1) En el cadáver de la pequeña María se podían observar claramente cuatro grandes heridas en el muslo derecho, las más llamativas y aparentes de las más de 100 lesiones que sufrió la niña. Son profundos tajos de varios centímetros de anchura, muy similares entre sí, y que los forenses encontraron muy significativos. La magnitud de las heridas y su forma indican que muy probablemente María ya no estaba consciente cuando fueron realizados, ya que de haberlo estado habría movido sin duda la pierna, evitando la regularidad y simetría de los cortes. Esto lo confirman los forenses al afirmar que la niña podía estar muerta o moribunda cuando sufrió esas heridas, ya que estas tenían pocos signos de vitalidad, aunque alguno tenían.

Los forenses suelen ser capaces de determinar si cuando una persona sufrió una herida estaba viva o muerta, pero no con una precisión de muy pocos minutos, porque no todos los procesos biológicos y químicos se apagan al mismo tiempo al suceder el fallecimiento. Algunos se van apagando tras el daño y la pérdida de sangre, antes de producirse la muerte, mientras que otros pueden continuar algún tiempo después de pararse el corazón. 

Además, en las cuatro heridas apenas había sangre, y tampoco a su alrededor, lo que abunda en la idea de que las heridas le fueron infligidas cuando ya el corazón no bombeaba sangre, o bombeaba tan poca que apenas sangraron. Es decir, la niña ya habría muerto, o estaría moribunda, cuando le hicieron esas heridas, pero no mucho tiempo después, ya que aunque leve, los forenses encontraron alguna reacción. En todas las demás heridas los forenses encontraron claros signos de vitalidad, lo que las separa claramente de estas cuatro. No resulta posible determinar con precisión el tiempo que separó la producción de esa cuatro heridas del resto, ni lo aventuran los forenses, pero parece evidente que no está en consideración un tiempo de dos o tres minutos, sino bastante más.

2) Los medios reprodujeron la declaración de los especialistas en criminalística sobre la sangre hallada en la cama de la niña. La sangre cubría buena parte de la mitad  superior de la colcha de la cama, indicando que allí estuvo María sangrando en algún momento de la agresión. Hasta el colchón caló una gran mancha central, casi circular, que los técnicos interpretaron correctamente como una mancha de depósito, y afirmaron que la niña estuvo un tiempo considerable sangrando y que pasó un tiempo prolongado en la cama. Creo que se puede añadir que es casi seguro que estuvo inmóvil buena parte de ese tiempo, probablemente inconsciente, si atendemos a la forma de la mancha. 

En cualquier caso, las expresiones tiempo prolongado y tiempo considerable, pese a las irritante imprecisión de los técnicos, no parecen referirse a márgenes temporales de dos o tres minutos, sino a bastante más tiempo. 

Sea el tiempo que sea, hay algo que resulta evidente, y es que el incidente de la cama no estuvo al principio ni al final de la agresión contra María, ya que la niña sufrió otra agresión posteriormente, en el suelo, donde se encontró otra gran mancha de sangre, y donde apareció el cadáver. Estas heridas que se le produjeron en el suelo, fueran las que fueran, tenían señales de vitalidad, lo que indica que fueron realizadas antes que las de la pierna. Los técnicos declararon en el juicio que en el suelo, al contrario que en la cama, hay señales de lucha, señales de que la niña se resistió, indicando que estaba viva y consciente: En el suelo sí había signos de pataleo de la niña, de más lucha.

Es decir, la pequeña María, tras ser apuñalada, estuvo un tiempo considerable sangrando en la cama, seguramente inconsciente. Posteriormente fue apuñalada de nuevo en el suelo, y más tarde, cuando probablemente acababa de fallecer, el asesino le efectuó varios cortes en una pierna. 

A diferencia de Miguel Ángel, hay indicios de que la pequeña estuvo en varios lugares de la casa durante la agresión. Hay señales suyas en la habitación donde halló la muerte su padre, y donde ella misma fue herida. Hay huellas suyas en la cocina, los dos baños (estas sin explicación) y en su propia habitación, además de en los pasillos. Dejemos de momento de lado el resto de elementos y centrémonos en los que contamos con más evidencia.

1) La niña estuvo presente en el dormitorio de matrimonio cuando su padre fue asesinado, y ella misma fue herida allí.

2) Llegó hasta su cama, donde fue apuñalada, o lo había sido anteriormente y  se tumbó y quedó inconsciente, sangrando de forma abundante durante varios minutos.

3) Fue apuñalada de nuevo en el suelo, a la entrada de su habitación, sangrando en abundancia, y allí fue donde falleció al cabo de unos minutos.

4) Al poco de su fallecimiento, el asesino le provocó varios cortes profundos en el muslo derecho.

Hellín creyó encontrar una escapatoria situando esos cortes en el muslo durante la supuesta segunda visita del asesino, argumentando igual que había hecho con el padre, que el que no hubiera huellas en la sangre que rodeaba a la niña indicaba que estaba coagulada, y que por tanto habían pasado varias horas. Pero no es posible, en las heridas había signos de vitalidad, escasos pero apreciables, lo que indica que se produjeron no mucho después de la muerte, unos pocos minutos a lo sumo.

De todos modos, nadie ha explicado de donde sale el tiempo para el prolongado sangrado en la cama y como se puede encajar eso con la tesis de que el asesino fue Francisco Javier Medina.

Se pueden efectuar distintas reconstrucciones teniendo en cuenta todos estos elementos, y otros, como el cuchillo que la niña probablemente cogió de la cocina, pero todo parece indicar que en algún momento el asesino dio por muerta a la pequeña María, que estaba probablemente inconsciente en su cama, y que se vio sorprendido cuando esta recuperó el conocimiento y estuvo a punto de escapar. Seguramente estaba aturdida y confusa, y se fue a la cocina a por un cuchillo, en vez de escapar a la calle o asomarse a la ventana para pedir auxilio. 

Sea como fuere, tenemos las declaraciones de dos testigos y dos resultados de las autopsias, en total cuatro piezas de evidencia, que indican de forma clara y consistente que el asesino tuvo que permanecer en la casa un tiempo considerable tras la agresión en que dio muerte a Miguel Ángel, no unos pocos minutos. Por contra, la tesis de la acusación implica necesariamente que el asesino tuvo que permanecer en la casa muy poco tiempo, aproximadamente un par de minutos, algo para lo que no presentan ni un solo fragmento de prueba, y que está en contradicción con toda la evidencia.

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