lunes, 27 de noviembre de 2017

El crimen de Almonte (I): Como una novela de Agatha Christie

INTRODUCCIÓN

Tras pasar más de tres años en prisión, Francisco Javier Medina fue puesto en libertad a principios de octubre de 2017. El jurado popular consideró que no era culpable de los asesinatos en 2013 de Miguel Ángel Domínguez Espinosa y la hija de este, María Domínguez Olmedo, en Almonte, provincia de Huelva. Aguardará en libertad el resultado de los recursos de la fiscalía y las acusaciones, para alegría de su familia y amigos, y desesperación de los de las víctimas.  

El veredicto del jurado me sorprendió de forma notable. Tengo que reconocer que apenas había prestado atención al juicio, sobre todo porque en la prensa se presentaba como un caso bastante claro, y los jurados suelen aceptar con bastante facilidad las opiniones de la autoridad. Pero si sorpresa me provocó el veredicto, más sorpresa me llevé al estudiar la escasa información que ha ido apareciendo en los medios de comunicación. Los investigadores, y tras ellos la juez de instrucción y el fiscal, han acusado a Francisco Javier Medina de haber preparado un minucioso y astuto plan para cometer un asesinato y salir bien librado, y de sus afirmaciones se desprende que no lo logró por muy poco, y que de no ser por un pequeño error, podría haber cometido el crimen perfecto.

Ese elaborado proyecto criminal, que parece más propio de una novela de Agatha Christie que de un crimen real, no aguanta ni siquiera un escrutinio de mediana intensidad, y me temo que todos los que lo defienden o aceptan son víctimas de una especie de ilusión colectiva. Investigadores, juez de instrucción y fiscalía, acusaciones, familia de las víctimas, y buena parte de prensa y público, todos parecen haber renunciado al análisis crítico y han aceptado, en muchos casos creo que de forma ciega, la historia que algunos de ellos han desarrollado. El plan que habría diseñado Medina para cometer el crimen, que nunca se nos muestra al completo, guarda bastante parecido con los que aparecen en las novelas policíacas, y comparte con ellos dos características: la inconsistencia lógica y la capacidad para, a pesar de ello, convencer al público de que son coherentes.

AGATHA CHRISTIE

Las ingeniosas soluciones que ofrecen Hércules Poirot o Miss Marple al final de las novelas de la afamada escritora británica han cautivado a decenas de millones de lectores de todo el mundo durante casi un siglo. También ha tenido Christie su ración de críticos, a los que no les gusta su estilo, o su tratamiento de los personajes, o su conservadurismo. Pero hay un tipo de crítica muy especial, que es el que nos interesa aquí, y que se refiere a la consistencia lógica de sus tramas, o más bien, a su falta de ella. Los planes de los asesinos, esos que nos descubren al final los detectives, no aguantan generalmente un análisis cuidadoso, y en algunas ocasiones son tan manifiestamente absurdos que resulta difícil entender que los lectores no se den cuenta de ello.

Hay que reconocer que esos críticos están en lo cierto, pero lo que no parecen comprender es donde reside la magia de las novelas de Agatha Christie, que es precisamente en conseguir que sus lectores acepten historias inconsistentes. La escritora guía a sus lectores, los envuelve en sus intrigas, insinuaciones y trucos, y consigue que bajen sus defensas, entren en el relato y acaben aceptando de forma acrítica lo que se les presenta. Se puede ser consciente de la falta de consistencia de la trama y a la vez disfrutar de una novela de Agatha Christie, igual que se disfruta del espectáculo de un ilusionista, aunque se sepa que en realidad no está cortando a su ayudante por la mitad.

Cuando en las novelas se explica finalmente el plan criminal, su principal defecto suele consistir en que hay demasiadas partes del ese plan que se suponen bajo algún tipo de control por parte del criminal, cuando resulta evidente que no lo pueden estar. Un asesino no puede controlar que alguien escuche tras una puerta unos segundos determinados, ni más ni menos que los necesarios para su plan. Ni saber que tan solo tendrá con él un testigo cuando se descubra un crimen, y que podrá arreglárselas para deshacerse de él y quedarse solo en el lugar. Tampoco puede controlar lo que estará haciendo la víctima, si estará sentado en determinada posición escribiendo una carta, o si estará convenientemente solo, en vez de acompañado por familiares o empleados. 

Un criminal no puede saber como reaccionaran las personas que encuentran un cadáver, ni si obedecerán sus instrucciones y se marcharán a pedir ayuda cuando él se lo solicite, o por el contrario sufrirán un ataque de nervios. Del mismo modo, no puede conseguir que en un lugar público estén, en el momento culminante, justo las personas que necesita para su plan, y que estarán situadas en la posición adecuada. 

Todas estas situaciones y muchas similares aparecen de forma recurrente en las novelas de Agatha Christie, y nos muestran a asesinos con una capacidad casi sobrenatural para controlar el entorno. Ese poder es una transferencia del autor a sus personajes. Un escritor tiene un control absoluto sobre todos los elementos de su obra, con una capacidad casi divina para crear y destruir, situar, colocar y reordenar, y a veces traslada a sus personajes, probablemente de forma inadvertida, parte de esa aptitud. A diferencia de los personajes de novela, la capacidad de los asesinos reales para controlar su entorno suele ser bastante limitada, y por eso tratan de minimizar la exposición a situaciones que no pueden controlar.  

El Francisco Javier Medina que nos presentan parece uno de los criminales de ese tipo de novelas, y su supuesto plan para cometer el doble asesinato guarda similitudes con los que discurría la escritora, con las mismas incoherencias,  incluso más, ya que Christie estaba obligada a presentar el plan completo al final de sus novelas, y tenía que pulir las inconsistencias más burdas para tratar de contentar a sus lectores más exigentes. Veremos al final un ejemplo.

Los que han imaginado el supuesto plan de Medina, probablemente investigadores de la UCO, por contra, no han necesitado nunca presentarlo de forma completa y detallada, ya que quienes podrían exigirlo no lo han hecho, y se han conformado con versiones parciales. De esa forma, el evidente absurdo del plan de asesinato que le han asignado a Juan Francisco Medina ha quedado oculto por un manto de retórica, supuestas pruebas incontrovertibles y testimonios dudosos. Se ha logrado, al modo de la brillante escritora, que juez, fiscal, familia de las víctimas, y buena parte de prensa y público, acepten una supuesta trama criminal que resulta manifiestamente imposible.


María, Marianela y Miguel Ángel

LOS CRÍMENES

Francisco Javier Medina
Miguel Ángel Domínguez Espinosa, de 39 años, y su hija María Domínguez Olmedo, de 8, fueron asesinados el sábado 27 de abril de 2013, aunque el doble crimen no se descubrió hasta el mediodía del lunes 29. Padre e hija vivían solos en el domicilio familiar, el número 3 de Avenida de los Reyes, desde el 8 de abril, menos de tres semanas antes de los asesinatos. En esa fecha la madre de la niña, Marianela Olmedo, había dejado el domicilio conyugal definitivamente, y se había marchado inicialmente con sus padres, y desde hacía unos días a un piso de alquiler. Tras varios años problemáticos, la ruptura entre Miguel Ángel y Marianela parecía definitiva, y ella había optado por regresar con Francisco Javier Medina, con quien mantenía una relación, oculta inicialmente, visible más tarde, desde hacía varios años. 


La pequeña María había pasado la víspera del crimen, el viernes 26, con sus abuelos paternos, y el sábado 27 era el turno de los abuelos maternos. Ese día en Almonte se celebraba la última sabatina antes del traslado de la Virgen del Rocío, y había un ambiente festivo, con bastantes fieles, caballistas y turistas. Miguel Ángel había quedado ese día con cuatro compañeros de trabajo para comer en un restaurante, mientras que Marianela y Francisco Javier trabajaban en el turno de tarde del Mercadona, de 15:00 a 22:00. Tras finalizar la comida, los amigos tomaron un par de copas en una cafetería cercana y se fueron despidiendo. Miguel Ángel, que era un gran aficionado al fútbol, invitó a uno de ellos a su casa a ver el partido entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, que comenzaba a las 20:00.

Vivienda de Domínguez, lugar del  crimen
Escalera de acceso
Los abuelos maternos declararon que le llevaron a la niña a su padre, como estaba previsto, sobre las 21:30 horas, y que se la entregaron a Miguel Ángel en la escalera, sin llegar a entrar al piso. A la casa de las víctimas se entra por un portal que da acceso a una única vivienda, a la que se sube por una empinada escalera. La niña llevaba consigo un vestido rosa que pretendía ponerse para salir a cenar con su padre a una pizzeria, como al parecer tenían planeado. El amigo que estaba viendo el partido con Miguel Ángel declaró que al ver que iban a prepararse para salir, y para no molestar, decidió marcharse, aunque quedaban todavía 5 minutos para acabar el encuentro. Se fue sobre las 21:40 o 21:45, según calculó la policía.



Ya no hubo más noticias de padre e hija. Marianela llamó esa noche varias veces al móvil de Miguel Ángel, desde las 22:18 hasta pasada la medianoche, sin obtener respuesta. Al día siguiente, cuando ya el teléfono devolvía el mensaje de apagado o fuera de cobertura, se acercó al lugar y vio que una de las ventanas estaba abierta. Dijo que apretó el timbre y que llamó a su hija a voces desde la acera, sin respuesta. Abrió el portal, pero decidió no subir, y dejó un paraguas y unos calcetines para la niña en el rellano de la escalera. El lunes, ante la falta de noticias, Marianela acudió a casa de sus suegros, por si habían decidido quedarse allí, y cuando no los encontró, llamó a sus padres y les pidió que fueran hasta la casa a comprobar que todo estaba en orden.

Dormitorio de Miguel Ángel
El señor Mariano Olmedo acudió, acompañado de su esposa, al domicilio de su yerno y su nieta. Abrió con su llave la puerta del portal y comenzó a subir la empinada escalera, mientras su mujer esperaba abajo. Cuando iba por la mitad pudo observar que la puerta de acceso al domicilio estaba abierta, y tuvo la sensación de que algo iba muy mal, ya que esa puerta siempre estaba cerrada. Nada más asomarse a la entrada tuvo la certeza de que algo terrible había ocurrido ya que todo el pasillo estaba lleno de sangre. En el dormitorio principal encontró a Miguel Ángel en el suelo, desnudo y boca abajo, evidentemente muerto, rodeado de un gran charco de sangre coagulada. Aturdido, buscó de inmediato a su nieta, y encontró a la pequeña María en la entrada de su habitación, bajo una sábana, también muerta. Roto de dolor, bajó las escaleras gritándole a su mujer que Miguel Ángel había matado a su hija y se había suicidado.

Pasillo de acceso al dormitorio
Las muertes de niños a manos de sus padres, con o sin suicidio, habían tenido bastante protagonismo en los medios en los últimos años, y el señor Olmedo sabía que Miguel Ángel estaba en tratamiento contra la depresión, así que se dejó llevar por su primera impresión y cometió un error de apreciación que se extendió durante las primeras horas por el pueblo. Es posible que las primeras personas en llegar al lugar no guardaran todo el cuidado debido suponiendo que estaban ante un caso ya cerrado. Sin embargo, los detectives pronto comenzaron a sospechar lo que la autopsia confirmó poco después, que Miguel Ángel Domínguez no era un asesino, sino una víctima.

Ambos, padre e hija, habían sido apuñalados hasta la muerte, con gran violencia. En el cadáver de Miguel Ángel se contaron 47 heridas: 15 inciso penetrantes, 16 cortes de distinta consideración, 12 de carácter erosivo y 4 contusiones. Tenía las manos destrozadas con heridas defensivas, y como estaba desnudo, los investigadores dedujeron que fue sorprendido por el asesino al salir de la ducha del baño del pasillo, que allí comenzó la agresión y que continuó en el pasillo que lleva al dormitorio, y finalmente en este, donde fue hallado el cuerpo.


Plano del lugar del crimen

La niña había recibido 104 heridas, aunque tan solo algunas eran mortales o graves, y la mayoría eran poco profundas, lo que no tenía fácil explicación. Llevaba una camiseta y unas bragas, y se conjeturó que la agresión comenzó cuando se estaba vistiendo para salir. El asesino la tapó con una manta, lo que indica, según los investigadores, que la niña conocía al asesino, y que este sintió remordimiento o vergüenza, y para evitar ver el rostro de la pequeña, la tapó.

Ese tipo de análisis quedan muy bien en la prensa, y pueden tener alguna conexión con la realidad, pero son muy peligrosos, y pueden llevar a conclusiones aventuradas y poco rigurosas. Por ejemplo, los investigadores clasifican el crimen como pasional, a partir de elementos como el número de heridas, o que Miguel Ángel tuviera dos heridas en la espalda, dos líneas que se cruzan formando una X, realizadas cuando el cuerpo estaba inmóvil, y que serían una señal de victoria, de dominio. Pero la pequeña María tenía más del doble de heridas que su padre, y no parece extraerse ninguna conclusión a partir de ello en cuanto a la naturaleza pasional del crimen. La niña tenía, asimismo, tres heridas en un muslo similares a las de su padre, realizadas cuando estaba inmóvil, pero en este caso no se cruzan, y van paralelas. A esas heridas, a diferencia de las de su padre, no se les asignó ningún significado. En cualquier caso, no había ningún indicio de agresión sexual, y el robo tampoco parecía haber sido el motivo.  

El arma del crimen no fue hallada, pero por el tamaño de las heridas se concluyó que debía tener aproximadamente 1,7 centímetros de anchura y entre 15 y 20 de longitud. Se encontraron muchas pisadas del calzado del criminal, que fueron identificadas como pertenecientes a unas zapatillas Nike entre el 44 y el 45, y que parecían haber sido limpiadas en la alfombrilla de uno de los baños, donde se halló también una pequeña muestra de ADN desconocido. En uno los baños también se encontró una toalla ensangrentada y manchas que indicaban que en ella se había limpiado el arma del crimen. En esa toalla se encontró un pelo no identificado. Salvo esos pocos elementos, apenas había restos en las zonas donde Miguel Ángel trataba de defenderse de su atacante, lo que hizo pensar a los detectives que el asesino iba perfectamente preparado, con guantes para no dejar huellas y capucha para no dejar pelos.

Con el estudio detenido de las manchas de sangre y todos los elementos, los investigadores conjeturaron que padre e hija estaban preparándose para salir a cenar. La niña estaba cambiándose de ropa, y su padre en la ducha, aunque no está claro si estaba duchándose, estaba saliendo ya o estaba entrando. El hecho es que algo lo hizo salir rápidamente del baño, desnudo y descalzo, posiblemente algún grito o aviso de su hija, y que se encontró de frente con su asesino, que le atacó con gran violencia.

Uno de los baños, con la toalla ensangrentada

Se encontraron restos de sangre y pisadas de la pequeña María en distintos lugares, y eso, junto con el gran número de heridas poco profundas (hubo debate entre los forenses respecto a su posible significado) que tenía la niña hizo sospechar a algunos que mientras el asesino apuñalaba a Miguel Angel,  María se entrometía, y él trataba de alejarla con pinchazos. Sea como fuere, en algún momento la niña escapó, ya herida, de la habitación donde el asesino estaba apuñalando a su padre, pero en vez de huir hacia la calle, se dirigió a la cocina y tras coger un cuchillo fue a tratar de esconderse en su habitación. Allí la encontró el asesino, y después de quitarle el cuchillo, que cayó bajo un mueble, la apuñaló sobre la cama y siguió haciéndolo tras bajarla al suelo. Finalmente, la tapó con una manta. 

Como no apareció ninguna mancha de sangre en la escalera que bajaba al portal, los investigadores suponían que podría haber llevado calzado y ropa de repuesto. Dejó la puerta de la casa abierta, pero cerrada la del portal. En cuanto a como habría entrado, el amigo de Miguel Angel que se había ido poco antes del crimen no recordaba si había dejado entornada la puerta de arriba, pero estaba seguro de haber cerrado la del portal. Esta no estaba forzada, ni se podía abrir con facilidad con tarjetas, radiografías o similares (no era imposible), así que o bien el asesino llevaba una llave, o le habían abierto la puerta desde dentro.

La investigación fue difícil. El primer sospechoso fue el compañero que había estado con él viendo el partido, pero la Guardia Civil lo acabó descartando. Aparte de la falta de motivo, estudiaron sus movimientos y sus llamadas de teléfono y parece que quedaron satisfechos. También se consideró a los otros amigos que habían comido con Miguel Angel, al dueño del pub que había bajo la casa, con el que al parecer estaba enfrentado por problemas de ruidos, y a otros. Un rumano al que la víctima había sorprendido robando en el Mercadona y que le había amenazado, también fue investigado y descartado, así como un marroquí al que habían atendido esa noche de un corte en una mano.

Se cuenta que Miguel Angel podría haber mantenido relaciones con tres mujeres del pueblo en las temporadas en las que estaba separado de Marianela, pero sea cierto o no, parece ser que los investigadores no encontraron nada sospechoso en esa pista. De hecho, se sorprendieron de que no tuviera enemigos, que ninguna de las personas a las que entrevistaron tuviera nada malo que contar de él.

Aunque fueron remisos a la hora de contarlo, los vecinos de Miguel Angel, una familia ecuatoriana que vivía en la casa de al lado, habían escuchado la pelea. Parece ser que el hijo estaba en la terraza, escuchando música y hablando por teléfono, y antes de las 10 de la noche oyó una fuerte discusión entre dos hombres con acento de Almonte, y pudo escuchar frases sueltas, tales como ¿qué haces aquí?, o tal vez, fuera de aquí;gilipollas; me tienes harto. También escuchó fuerte ruidos, pero toda la situación no duró más de uno o dos minutos, y por eso no se alarmó.

Su hermana, que se estaba vistiendo en su habitación, intercambió mensajes de WhatsApp con su novio sobre el tema:

-Qué miedo, niño. Están peleando al lado mía.
-¿Miedo qué?
-Una niña gritando. Qué susto.

A ella le dio la impresión de que era una pelea de pareja, aunque lo cierto es que no identificó ninguna voz de mujer. Los mensajes de WhatsApp fueron enviados entre las 22:03 y 22:04, y los agentes calcularon que la pelea podría haber finalizado a las 22:02. Por su parte, gracias a la hora de la llamada del hermano, se calculó que el incidente había comenzado a las 21:52. El padre de los dos jóvenes también escuchó el incidente, que situó más tarde de las 22:00 horas, aunque en su caso no había llamadas para acotar con precisión el tiempo. A él también le dio la impresión de que era una pelea familiar, y cuando terminó pudo escuchar ruidos de alguien moviéndose por la casa y un ruido de agua, que en el juicio identificó como el de una cisterna.

Medina, a las 9 de la noche
Teniendo en cuenta que los investigadores consideraban el crimen como pasional, y dado que Miguel Angel no tenía enemigos, dos sospechosos evidentes fueron Francisco Javier Medina, el novio de Marianela, y la misma Marianela. Ella aparecía en las cámaras saliendo del supermercado a las 22:06, lo que hacía imposible que hubiera participado físicamente en el crimen, aunque podía haberlo hecho como instigadora o en complicidad con otra persona. Aunque Medina no aparecía en las cámaras después de las 9 de la noche, la misma Marianela y otros empleados señalaban que había salido del trabajo con los demás o que lo habían visto minutos antes de salir. Colaboró siempre con los investigadores, como reconocieron estos, y no se hallaron rastros de su presencia en el lugar del crimen, y calzaba un 42, no un 44 o más. Eso dejaba el crimen sin sospechosos claros. 

Sin embargo, varios meses después de los hechos, en septiembre de 2013, los investigadores volvieron a hablar con los empleados del Mercadona, y una de las trabajadoras dijo a los investigadores que su marido le había contado que había visto a Francisco Javier Medina fuera del supermercado ese sábado por la tarde, antes del cierre, y que no estaba repartiendo con la furgoneta (tarea que realizaba a veces) sino que iba con su coche particular y en ropa de calle. Los agentes entrevistaron al marido, así como a un amigo que iba con él ese día (ambos iban a caballo, celebrando la fiesta), y aunque el testimonio de los dos hombres tenía partes muy problemáticas, comparándolo con los testimonios de otros que se habían reunido con ellos y con llamadas hechas por estos últimos, creyeron poder ensamblarlo de tal manera que parecía indicar que habían visto al sospechoso entre las 21:00 y las 21:15 de ese sábado. 

Medina negó que hubiera salido, salvo que hubiera sido para un reparto, pero nunca con su coche o en ropa de calle. Pero la revisión de la cámaras indicaba que la última vez que se le podía situar dentro del supermercado era a las 21:01, dejándolo sin pruebas de su presencia el lugar durante más de una hora. En resumen, unos testigos lo situaban fuera de su lugar de trabajo antes del cierre, indicando que había mentido, y además, las cámaras no le proporcionaban una coartada. Marianela dijo haberlo visto durante esa última hora, y también su exnovia, pero otros muchos compañeros no lo recordaban, y nadie se acordaba de haber salido junto a él. Hay que señalar que parece ser que inicialmente tan solo se les preguntó a los responsables del supermercado por las horas de salida, y no se preguntó a los demás empleados hasta mucho más tarde.

Marianela, que dijo haberlo visto dentro del Mercadona, reconoció que no lo vio salir, y que lo vio ya fuera, junto a su coche, o dentro de este,  cuando ella iba a recoger el suyo. Durante años habían salido por separado, simulando seguir cada uno su camino, para encontrarse más tarde, y pese a que ahora ya todo el mundo sabía de su relación, lo seguían haciendo. Poco después de salir cada uno en su coche, Medina llamó a Marianela para hablar de lo que harían esa noche. La llamada tuvo lugar a las 22:09, y como Marianela había sido grabada a las 22:06 recogiendo unas bolsas y dirigiéndose a la salida, tuvo que ver a Medina fuera no más tarde de las 22:07 horas.

Los investigadores comenzaron a plantearse que Francisco Javier podría haberse escapado del trabajo y cometido los asesinatos en ese tiempo, regresando más tarde para dejarse ver y dar la impresión de que había estado allí todo el rato y que acababa de salir, consiguiendo una coartada de acero. Pero todo esto eran poco más que suposiciones. Los testimonios que lo situaban fuera del Mercadona tenían muchos problemas, y también el timing del supuesto plan, que resultaba muy forzado. Todo era un conjetura, y no había ni una sola prueba o indicio de que Medina hubiera estado en el lugar del crimen, así que no se le podía acusar de nada. Sin embargo, por razones desconocidas, la juez de instrucción no se quedó conforme con los resultados del Laboratorio de criminalística de la Guardia Civil (L.C.G.C a partir de ahora), y en octubre de 2013 ordenó que muchas de las pruebas fueran remitidas al Instituto Nacional de Toxicología (I.N.T a partir de ahora) para que allí realizaran nuevos análisis.

En la casa se habían hallado pocos indicios de personas ajenas. Fueron encontrados en distintos lugares ocho pelos que no se pudieron identificar, uno de ellos en la la toalla ensangrentada, y también se halló una pequeña muestra de ADN desconocido en el alfombrilla donde se encontraron rastros de sangre. En el marco de la puerta de acceso al domicilio había una huella dactilar desconocida, y otra en la hucha de la niña, encontrada a medio abrir, sin que, al parecer, se notara falta de dinero. Pero no había ningún rastro de Francisco Javier Medina.

En los dos baños, además de la toalla en la que se habían limpiado el cuchillo, había otras tres toallas limpias, sin ningún rastro de sangre. Esas tres toallas no habían sido recogidas durante la primera inspección ocular, sino que fueron procesadas en una inspección posterior. El análisis del L.C.G.C había encontrado en esas toallas rastros de ADN de Miguel Angel, María y Marianela, pero ninguno más. Sin embargo, el análisis efectuado por el I.N.T, cuyo informe se presentó el 8 de mayo de 2014, encontró, además de los citados, rastros de ADN de Francisco Javier Medina en las tres toallas.

Como este siempre ha declarado que hacía al menos tres años que no pisaba esa casa, los rastros de ADN se convertían en una prueba de cargo importante. En junio de 2014, más de un año después de los crímenes, Francisco Javier Medina fue detenido y acusado del asesinato de Miguel Angel y María. Pasó casi tres años y medio en prisión en espera de juicio. Aunque inicialmente Marianela le defendió y negó que hubiera participado en los crímenes, unas semanas después, y tras un insistente ejercicio de persuasión, se logró que cambiara de opinión.


PROBLEMAS

Miguel Angel Domínguez y Marianela Olmedo comenzaron a salir en 1995 y finalmente se casaron en el año 2001. En 2005 nació María, su única hija, y todo parecía ir bien en el matrimonio. Los dos trabajaban en el Mercadona de Almonte y parecían felices. Francisco Javier y Raquel eran dos novios que también trabajaban en el supermercado, y que salían a veces con Miguel Angel y Marianela. Francisco Javier Medina, de 31 años, era un atractivo chico que empezó a tontear con Marianela, y a esta no parecía molestarle: Mi relación con Migue era una relación de muchos años que se fue enfriando. Y llegó este hombre y... Me decía cosas que Miguel Ángel no me decía ya. Que si era la mujer más guapa que había. Empezaron una relación en 2009, clandestina al principio, hasta que finalmente la novia de Francisco Javier lo descubrió, en 2010, y Miguel Angel también acabó por enterarse. 

Los afectados se lo tomaron con resignación y contención, teniendo en cuenta que los cuatro seguían trabajando en el mismo lugar. Raquel intentó salvar la relación con su novio, y Miguel Angel trató de que su mujer volviera con él. Estaba enamorado de ella, y le preocupaba también la pequeña María. Su relación con Medina siguió siendo correcta, y nadie los vio discutir nunca ni hubo desplantes o malos gestos. La procesión iría por dentro, y Miguel Angel comenzó a visitar a un psiquiatra, y a recibir tratamiento contra la depresión. La relación entre Marianela y Raquel era más tensa, según testimonio de sus compañeros de trabajo. Raquel se quejaba de que Marianela la picaba y la buscaba con frecuencia, e incluso llegó a solicitar el traslado a otro supermercado.

Comenzó así un periodo de dos años con idas y venidas, en el que Marianela y Francisco Javier rompían, volvían a relacionarse de forma clandestina, después de forma más o menos abierta, y volvían a romper. Finalmente, en 2012, la relación entre Raquel y Francisco Javier Medina se rompió definitivamente, y este comenzó a presionar a Marianela para dejara de una vez a Miguel Angel y se convirtieran en pareja oficial. Ella se resistía, dudaba, sobre todo por la niña. Tras una primera separación, incluso con abogados por medio, hizo un último intento de arreglar la situación, y regresó con su esposo y la niña al domicilio familiar. Pero el intento de arreglo no duró mucho, y un par de meses después, el 8 de abril, Marianela dejó a su esposo y se fue en busca de Medina para retomar su relación. Faltaban menos de tres semanas para el crimen.

Marianela se fue durante unos días a vivir con sus padres y poco después alquiló un piso, en el que se reunía con Francisco Javier, aunque este seguía viviendo en casa de sus padres. Todavía no se habían deshecho de sus costumbres de la época de relación clandestina y al salir del trabajo simulaban separarse y marcharse cada uno por su lado, para acabar reuniéndose más tarde. La relación entre Miguel Angel y Marianela, por el contrario, llevaba rumbo de colisión. Ella seguía entrando en la casa, llevando ropa para la niña, o haciendo algunas tareas, cosa que no gustaba en absoluto a Medina, pero había iniciado los trámites de separación, y Miguel Angel se indignó cuando vio lo que ella reclamaba: la casa, la custodia de la niña, y que le pasara una pensión. Él iba a pelear por su casa y por su hija, consideraba que no había hecho nada malo, y que no era justo lo que ella quería. La niña, con quien mantenía una excelente relación, continuaba viviendo con él, aunque con frecuencia pasaba el día con su madre o con sus abuelos paternos y maternos.

Y esa era la situación cuando llegó el sábado 27 de abril, última sabatina, con Almonte lleno de turistas y fieles y un ambiente festivo. Esa noche, según declaró Medina, salió de trabajar junto al resto de compañeros, sobre las 22:05, y se dirigió en su coche a la casa de sus padres, donde residía, mientras mantenía una conversación telefónica con Marianela y otra con el encargado del supermercado. Llegó sobre las 22:15 horas, y fue visto por una vecina. Tras ducharse y vestirse, salió de casa y compró la cena (caracoles y hallullas) en un bar, sacó una película de un videoclub, y se fue al piso que Marianela tenía alquilado. Allí cenaron, pero no pudieron ver la película (El Príncipe de Persia) porque el vídeo estaba estropeado. A la mañana siguiente, a las 8, se levantó y se marchó a su casa, donde se volvió a acostar, para levantarse al mediodía e ir a recoger a Marianela de nuevo.


EL CASO CONTRA MEDINA

Pese a la aparente fortaleza del caso contra Medina, este tenía tantas debilidades que el principal objetivo de los investigadores, al que se dedicaron con empeño, fue el de atraer a Marianela Olmedo a su campo. Si Marianela les era hostil, o incluso si dudaba o vacilaba, toda la acusación quedaría comprometida.

El caso que se fue construyendo contra el detenido durante más de tres años, y que finalmente llegó a juicio, no era fácil, pese al ADN hallado en las toallas. Medina insistía en que no había estado en la casa recientemente, y no era posible que ADN dejado allí de forma casual varios años atrás hubiera soportado varios lavados y el paso del tiempo. Marianela declaró que justo antes de irse del domicilio, el 8 de abril, había lavado y dejado limpias esas toallas, lo que no era una buena noticia para el acusado. La prueba parecía indicar que Medina había dejado su ADN en las toallas en fechas muy cercanas a los crímenes, y podía plantearse que lo había hecho al cometer estos. Pero había un problema con la hora en que supuestamente habían tenido lugar los crímenes.

Pese a que los asesinatos no se descubrieron hasta dos días después de haber sido cometidos, los investigadores pudieron ajustar bastante el momento en que habían tenido lugar. La niña había sido llevada por sus abuelos a las 21:30, y ellos y el amigo que estaba con Miguel Angel declararon que la intención de padre e hija era salir a cenar a un pizzería, para lo que iban a prepararse. El amigo se marchó sobre las 21:40 o 21:45, y se sabe que María y Miguel Angel no llegaron a salir a cenar, ni siquiera acabaron de prepararse, por lo que los asesinatos tuvieron que cometerse muy poco después, unos minutos como mucho.

Las llamadas de teléfono y mensajes de WhatsApp de los vecinos que habían escuchado el incidente ayudaron a los investigadores a calcular con bastante precisión que la agresión había comenzado sobre las 21:52 y había finalizado sobre las 22:02. Esta última hora era bastante problemática, ya que los trabajadores del Mercadona había salido esa noche aproximadamente a las 22:05 de su trabajo, lo que hacía imposible la participación de cualquiera de ellos en el crimen. De hecho, Francisco Javier Medina había sido descartado inicialmente por los investigadores por esa razón.

Otra prueba crítica contra el acusado era el testimonio de los dos caballistas que afirmaron haberlo visto esa tarde fuera del Mercadona, cuando él negaba haber salido. La declaración de esos dos hombres demostraría que Medina había mentido, pero sobre todo, que no tenía coartada. Pero el testimonio de los dos amigos tenía problemas muy graves, y la acusación tuvo que realizar un verdadero trabajo de bricolaje para que sus declaraciones encajaran con lo que necesitaban. Cortaron, pegaron, buscaron llamadas de terceros, y al final lograron presentar una historia bastante inconsistente, pero que podía funcionar ante el jurado.

Tal vez podían situar al acusado fuera de su trabajo antes de finalizar su jornada, y en momentos cercanos al del crimen, pero las horas seguían siendo un quebradero de cabeza. Los agentes sabían que Medina estaba fuera del Mercadona no más tarde de las 22:07, ya que fue visto allí por Marianela, y una grabación de esta a las 22:06 y una llamada entre ambos a las 22:09 certificaba ese hecho con mucha precisión. Como el crimen seguía en marcha, como muy pronto a las 22:02, eso dejaba, como máximo, 5 minutos para que Medina, tras cometer los asesinatos, limpiara el cuchillo con una toalla y las zapatillas con una alfombrilla; se quitara la ropa ensangrentada; se lavara y se secara con tres toallas de dos baños distintos; se quitara las zapatillas manchadas de sangre; se cambiara de ropa y calzado; lo recogiera todo; se fuera a buscar su coche a donde lo tuviera aparcado; y condujera de vuelta hasta el Mercadona. 

Al parecer la Guardia Civil calculó un trayecto de 3 minutos 20 segundos para el recorrido, pero seguramente serían más, sobre todo porque aquella noche, como certificó la jefa de la Policía Local de Almonte, había más tráfico que de costumbre. Probablemente llevaría 4 o 5 minutos, o tal vez más. Pero incluso sin esa consideración, parece difícil concentrar toda esa actividad restante en uno o dos minutos. Además, hay que obviar una serie de elementos que pueden ser muy importantes. Por ejemplo, en la ruta más corta entre la casa de Miguel Angel y el Mercadona hay una cámara que registra el paso de los vehículos, y la Guardia Civil descubrió que no había registrado el paso del coche de Medina. El informe del perito Juan Hellín, en el que se apoyó la acusación, propone todavía más actividades del asesino en la casa, por ejemplo, una subida a la terraza, totalmente ausente de la narración de los investigadores. Por más que se intentara convencer de que era posible hacerlo todo en el tiempo necesario, iba a resultar difícil conseguirlo. Parece difícil creer que toda esa actividad realizada tras el crimen llevara menos de diez minutos, y probablemente seria más.

Según la UCO, Francisco Javier Medina había planeado matar a Miguel Angel Domínguez, y para ello decidió prepararse llevando ropa y calzado de repuesto en alguna bolsa o mochila, que tendría en el coche. Se escabulló del Mercadona sin que nadie lo notara, con la idea de regresar en el último momento y simular que acababa de salir, con la intención de obtener una coartada. En algún lugar se puso una prenda con capucha, para no dejar pelos, unos guantes para no dejar huellas, calzado dos o tres números más grandes para despistar a los investigadores, y portaba un gran cuchillo, que iba a ser el arma del crimen. Posiblemente llevaba una llave de la casa, que le habría cogido a Marianela, o tal vez había realizado un duplicado días antes. Incluso, conjeturaron los investigadores, pudo tocar al timbre y tal vez la pequeña María le abrió porque le conocía. 

Cometió el crimen con gran ferocidad y rapidez, y tras cambiarse y recogerlo todo, regresó rápidamente a la calle donde aparcaban sus coches los empleados, justo a tiempo para ser visto por Marianela al salir del trabajo. Después, en algún momento de esa noche, o a la mañana siguiente, se desharía del arma del crimen y de la ropa manchada de sangre. Todo habría estado perfectamente planeado, y su único error habría sido secarse (el sudor, o quizás tras lavarse) con tres toallas de dos baños, y dejarlas allí, perfectamente colocadas… y con su ADN.


LOS TRES PILARES

Sin arma del crimen, ni testigos, ni ropa manchada de sangre, el caso que se presentó finalmente contra el acusado estaba basado en tres elementos: el motivo, la oportunidad y el ADN. Era vital la colaboración de Marianela, y sin ella poco se podría hacer. Resultaba indispensable para establecer un motivo, muy importante para mostrar que había oportunidad, e incluso necesaria para establecer la solidez de la prueba del ADN. Como al poco de ser detenido Medina ella seguía insistiendo en su inocencia, todo el caso pendía de un hilo. Sin su ayuda, no habría móvil para el crimen, y Marianela proporcionaba buena parte de la coartada del detenido, así que todo el caso pivotó sobre una tarea bastante delicada, la de convencer a una mujer emocionalmente destruida de que la persona sobre la que se había apoyado durante el último año era en realidad el asesino de su hija. Una vez que se consiguió, había caso.

Cuando llegó el juicio, la acusación se sustentó principalmente sobre estos tres pilares, que confiaban que fueran lo suficientemente sólidos:.... CONTINUARÁ EN BREVE.

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Próximamente

-El crimen de Almonte (II y final): ADN fantasma y el plan imposible.



sábado, 2 de septiembre de 2017

El enigma de los Alpes (III y final): Una investigación fallida

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ZAID AL-HILLI

¿Mató a su hermano? Por supuesto que no.
Como ya se ha visto en la primera parte, Eric Maillaud decidió muy pronto cual era el motivo del crimen y quien era su principal sospechoso. Solicitó varias veces que Zaid Al-Hilli, el hermano mayor de Saad, viajara a Francia para ser interrogado allí, pero este siempre se ha negado, dejando claro que no confía en los franceses y que teme que le preparen alguna encerrona para acusarlo. Ante la negativa, el fiscal estuvo insistiendo durante meses ante los policías británicos para que detuvieran a Zaid, pese a que estos se resistían, alegando que no había ni la más mínima evidencia contra él. Finalmente, y probablemente para que dejara de insistir, detuvieron a Zaid, a quien ya habían entrevistado varias veces, y lo sometieron a un interrogatorio formal y registraron su vivienda. Tras dormir un día en el calabozo y negar toda implicación en la muerte de su hermano, fue puesto en libertad. En este caso las quejas de Maillaud tienen cierto fundamento, más que por no haberlo detenido antes, por el hecho de que los policías británicos tardaran 9 meses en registrar la vivienda de Zaid, cuando parece evidente que para entonces cualquier documento comprometedor o rastro ya habrían desaparecido. Maillaud rechazó las críticas de los británicos insinuando que no querían darle la razón a los franceses, y en una aparente broma afirmó que no habían podido olvidar la guerra de los cien años. 

Con el tiempo Eric Maillaud parece haber moderado sus opiniones, y pese a que le dijo a Parry que: Es cierto que presenta un perfil interesante, y está animado por un sentimiento de odio y venganza, también tuvo que reconocer que: ...visto objetivamente, no tenemos evidencia firme que conecte a Zaid con los asesinatos. Esa es la verdad. Según Maillaud, Zaid tenía el motivo, un enfrentamiento con su hermano por la herencia de su padre, y había mentido a los investigadores al negar que tuviera un conflicto serio con Saad.

Por su parte, Zaid no ha sido tímido a la hora de referirse al fiscal francés. Ha dicho de él cosas como: … no es un fiscal, es un completo imbécil ;... creo que es un sinvergüenza; … es básicamente un idiota, y algunas expresiones más del mismo estilo. Aparte de los insultos, ha atizado algún buen sopapo dialéctico a los investigadores franceses, como en esta argumentación que reprodujo en su reportaje Sean Flynn: Por un lado dicen que no saben lo que ocurrió. En la frase siguiente dicen que no tiene nada que ver con el ciclista francés, que estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada. Bueno, esas dos declaraciones se contradicen.

Zaid está convencido de que el crimen es un asunto local, probablemente relacionado con el ciclista, pero en cualquier caso francés, y que posiblemente los investigadores están protegiendo a alguien. Opina que el comportamiento de Maillaud y los investigadores franceses está teñido de racismo, y que tiene mucho que ver con el origen árabe de los Al-Hilli.

Zaid, tras hablar con la policía
Creo que la acusación de racismo es injusta y que las motivaciones de Maillaud eran otras, aunque el origen iraquí de los Al-Hilli ayudó, sobre todo a nivel periodístico, a que las sospechas se alejaran de Francia. Además, Zaid Al-Hilli es en buena parte culpable de la presión a la que se vio sometido, por mentir a la policía. Negó que tuviera un conflicto serio con su hermano y rebajo el asunto a un mero desacuerdo sin importancia, pese a que los agentes encontraron testigos y documentos que probaban lo contrario. Había realmente un conflicto importante entre los dos hermanos, y pese a que seguramente no era algo irreversible, y que Maillaud exageró la cuestión, la verdad es que no era un simple desacuerdo.

Los hermanos Zaid y Saad habían mantenido una muy buena relación durante casi toda su vida. Cuando la esposa de Zaid murió de cáncer en 2007, su hermano Saad le invitó a vivir con su familia en su domicilio de Claygate, donde permaneció más de un año y estableció una estrecha relación con Zainab y la recién nacida Zeena. Después regresó a su propio domicilio, pero continuó manteniendo el contacto con su hermano y su familia. Todo empezó a torcerse en agosto de 2011, cuando el padre de los dos, Kadhem, murió en su apartamento de Mijas, donde residía desde hacía unos años. Parece ser que Saad se quejaba de haber tenido que pagar el traslado del cadáver desde España y otros gastos, lo que provocó tensión con su hermano, aunque Zaid lo niega, o al menos rebaja su importancia. Lo que si reconoció Zaid es que la propiedad de la casa de Claygate fue un importante punto de fricción entre los dos.

Hogar de los Al-Hilli en Claygate
Cuando Kadhem y Fasiha, los padres de Zaid y Saad, se había separado, la casa de Claygate había pasado a ser propiedad de Fasiha, y cuando esta falleció en 2003 la casa les correspondía a los dos hermanos a partes iguales. Como Saad estaba viviendo allí, Zaid aceptó que no se vendiera, pero lo cierto es que era propietario del 50 %. Saad estaba muy apegado a su  madre, y tenía una relación más tirante con su padre, mientras que Zaid mantenía una buena relación con Kadhem. Este puso algunas de su posesiones a nombre de Zaid, por ejemplo, la mitad del apartamento de Mijas, sin que se conozca el motivo. Según algunos, como Saad vivía en la casa de Claygate, Zaid podría haber hecho creer a su padre que su hermano había recibido toda la casa y que él no tenía nada. O puede que todo este asunto hunda sus raíces en las costumbres árabes respecto a la especial relevancia del primogénito y su responsabilidad para mantener el patrimonio familiar. 

Kadhem había dejado dos apartamentos, uno de ellos el de Mijas, y una cuenta en Suiza con un dinero indeterminado, pero que podría ser hasta un millón de libras. Pero esta cuenta había sido congelada por el banco cuando Kadhem enfermó y nadie tendría acceso a ella durante dos o tres años, aunque Saad decía que Zaid había intentando acceder a ella y seguramente Zaid temía lo mismo de su hermano. Se ha comentado que Saad tenía previsto aprovechar su viaje a Francia para visitar la cercana Suiza y asegurarse de que Zaid no podía llegar al dinero. Cuando llegó el momento de hablar de la herencia, Saad no solo se enteró de que su hermano ya poseía la mitad del apartamento de Mijas, sino que Zaid metió en la discusión su parte de la casa de Claygate. La valoraba en 800.000 libras, y por tanto pretendía que Saad pagara 400.000 por su parte si quería que fuera suya.

Saad no quería pagar ese dinero por lo que consideraba su casa. Decía, por ejemplo, que había gastado mucho dinero y muchas horas de su propio trabajo mejorando y arreglando la casa, y que eso no se tenía en consideración. Le ofrecía a su hermano su parte de los apartamentos a cambio, pero Zaid lo consideraba insuficiente, entre otras cosas porque la mitad de uno de ellos ya era suya. Desde el punto de vista de Zaid, su hermano solo le ofrecía la mitad de un apartamento y un cuarto de otro a cambio de la mitad de la mucho más valiosa casa de Claygate.

Es muy probable que el caso hubiera acabado en los tribunales, pero resulta difícil ver el motivo para que Zaid contratara a alguien para matar a su hermano y su familia. Aunque el tema sucesorio puede ser muy complejo, sobre todo si hay bienes en distintos países, el asunto de la casa de Claygate parece inclinarse más hacia Zaid que hacia Saad. Es posible que un juez considerase que el dinero invertido fuese tenido en cuenta a la hora de efectuar el reparto, pero veo muy difícil que las pretensiones de Saad fueran atendidas, al menos en una parte significativa. Zaid tenía las de ganar (o al menos empatar), así que no tenía ningún motivo para un asesinato. En realidad, Saad podría tener más motivos para asesinar a su hermano que al revés.

Nunca se ha propuesto que Zaid hubiera matado a Saad por su propia mano, porque los investigadores pudieron comprobar de forma fehaciente su paradero en el momento del crimen. Lo que si se ha planteado es que podría haberlo hecho mediante un asesino a sueldo. Ian Horrocks se pregunta como habría encontrado Zaid a ese asesino: No es como si se anunciaran en las páginas amarillas o la Surrey Gazette. Yo he investigado a esa gente; he tenido acceso a bases de datos que contienen información sobre ellos. No son tantos, y los pocos que hay no trabajan para contables de 54 años de Surrey. Maillaud y los investigadores franceses eran sensibles a este tipo de crítica, así que se insinuaba algo menos sofisticado y formal, una especie de sicario low cost, del que, por supuesto, no se ha encontrado el menor rastro.

Varios conocidos de la famlia admiten que Zaid es codicioso, pero no creen que haya intervenido de ninguna forma en los crímenes. Es posible que sus actos le acaben provocando problemas legales, pero dudo que sea por un delito de sangre.


PROBANDO SUERTE

Eric Devouassoux
Unos meses después de publicar el retrato robot del motorista con el extraño casco visto por los agentes forestales, todos los medios de comunicación se hicieron eco de la detención de un sospechoso en un pueblo cercano al lago. Era un policía municipal que había sido expulsado del cuerpo hacía unos meses, se parecía bastante el retrato robot, y además se encontraron varias armas en su casa, entre ellas una Luger. Parecía que el caso estaba resuelto y que, pese a todo, se trataba de un crimen local, pero según pasaban los días se fueron enfriando las expectativas. No se encontró el arma del crimen, ni el llamativo casco, ni la moto vista por los trabajadores forestales. La señal de su teléfono móvil indicaba que el detenido había estado por la zona el día del crimen, pero como vivía por allí y la imprecisión era de varios kilómetros, eso no probaba nada. Eric Devouassoux, de 48 años, fue liberado tras cuatro días, aunque con cargos por otros motivos, ya que al parecer compraba y vendía armas de forma ilegal, y eso explicaba las encontradas en su casa. Pero nada lo ligaba con el crimen y no tenía ningún motivo, así que lo único en su contra era su parecido con el retrato robot.

La detención de Devouassoux tuvo un efecto imprevisto, y es que algunos medios, convencidos de que el caso estaba resuelto, publicaron fotografías que habían conseguido y que la policía no había permitido mostrar. Eran dos fotografías del cadáver de Sylvain Mollier junto al BMW, y la famosa última fotografía de la familia a las 15:17. La mayoría de los medios pixelaron las caras de las niñas, pero alguno las publicó sin hacerlo, y aunque la foto es de mala calidad, se puede ver claramente el rostro de Zainab y Zeena. Teniendo en cuenta que el crimen está sin resolver, que no se conocen los motivos del mismo, y que al menos una de las niñas es la única testigo (aunque no recuerde casi nada), mostrar sus rostros fue una grave irresponsabilidad.

Uno de los misterios del caso era la desaparición del pasaporte de Saad Al-Hilli. No se había encontrado en el coche, ni en la caravana familiar, y hacía pensar que el asesino o algún cómplice se lo podría haber llevado, aunque no se sabía como. El misterio se aclaró en el verano de 2014, casi dos años después de los crímenes, cuando el pasaporte apareció en un bolsillo de la chaqueta de Saad, que se hallaba en un laboratorio. Este hecho reforzó las opiniones de los que consideraban que la investigación era una auténtica chapuza. Si se les había pasado el pasaporte en la chaqueta, ¿cuánta más evidencia podría estar perdida o haber sido tratada de forma inadecuada?


EL COLAPSO DE LA INVESTIGACIÓN

Finalmente, se localizó al hombre del retrato robot. Los investigadores tenían el listado de todos los teléfonos cuya actividad había sido recogida por las torres cercanas al lugar del crimen ese día, y cruzaron los datos con los de todos los propietarios de motos de Francia, poniéndose en contacto con todas las coincidencias. Este lento y laborioso proceso acabó conduciendo a la localización del misterioso motociclista. Un hombre de Lyon reconoció cuando fue contactado que había estado ese día en ese lugar, y tras entrevistarlo, Maillaud y los detectives han descartado que este honorable señor (así lo definieron) esté implicado en el crimen. El hombre declaró que recorría frecuentemente con su moto las montañas que rodean el lago en busca de lugares adecuados para practicar su gran pasión, el parapente. Reconoció que había estado en ese lugar y su encuentro con los guardias forestales, que le indicaron que no podía circular más arriba de Le Martinet, y tras una breve conversación aceptó marcharse del lugar. De forma sorprendente, dijo que no estableció la conexión entre su visita al lugar y el retrato robot (con descripción de casco y moto incluida) que había salido en los medios. Según Maillaud, es alguien respetable, que no da el perfil, lo que nos da más información sobre el mismo Maillaud que sobre el motorista.

Para la investigación fue un golpe muy duro, ya que esta era su mejor pista. Había un misterioso BMW, que tan solo había sido visto por un trabajador forestal pero no por sus compañeros unos minutos después, o por Brett Martin más tarde. Maillaud, en la entrevista concedida a Parry, señalaba: Una de las hipótesis era que el coche de los Al-Hilli estaba siendo seguido por una moto y un coche. Tenía sentido. Ahora, claro, tenemos razones para creer que el motorista no está implicado. Antes teníamos una teoría con dos vehículos, ahora tenemos una teoría con uno solo. Se vuelve un poco más complicado.

Estas declaraciones de Maillaud son un sinsentido, y no alcanzo a comprender lo que pretendía. Nadie vio ninguna moto en dirección a Le Martinet. Es posible que la traducción de las palabras de Maillaud en la entrevista  sea incorrecta, cosa que sucede con más frecuencia de la que se supone.

El hecho es que ninguna evidencia indica que el coche de los Al-Hilli fuera seguido por ningún coche ni moto, y el único testigo, Brett Martin, apunta justamente a lo contrario, a que nadie iba siguiendo al coche. Por otra parte, Maillaud exculpa al motorista sin más explicación que la de que es un hombre honorable, y parece dar por supuesto que ese motorista es el mismo que vio Brett Martin, pero esa suposición plantea una contradicción insuperable. O bien el motorista dijo la verdad y se marchó del lugar sobre las 3 de la tarde, tras el encuentro con los guardias forestales, o bien fue el motorista que se cruzó con Martin de tres a cinco minutos antes de llegar este al lugar del crimen, sobre las 15:35 horas, pero las dos cosas a la vez no pueden ser ciertas. Si el mismo motorista fue visto por Martin implica que no se marchó y que se quedó allí otra media hora, y eso significaría que no ha dicho la verdad, y que no solo no puede ser eliminado como sospechoso, sino que se convierte en el principal sospechoso.

Por contra, si realmente se marchó sobre las 3 de la tarde, entonces tal vez pueda haber datos que lo exculpen. Es posible, por ejemplo, que a la hora del crimen ya estuviera a bastantes kilómetros de distancia, y que alguna torre lejana recogiera la señal de su movil. Pero entonces no puede ser el motorista que se cruzó con Martin cerca de Le Martinet. Yo me inclino por esta segunda opción, ya que abre la posibilidad a que su exculpación se deba a algo más que su honorabilidad. Además, en caso contrario debería haber visto a los Al-Hilli y a Mollier, y no se ha reportado nada en tal sentido, aunque el secretismo en torno a su persona y lo que ha declarado deben provocar cautela a la hora de extraer conclusiones.

Una duda razonable surge al preguntarse si ese motorista no debería haber sido visto por Brett Martin si se marchó a las tres de la tarde. A esa hora aproximada Martin estaba en Chevaline, así que tendrían que haberse cruzado unos minutos después. Las horas no cuentan con la precisión suficiente para extraer conclusiones definitivas, pero Martin y el motorista del extraño casco podrían haberse evitado por muy poco. Desde el punto donde se unen la carretera que viene de Chevaline y la de Arnand hasta el lugar del crimen hay 3,3 kilómetros, y Google Maps calcula un tiempo de 28 minutos para hacer el recorrido en bicicleta. Aunque Mollier era más rápido que él, Brett Martin lo puede hacer probablemente mejor que la media, ya que participa en triatlones y está acostumbrado a pedalear duro. De todos modos, si restamos 28 minutos de la hora estimada de llegada al lugar del crimen, entre las 15:35 y las 15:40, resultaría que Martin pasó por por el punto de la bifurcación entre las 15:07 y las 15:12. Si el motorista se marchó sobre las 3 de la tarde, no habría tardado más de 8 o 10 minutos en llegar a ese mismo punto, lo que lo sitúa pasando por allí entre las 15:08 y las 15:10. Es decir, que no necesariamente tendrían que haberse visto. Si el motorista salió un par de minutos antes, o Martin viajó un poco más rápido que la media, el margen aumenta de forma notable.

Ya hemos visto como el testimonio de Martin es impreciso en algunos puntos, pero denota seguridad. Su declaración de que primero le adelantó el coche y después, en último lugar, se cruzó con la moto, no debe tomarse a la ligera, y que señalara el detalle de que el vio al motorista de tres a cinco minutos antes de llegar a Le Martinet, indica de nuevo poca precisión pero seguridad. En su conjunto, la evidencia parece indicar que el motorista que se cruzó con Martin no es el mismo que habían visto los agentes forestales más de media hora antes. El segundo motorista es, muy probablemente, el asesino.

En este punto quiero señalar que yo nunca compartí el optimismo de Maillaud y los detectives en cuanto a que el hombre del extraño casco fuese la pista más prometedora del caso. Además de que ese hombre había sido visto entre 35 y 45 minutos antes del crimen, había dos elementos que me hacían ser bastante escéptico.

1) El que el hombre en la moto hubiese mostrado su rostro a los guardias forestales, sin necesidad de hacerlo, me hacían dudar que fuera el asesino, o al menos que tuviera planeado matar a alguien. Cuando los guardias le dijeron que no podía estar allí, podría haber mantenido su rostro oculto y haber hecho algún gesto de que comprendía lo que le decían y marcharse, pero en vez de ello abrió su casco y dejó ver su cara.

2) El que Martin no recordara nada especial sobre el motorista, salvo que no pudo verle el rostro por culpa de un casco, me hacían dudar de que fuera la misma persona. Martin no pudo dar detalles del coche o la moto porque no vio nada especial que le llamara la atención, y fue capaz de dar detalles sobre la bicicleta de Mollier porque reconoció de inmediato que debía ser bastante cara. Los trabajadores forestales que vieron la moto entre las 14:45 y las 15:00 recordaban perfectamente las grandes mochilas que colgaban de los laterales, y que difícilmente podían pasar desapercibidas. Es posible que Martin estuviera tan concentrado en el cruce que no se fijara en nada, pero sabemos que miró al motorista, que debió pasar a no más de un metro de él, y que pudo ver que llevaba un casco, pero no vio nada especial en este, pese a lo llamativo que era, y tampoco se fijó en las mochilas en los laterales. Eso también me hacía pensar que no era la misma moto.

Creo que la evidencia indica que hubo dos motos distintas ese día en Le Martinet, una sobre las 15:00 horas y la otra más tarde de las 15:30. Una de las motos llevaba dos voluminosas mochilas en los laterales, y su piloto un llamativo casco, mientras que el testigo que se cruzó con la otra moto no se fijó en nada especial. Hemos visto que no era necesario que Martin se hubiera cruzado con la primera moto, aunque por muy poco. Lo único que queda por aclarar es si esa segunda moto, la que Martin pudo ver al acercarse a Le Martinet, no debería haber sido vista por otros testigos, al menos por los excursionistas franceses que el ciclista británico se encontró cuando bajaba a pedir ayuda. Ocurre lo mismo que en el primer caso, y los movimientos y velocidades de los implicados indican que el que se cruzaran o no depende de unos pocos minutos, tal vez uno o dos. Las horas y velocidades implicadas se han acotado mucho, pero no lo suficiente como para extraer una conclusión. Uno de los excursionistas, Philippe, declaró que no recordaba haberse cruzado con ninguna moto o coche mientras subían, y que suponía que esa moto podría haber toma la Ruta du Moulin antes de que ellos llegaran al cruce. El testimonio de los excursionistas no es de mucha utilidad, ya que a diferencia de Martin, no están seguros de lo que vieron. El ciclista británico vio dos vehículos, y está seguro de que no fue adelantado o se cruzó con más, mientras que ellos no recuerdan haber visto ningún vehículo, pero no están seguros de si alguien los adelantó o se cruzaron con alguien.

Yo creo que si alguien los hubiera adelantado, es casi seguro que se hubieran acordado, ya que adelantar a un coche en esa carretera es una maniobra peligrosa para una moto y casi imposible para un coche. Mi opinión es que también se habrían acordado si se hubieran cruzado con un coche, y probablemente con una moto (por eso creo que no se cruzaron con nadie, y que la moto vista por Martin llegó al cruce antes que ellos), pero este último caso es más dudoso. Si iban charlando, el cruce con una moto podría haber atraído la atención del conductor durante unos segundos, y después su mente habría vuelto la atención a la charla, olvidando el breve incidente.

En resumen, la moto vista por Brett Martin apenas unos minutos antes de llegar al lugar del crimen era pilotada, muy probablemente, por el asesino. En ese caso, actuó solo y se marchó por el mismo lugar por el que había llegado.

NUEVAS POSIBILIDADES

Tras el fiasco con el motorista de Lyon, la investigación pareció quedarse sin saber por donde seguir. De vez en cuando se filtran algunas noticias para intentar mantener el interés, y por ejemplo, se ha dicho que se han encontrado en el coche de la familia británica dos muestras de ADN no identificado, queriendo dar la impresión de que tienen alguna importancia, cuando muy probablemente no tienen ninguna. Los dos rastros de ADN fueron encontrados en el paragolpes delantero y bajo la alfombrilla del asiento del conductor, y no pertenecen a la familia ni están en la base de datos europea de criminales. Casi con seguridad fueron dejados en esos lugares por un mecánico, alguien que lavó el coche, alguien que tocó el paragolpes del coche o la persona que colocó la alfombrilla en su sitio o el que se le vendió a Saad. Sin descartar que el ADN del paragolpes delantero pertenezca a alguno de los policías o sanitarios de emergencias.

Patrick Menegaldo, según
la prensa
De todos modos, Maillaud fue preparando al público para la posibilidad de que el caso no tuviera nunca una resolución oficial, y dijo que era posible que estuviéramos ante el crimen perfecto. Por un lado continuó insistiendo en Zaid, pero también comenzó a insinuar que tal vez el asesino hubiera muerto, y con mucha prudencia fue dejando caer la idea, para que el público lo acabe aceptando algún día. El nuevo sospechoso se llamaba Patrick Menegaldo, y era un antiguo legionario de 50 años que se suicidó en enero de 2014. Patrick vivía en Ugine, al igual que el ciclista francés, y había mantenido una relación intermitente entre 2000 y 2007 con la hermana de Mollier, con la que seguía manteniendo buena relación. Ella lo nombró cuando los agentes le preguntaron por conocidos que supiesen manejar armas, aunque no quería meterlo en líos. Había sido entrevistado, de forma rutinaria, por los investigadores en abril de 2013, y en la carta de suicidio que dejó escrita se quejaba de ser considerado un sospechoso de los asesinatos, y que no podía soportarlo. 

Maillaud encontró muy misterioso el asunto. Había sido una entrevista a un posible testigo, una de las cientos que se realizaron, y no un interrogatorio a un sospechoso, y no había razón para que se sintiera acusado. Era un tipo duro, un paracaidista que seguramente se había visto envuelto en acciones de combate en algunos de los lugares más peligrosos del mundo, y que posiblemente había matado a gente. Bebía bastante, se había metido en peleas en bares, y seguramente había pasado tiempo entre rejas durante su estancia en la Legión Extranjera. ¿Y ese hombre no podía soportar una amable entrevista de 45 minutos con un policía? No, dice Maillaud, aquí hay algo muy extraño. Sabía manejar armas, y tenía la capacidad suficiente para cometer el crimen. Ordenó que se investigara en profundidad la vida del hombre y que se siguiera esa pista tan lejos como fuera posible. Así, como de pasada, comentó que el hombre tenía problemas psicológicos tras su paso por la Legión.

Lo que se le ha olvidado decir al fiscal es que no se ha encontrado rastro de que Menegaldo tuviera o hubiera tenido alguna vez una Luger, ni que tuviera alguna inquina hacia Mollier o su hermana. La referencia a los crímenes es solo una pequeña parte de una larga carta de suicidio de seis o siete páginas, donde es de presumir que el suicida escribiera sobre otros motivos para el acto que se disponía a cometer. Maillaud dijo que en la carta el hombre no reconocía los crímenes, pero eso es una media verdad. En realidad, Menegaldo negaba de forma explícita su participación en los mismos, y se temía la interpretación que pudieran darle a su suicidio. Su familia, que niega que pueda estar implicado de alguna forma en los asesinatos, público un pequeño extracto de la carta donde queda claro lo que escribió: Yo no se nada de toda esta historia. Mi gesto no es una confesión. Se llevaba bien con Sylvain Mollier, dicen los suyos, y de las declaraciones de la hermana de Sylvain se deduce claramente que fue Menegaldo quien no quiso seguir con la relación, porque no quería comprometerse. Siguieron siendo amigos, y ella tampoco cree que tuviera nada que ver con la muerte de su hermano.

Mi impresión es que lo que tanto extraña a Maillaud tiene sentido si se considera que Patrick Menegaldo tenía graves problemas psicológicos desde hacía tiempo, y que pudo magnificar un acto sin importancia como la entrevista policial hasta convertirlo en algo insoportable, y que tal vez fue la gota que colmó un vaso casi lleno. Tres años después, esa referencia en la carta de suicidio es lo único que lo liga con el crimen, nada más. Ni indicios ni motivo. El caso de Patrick Menegaldo es un perfecto ejemplo de la pobre investigación, porque lo cierto es que debería haber sido un sospechoso desde el primer momento. Un antiguo legionario con experiencia en el manejo de armas cortas, que vivía en Ugine, que conocía a Mollier y había estado relacionado con su hermana, debería haber sido investigado de inmediato, unos días después del crimen, pero casi todos los detectives estaban siguiendo la fantasmal pista británica. Por contra, fue entrevistado siete meses después de los asesinatos, cuando ya no había posibilidad de comprobar declaraciones o coartadas. Y ahora, cuando ya está muerto y no se puede defender, se puede insinuar o sugerir con total impunidad.

LA RECOGIDA DE INFORMACIÓN

Al comenzar la investigación de un crimen resulta indispensable recopilar de inmediato determinada información, o se corre el riesgo de que se pierda para siempre. Aparte de objetos o restos biológicos hallados en el lugar del crimen, resulta crítico recoger lo antes posible las declaraciones de posibles testigos, ya que se sabe que el tiempo tiene un efecto devastador sobre la memoria, por culpa del olvido y también a través de las llamadas falsas memorias, por las que vamos incorporando de forma inconsciente nueva información que se combina con las observaciones y se forma un nuevo recuerdo, que el individuo está convencido que es el original. Otro tipo de información, como por ejemplo los registros de llamadas, los movimientos bancarios o las grabaciones de cámaras de seguridad, puede esperar un poco más (aunque sin perder de vista las fechas de borrado o eliminación) ya que no se degrada de forma inmediata. Por eso no es conveniente perder el tiempo durante los primeros días con hipótesis o con elementos no urgentes, y resulta indispensable recopilar toda la información que se pueda perder si no se recoge de inmediato.

Maillaud y los detectives tenían a su disposición ya durante los primeros días, incluso antes de 24 horas, elementos básicos para considerar la opción de que ni los Al-Hilli ni Mollier fueran los objetivos del asesino. No se trataba de descartar ninguna opción, sino de establecer prioridades, y aunque el conflicto de Saad con su hermano por la herencia paterna era una línea de investigación demasiado buena para dejarla de lado, los investigadores ya debían saber que era una explicación muy improbable para el crimen. El testimonio de Martin, el del dueño del camping y otros campistas, los teléfonos de las víctimas, todo parecía indicar que nadie los iba siguiendo y que la presencia de la familia británica en Le Martinet era fortuita, y lo mismo parecía para Mollier. Ahora bien, la opción de que ninguna de las víctimas fuera el objetivo obligaba a plantearse otra posible motivación para el crimen, desde un intento de robo o secuestro, a una confusión, a un asesinato, al azar o no, obra de un psicópata.

En el caso de ser el asesino un psicópata que decidió matar por esa zona a algún extranjero, a algún británico, o a cualquiera que pasara por allí, era probable que conociera bien la zona, bien por vivir en las cercanías o por haberla visitado muchas veces en el pasado. En cualquier caso, era muy probable que hubiese realizado un reconocimiento del lugar en los días previos al crimen, posiblemente a una hora aproximada a la que tuvo lugar este, o que hubiera hecho un intento previo que resultó fallido por cualquier razón. Habría sido necesario, por tanto, hacer un llamamiento para que todas las personas que hubieran estado por la zona en los días anteriores, tal vez hasta dos semanas atrás, se pusieran en contacto con los investigadores. Seguramente la mayoría serían turistas de varios países distintos, y ese llamamiento, que habría sido inútil en casi cualquier otra investigación, tenía perfecto sentido en esta. El crimen era en ese momento noticia en Europa y otras partes, lo que garantizaba la difusión de cualquier apelación a la colaboración, posiblemente a través de Interpol y las policías nacionales, y además la investigación contaba con medios materiales y humanos para gestionar los cientos de testimonios que podían llegar.

Podría haberse solicitado que se pusiera en contacto cualquiera que hubiera visto algo extraño, incluso meses atrás, y a los demás, los que no hubieran visto nada especial o no recordaban nada que les hubiese llamado la atención, que proporcionaran un breve resumen de su estancia allí, con horas aproximadas, el recorrido, y fotos o películas realizadas en el lugar. Si el asesino había estado reconociendo el terreno, podía haber sido visto por alguien en alguna situación poco habitual, o comportándose de forma llamativa. Alguna matrícula que apareciese fortuitamente en una fotografía podía proporcionar una pista decisiva. Pero esos recuerdos pueden desvanecerse con rapidez, las fotografías pueden borrarse o perderse, y el interés del público en el crimen puede acabar reduciéndose casi a la nada, y por eso resulta indispensable recoger la información de inmediato, en unos días.

Pero Maillaud no podía hacer ese llamamiento. No podía porque habría entrado en contradicción con lo que estaba a punto de establecer firmemente, que el crimen se había originado en Gran Bretaña, y que por tanto los Al-Hilli eran el objetivo. Si era posible que el asesino hubiera estado por la zona días o semanas atrás, significaría que era mucho más probable un crimen local, y que serían posibles esos rumores que ya circulaban por los tabloides. Tal vez alguien se dedicaba a robar coches de británicos a punta de pistola y se había desmadrado todo, o un loco estaba matando turistas británicos. Incluso la consideración de un crimen completamente al azar podía indicar que un psicópata andaba suelto por los bosques cercanos al lago de Annecy. Era mucho más cómodo sugerir un asesinato a sueldo, unos matones que habían venido de fuera, habían asesinado y se habían marchado para siempre.

Aunque han pasado muchos años y es casi seguro que cualquier información relevante se ha perdido, no pierdo la esperanza de que algún turista viera algo que le llamara la atención en los días anteriores al crimen, y que haya guardado esa información.

HIPÓTESIS

En mi opinión, la hipótesis más consistente es la de que el asesino no tenía ningún tipo de relación con la familia Al-Hilli ni con Sylvain Mollier, y por tanto ninguno de ellos era un objetivo. Aunque no puede haber certezas, la evidencia disponible indica claramente que nadie estaba siguiendo a las víctimas, y también que nadie sabía con antelación que iban a estar en ese lugar. Esto, que es probablemente cierto en el caso de Mollier, es prácticamente seguro en el caso de la familia británica.

En cuanto a la motivación para el crimen, no puede ser conocida. Podríamos estar ante un random killing, un asesinato cometido en ese lugar y en ese momento por razones que solo el asesino conoce. O tal vez fue un crimen decidido sobre la marcha, alguien practicando con un arma, tal vez con problemas mentales, y que de repente decidió disparar contra personas. Aunque considero esto último posible, creo más probable que el criminal fuera ese día a ese lugar decidido a matar, tal vez a extranjeros, o a ciclistas, o a cualquier persona que llegara.

El segundo lugar en mi lista de hipótesis más probables, muy lejos de la anterior, se encuentra la de que Fillon-Robin no se equivocara en cuanto a la hora en que vio pasar al coche británico, lo que conduce a su vez a dos posibilidades, la de un error de identificación y la de que alguien se asustó al ver regresar el coche.

El tercer lugar está la posibilidad de que alguien quisiera matar al ciclista francés y se encontrara en medio con los británicos. En este caso, la posibilidad más razonable, aunque improbable, es la de un encuentro casual entre alguien que deseaba matar a Mollier y este. Más improbable todavía es que el asesinato de Mollier fuera algún encargo y que alguien planease el crimen en ese lugar.

El último lugar está la hipótesis de que el objetivo fuese alguien de la familia Al-Hilli. Si no lo descarto por completo es por la incertidumbre inherente a todo caso sin resolver, pero toda la evidencia indica que la hipótesis no es correcta.

En cuanto al autor, si la hipótesis que considero más probable es correcta, es alguien que mata eligiendo sus víctimas al azar o por alguna característica especial. Considero posible que este crimen esté relacionado con el de Xavier Baligant, que veremos a continuación, y posiblemente con algún otro que prefiero no comentar por el momento.

Una de las muchas preguntas que surgen al analizar el caso es la de a quien intentaba matar el asesino. Hemos visto que la evidencia indica que el crimen no se planeó para matar a alguna de las víctimas en concreto, pero fuera por el motivo que fuera, en algún momento una persona armada con una pistola decidió que mataría a alguien. Podría haberlo decidido días o semanas antes, o tal vez fueran solo horas o minutos, pero salvo que supongamos un acto completamente irracional, un impulso instantáneo, el criminal tuvo que decidir que iba a disparar a una o varias personas. Podría haberse dirigido a Le Martinet con la intención de disparar a quien estuviera allí, fuera una persona o una docena, o tal vez estaba esperando la llegada de algún tipo de víctima en concreto: un ciclista, un coche con matrícula extranjera, un  coche cualquiera…

Se ha discutido la eficacia del asesino, su habilidad en el manejo del arma y si era un profesional, con variedad de opiniones. Maillaud defiende que sí, que era un profesional (ver la serie sobre Jill Dando para la utilización del término profesional) y muy hábil, ya que 17 de las 21 balas disparadas impactaron en alguna de las víctimas, perdiéndose tan solo 4 disparos, y además, todos los disparos que impactaron en el coche lo  hicieron a través de los cristales, y ni una sola bala impactó en la parte metálica del vehículo. Algo notable, ya que el coche estuvo en movimiento durante buena parte del tiroteo. Por otra parte, otros, como Ian Horrocks, opinan que una matanza de ese estilo no señala hacia alguien profesional y especialmente hábil en el manejo de las armas, y que los disparos atravesaron los cristales debido a que el asesino solo veía la cabeza y parte superior del cuerpo de las víctimas a través de las lunas, y disparó hacia allí. En mi opinión, Maillaud y Horroks interpretan el asunto según las necesidades de la hipótesis que están sosteniendo. El fiscal francés proponía un asesinato por encargo, y en tal caso el asesino debería ser alguien hábil con las armas y eficaz al cometer el crimen. Horrocks, por su parte, niega el asesino profesional, y para ello debe rebajar la habilidad del criminal.

Yo creo que no debemos minimizar el hecho de que tan solo se perdieran cuatro disparos, y que todas las balas impactaran en las víctimas a través de las ventanillas y lunas mientras se disparaba a un coche en movimiento. Aunque incluso el mejor tirador necesitaría suerte para lograr algo así, parece que hay algo más que suerte implicada. Por otra parte, tampoco debemos obviar el hecho de que el tiroteo se convirtió en una matanza desordenada, que acabó con el asesino golpeando a una niña con la culata de la pistola, y que faltó muy poco para que varias de las víctimas consiguieran escapar en el coche.

Se ha supuesto que un Saad Al-Hilli enloquecido de miedo, y probablemente ya herido, trató de escapar en su coche con el resto de su familia, incluso a costa de abandonar a su hija mayor junto al asesino. O tal vez supuso que ella estaba herida o muerta y que tenía que salvar a los demás. Es posible. También lo es que lo que realmente intentara Saad fuera atropellar al hombre que les estaba disparando. Sea como fuere, lo cierto es que el vehículo quedó en una posición en la que tan solo quedaba meter la directa, acelerar y alejarse de allí rápidamente. En no más de tres o cuatro segundos el coche podría haber estado alejándose del lugar y del asesino, aunque fuera con su conductor y otros ocupantes heridos, lo que habría dejado al criminal en una situación bastante delicada.

Los ocupantes del vehículo podían llamar a la policía mientras escapaban, y él tendría complicado alcanzarlos antes de que lo hicieran, ya que tendría que subir a sus propio vehículo, moto o coche, para escapar. Peor sería si Saad Al-Hilli decidía dar la vuelta. Era posible que una vez alejado del lugar, y tras ser consciente de que su hija había quedado atrás, diera la vuelta y se dirigiera de nuevo hacia Le Martinet. Esto podría resultar catastrófico para el asesino si se encontraba con el enfurecido padre de frente mientras él viajaba en moto, sin lugar donde esconderse o apartarse. Si el asesino no tenía vehículo y esperaba huir a pie, sus posibilidades no eran mejores. De haber dado aviso los Al-Hilli, los policías podrían haber hecho algo que no hicieron, cortar las posibles salidas a pie de la zona y organizar una batida.

Pese a que, según mi opinión, el asesino demostró habilidad en la ejecución del crimen, estuvo a punto de fracasar, y eso me hace sospechar que el desarrollo de los hechos no tuvo lugar como él esperaba. Creo que, por la razón que fuera, había decidido matar a alguien en Le Martinet, bien a un ciclista, bien a quienes viajaran en un coche, pero no a los dos, y que una aparición inesperada lo complicó todo.

El criminal podría haber estado escondido al lado del parking, unos pocos metros más al sur, esperando la llegada de un objetivo (un ciclista o un coche, o el primero que llegara), y tras verlo aparecer al fondo habría vuelto a ocultarse, calculando cuanto tardaría en llegar al parking. Al salir con el arma en la mano, dispuesto a disparar, se habría visto sorprendido por la presencia de alguien a quien no esperaba, haciéndole vacilar y perder, tal vez, un par de segundos, por lo que todo estuvo a punto de echarse a perder.

Por ejemplo, pudo ver aparecer a Mollier, y calculó que tardaría unos 40 o 50 segundos en llegar, ocultándose de nuevo. En ese tiempo el coche de los Al-Hilli, podría haber llegado al parking (10 o 15 segundos desde la última curva), y el conductor y la niña se habrían ya bajado del coche a mirar el cartel. El criminal no habría escuchado el ruido del motor debido al río y, es posible que además llevara puesto un casco de motorista. También podría haber visto llegar el coche, pero justo en el momento en que este adelantaba al ciclista, que habría quedado oculto a su vista. Esperó a que las personas que viajaban en el vehículo salieran de este, y al ir en su busca se encontró de forma inesperada con Mollier.

Es posible que los primeros disparos se produjeran de forma acelerada e ineficaz, debido a la sorpresa, y que fuera en este momento cuando se perdieron varios, o todos, de los cuatro disparos que no impactaron en las víctimas. El asesino habría vaciado su primer cargador disparando apenas sin apuntar contra Saad, Zainab y Sylvain, que debían estar bastante cerca unos de otros, acertando al menos con una bala a Mollier, posiblemente con alguna más, que habría caído al suelo, con otra a Zainab en el hombro, aturdiéndola y probablemente haciéndola también caer al suelo, y con otra más a Saad, al que no pudo frenar. Mientras el criminal sacaba el cargador y ponía otro, Saad fue capaz de llegar al coche, cerrar los seguros, arrancar y comenzar a moverse. En ese momento, el asesino, una vez pasada la sorpresa inicial, se habría serenado y habría comenzado a actuar de forma eficaz, disparando al coche en movimiento de forma ininterrumpida pero tranquila, apuntando con cuidado y tratando de ser preciso. Gracias a ello consiguió finalmente acertar al conductor, justo cuando este estaba a apunto de conseguir huir. Una vez detenido el coche, fue una cuestión de trámite acercarse y matar o rematar a las indefensas víctimas.

Esto es tan solo una conjetura, y podrían haber tenido lugar otras situaciones. Por ejemplo, la bala que impactó en Zainab podría haber sido la última que se disparó. O Mollier podría haber sido alcanzado inicialmente por tres o cuatro balas, perdiéndose varias al disparar al coche en movimiento. Pero creo que la conjetura es bastante razonable, y explica tanto la aparente pericia del asesino como el que Saad estuvo a punto de lograr escapar con el coche.

¿Qué tipo de persona lleva una pistola de 80 años con tres cargadores a un lugar como ese y se pone a esperar la llegada de alguien para comenzar a disparar? Ian Horrocks opina que el crimen de los Alpes es la obra de un random-killer, aunque no estoy de acuerdo con su análisis de la psicología del autor, sobre todo porque creo que está realizado sobre muchas suposiciones y algunas interpretaciones dudosas.

¿Hombre o mujer? Parece ser que Zainab dio por hecho que era un hombre, pero es posible que fuera una interpretación, y que realmente no viera su cara. Eso sí, no hay el más mínimo indicio de que el asesino fuera mujer, y por una simple cuestión estadística, lo más probable es que fuera un hombre y no una mujer. ¿Uno o más? No hay absolutamente nada que indique la presencia de más de un asesino, ni siquiera como apoyo, aunque no se puede descartar. Al principio Maillaud opinaba que debían ser al menos dos los asesinos, hasta que se constató que se había utilizado una sola arma.

Y poco más se puede decir, más bien nada. Ni su edad, ni su motivación, ni su nacionalidad u origen. Pasan los años, y cada vez más gente cree que el crimen no se resolverá nunca. Si estoy en lo cierto y nos hallamos ante un asesinato en el que no hay relación entre asesino y víctimas, es el tipo de crimen más difícil de resolver. Si el criminal no ha dejado evidencia y no hay testigos, la probabilidad de resolverlo es muy baja si el caso se enfoca correctamente, y prácticamente nula si los investigadores se distraen investigando hipótesis improbables.

En un caso de este tipo, y salvo un golpe de suerte, el camino más prometedor es tratar de hallar casos que puedan guardar alguna similitud con el investigado. Si se trató de un evento único, tan solo quedaría esperar un improbable golpe de fortuna, pero si se parte del supuesto de que el asesino ha cometido más crímenes, sería posible encontrarlo, aunque en este en concreto no hubiera dejado ninguna pista.


XAVIER BALIGANT

Xavier Baligant
El belga Xavier Baligant, de 29 años, empleado en una empresa farmaceútica, había estado con sus dos hijos (de 7 y 5 años) en un camping en el sur de Francia, pasando las vacaciones con los abuelos de los niños. Estaba separado de su mujer, Mihaela, pero tenía la esperanza de arreglar las cosas con ella, y parece ser que habían quedado citados para el día siguiente, por lo que, se ha dicho, adelantó su partida. El camping estaba en Ardeche, en el sur de Francia, y tenía por delante un largo camino de más de 900 kilómetros hacia el norte para llegar a su residencia en Nivelles. 

Decidió viajar de noche, para evitar el tráfico y con la esperanza de que los niños fueran durmiendo y no se les hiciera muy pesado el viaje. Partió del camping a las ocho de la tarde del 18 de julio, y tras realizar dos o tres paradas para ir al baño o repostar, sobre las dos de la mañana del 19 de julio de 2011 salió de la autopista A-31 hacia el área de descanso de Malvaux, y les dijo a sus somnolientos hijos que iba al baño. Probablemente lo que quería era fumar un cigarrillo en vez de ir al baño, o tal vez las dos cosas.




El cadáver de Xavier fue hallado por un trabajador de mantenimiento de la autopista. Este se hallaba en el área de descanso gemela, al otro lado de la autopista, cuando poco después de las 2 escuchó varios disparos, y cuando acudió a ver lo que había ocurrido se encontró a Baligant en el suelo, cerca de la entrada del baño de mujeres.

Sus hijos, dormidos en el coche, que estaba aparcado muy cerca, no se habían enterado de nada. Había más de 20 camioneros esa noche en Malvaux, y ninguno vio nada. Parece ser que algunos oyeron los disparos, pese a que inicialmente se dijo que ninguno los había oído. Se informó que a todos se les había realizado una prueba en busca de residuos de disparo, sin positivos. Xavier había recibido varios impactos de bala, y tenía heridas en abdomen y cabeza, además de en las manos, aunque es posible que estas últimas fueran producidas por la misma bala que impactó en su cuerpo.

A primera vista,  un caso como este tan solo habría alcanzado relevancia local, en la zona del crimen y en Bélgica, y probablemente nunca habría sido conocido fuera de esos límites. Podría tratarse de un atraco que se complicó, tal vez Xavier había plantado cara y resultado muerto en la disputa. Podía tratarse del intento de robo de su coche, de lo que había algunos violentos precedentes por esa época, o tal vez tuvo un encontronazo casual con alguien que estaba esa noche en el área de servicio. Pero hay un problema con todas esas hipótesis y es algo que hace de este un caso muy especial, el arma. Resulta que la utilizada contra Xavier era un fusil Schmidt-Rubin K31, un arma de gran potencia; este modelo en concreto utilizado por el ejército suizo en las décadas de los 40 y 50 del pasado siglo. 

Schmidt-Rubin K31

Para atracar a la gente o robarles el coche se utilizan pistolas, no aparatosas armas imposibles de ocultar. Este fusil es adecuado para disparos de media y larga distancia, y no parece la elección de un ladrón. Según la reconstrucción de los detectives, basada en los lugares donde aparecieron los casquillos, el primer disparo se produjo cuando el agresor estaba a unos 15 metros de la víctima.

Recreación para programa de televisón

El resto de disparos, hasta un total de cinco, se produjo mientras el asesino continuaba acercándose a la víctima, y el último tuvo lugar cuando Baligant ya estaba caído, colocando el criminal el fusil paralelo al suelo y disparando tras apoyar el cañón en la barbilla de la víctima.

Lugares dnde se hallaron las vainas.

Una visión más alejada. En 2011 no estaba pintado el paso de peatones

De todos modos yo no tengo tan claro que esa sea la secuencia correcta de los disparos. Me falta información (por ejemplo si hay impactos de bala en el edificio de los baños, o en el suelo) pero hay algo que no entiendo en la supuesta secuencia de disparos. Este caso merecería un tratamiento individual, pero a diferencia del crimen de los Alpes, la mayoría de la información está en francés.

En una actuación que ya nos resulta conocida, los investigadores franceses (el fiscal de Nancy y los agentes de la Genderamerie) trataron de alejar el crimen de Francia. Bien porque se lo dijeron así los agentes franceses, o bien porque ellos lo entendieron mal, los policías belgas despertaron a la esposa de Baligant a las 4 de la mañana para decirle que Xavier se había suicidado de un disparo en un baño en Francia. Incrédula (Xavier no se suicidaría, y menos cuando tenía a los niños), condujo casi 400 kilómetros para recoger a sus hijos de una comisaría, y allí se enteró de que había sido asesinado. Poco después comenzaron a preguntarle por las actividades de su esposo, sospechando que había resultado muerto en alguna transacción de droga, lo que ella consideró ridículo. Meses después las sospechas recayeron sobre Jose Oliveira, con quien ella había iniciado una relación tras separarse de Xavier. Oliveira, para el que ella trabajaba, fue acusado meses después del crimen por un hombre con quien tenía una disputa laboral de haber contratado matones para secuestrarlo y asustarlo. Esta denuncia hizo que se lanzara la hipótesis de que tal vez Oliveira, consciente de que Mihaela y Xavier estaban a punto de reconciliarse, y para no perderla, habría contratado a alguien para asesinar a su rival. Según se planteó, él habría leído en el móvil de ella los mensajes en los que se citaban para el día siguiente, y habría actuado con rapidez.

La hipótesis no parece fuerte. ¿Habría encontrado en cuestión de horas a un asesino a sueldo dispuesto a actuar de inmediato? De haberlo hecho, este tendría que haber viajado 900 kilómetros hacia el sur, encontrar a Xavier de alguna manera, y después seguir su coche durante otros 500 kilómetros hacia el norte. Finalmente, habría entrado tras su objetivo en un área de descanso repleta de camiones, y allí, sin preparar nada y sin reconocer el terreno para estudiar la huida, habría cometido el crimen utilizando un aparatoso fusil en vez de un simple pistola. Lo cierto es que en abril de 2017, José Oliveira fue finalmente absuelto de la acusación de secuestro y de haber contratado matones, y lo más probable es que todo fuera una invención de su acusador.

¿Podría haberse citado con alguien Baligant en ese lugar? No se encontraron registros de llamadas o mensajes en su teléfono que pudieran haber servido para acordar un encuentro, aunque hay un pequeño misterio relacionado con este asunto. Según parece, uno de los hijos de Xavier contó que en algún momento del viaje nocturno escuchó el sonido que indicaba que su padre había recibido un mensaje entrante, pero en el teléfono de la víctima no se encontró ningún mensaje reciente. ¿Podría alguien haberse citado con Xavier en ese lugar y después haber borrado el mensaje del teléfono de la víctima? Muy traído por los pelos. Un mensaje dejaría rastros, incluso una vez borrado, dicen los expertos, y habría podido recuperarse, o al menos demostrarse su existencia, y eso no ha ocurrido. Lo más probable es que ese mensaje no existiera, y que el hijo de Xavier, medio dormido, confundiese cualquier sonido del teléfono (batería baja, pérdida de conexión, …) con el de un mensaje.

Lo cierto es que a los investigadores no les hacia falta investigar a cientos de kilómetros o misteriosos mensajes, porque tenían ante ellos desde el primer momento la pista más prometedora, un paso a través  de la valla que rodea el área de servicio. Hay un transformador eléctrico pegado a la parte exterior de la valla, y al lado hay lo que parecen cajas apiladas, tanto por la parte externa como por el interior. Justo en ese punto alguien había doblado la valla hacia el interior, disminuyendo su altura y facilitando el paso. La valla, que separa el área del bosque circundante, es revisada con frecuencia, así que el daño tenia que ser reciente, unos días como mucho.

Paso a través de la valla
El asesino se acercó a Xavier desde el bosque y área recreativa que hay tras los servicios, no desde los aparcamientos para coches o camiones, lo que apoya la hipótesis de que procedía del bosque que había tras el área de servicio, y no de los lugares donde había vehículos. Eso prácticamente descarta que, por ejemplo, alguien le fuera siguiendo hasta el área de servicio y tras aparcar su propio vehículo le disparara, ya que en tal caso el asesino habría llegado disparando desde otro lugar.

Flecha azul: ruta del asesino. cruz roja: Baligant. Punto rojo: coche de la víctima.


Panorámica lejana, donde se puede apreciar la separación entre aparcamientos y zona boscosa.

Se planteó que Baligant podría haber interrumpido alguna transacción de droga y que le habrían matado por ello. Además de lo extraño del arma utilizada, unos traficantes tendrían que esperar ser vistos si van a realizar una transacción en el lugar más iluminado en varios kilómetros a la redonda y con más de veinte camiones aparcados a unos metros, y en todo caso, no les importaría mucho ser vistos por un turista que se para en medio de la noche para ir al baño.

El fusil, el bosque circundante, … ¿podría ser el crimen obra de un cazador furtivo? Un cazador furtivo podría explicar el arma utilizada, pero no nos ofrece ningún motivo para el crimen. No hay posibilidad de un accidente de caza, ya que los disparos se realizaron dentro del área de servicio, desde muy cerca, y mientras la víctima estaba en el único lugar iluminado y era perfectamente visible.

Ninguno de los camioneros que oyó los disparos dijo haber escuchado después el ruido de un vehículo saliendo del área, lo que parece indicar que el asesino no se marchó en un coche. Uno de los camioneros, que tenia su vehículo aparcado muy cerca del coche de Baligant, se asomó a mirar tras escuchar los disparos, y pudo ver el coche de Baligant, pero nada más. Desde su posición no podía ver el cuerpo de Xavier, pero tampoco vio a nadie caminando hacia los aparcamientos, lo que probablemente significa que el criminal no se marchó por allí. Y tampoco, y esto es importante, vio ningún coche circulando, ni oyó el ruido de un motor.

Eso nos deja con el roto en la valla, e indica premeditación. El asesino preparó su entrada, posiblemente esa misma noche, para entrar en el área, y sobre todo para salir de ella. Tal vez no quería matar, su objetivo podría ser otro, y algo salió mal y desembocó en la muerte de Xavier Baligant, pero yo creo que todo indica que su intención era asesinar. Entrar, matar a alguien en el lugar donde lo hizo, y tras salir por la valla, escapar a través del bosque hasta algún camino donde tendría un vehículo.

Su objetivo podría ser un coche con matrícula extranjera, el primero que llegara a partir de cierta hora, o simplemente el primero que estuviera a tiro cuando no hubiera nadie más a la vista. Los periodistas han encontrado varias similitudes entre este crimen y el de los Alpes: coches con matrícula extranjera, armas utilizadas décadas atrás por el ejército suizo, niños de edades similares en los coches, la falta de un motivo, la aparente aleatoriedad de los crímenes...

Considero que hay una buena posibilidad de que ambos crímenes hayan sido cometidos por la misma persona o personas. En mi opinión, las dos principales característica que los unen son:

1) Las armas utilizadas. Además de su procedencia, son elecciones extrañas para un asesinato. Utilizar una pistola de museo, o un fusil de gran potencia para disparar de cerca, son decisiones que tan solo tienen sentido para el asesino o asesinos, y que tan solo ellos podrán explicar.

2) La falta de motivación y de oportunidad para un tipo de crimen más usual, en el que algún conocido mata o manda matar a su objetivo. El análisis de ambos casos indica que lo más probable es que el o los asesinos no conocieran previamente, ni directa ni indirectamente, a ninguna de las víctimas.

Podemos estar ante dos asesinos independientes, que matan al azar con armas antiguas y extrañas. Es posible. También lo es que tan solo haya un asesino, responsable de ambos crímenes, que posiblemente hubiera matado antes, y que probablemente haya matado después.

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FUENTES:

Una búsqueda en internet nos devuelve miles de páginas web que tratan sobre los crímenes, algunas de pasada y otras con más detalle. Casi toda la información útil de esas páginas ha sido recogida en el libro de Parry y en los artículos de Flynn.


LIBROS

The perfect crime. Tom Parry


ARTÍCULOS




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