domingo, 30 de septiembre de 2018

El crimen de Almonte (XII): Trileros del tiempo

EL TIMING DEL CRIMEN

Entre los muchos problemas que afronta la acusación contra Francisco Javier Medina destaca el de la falta de tiempo, el fracasado intento de encajar los hechos en un intervalo temporal reducido y la vez creíble. Esa necesidad de ajustar el horario en el que fueron cometidos los crímenes tan solo surgió a partir del momento en que necesitaron acusar a Medina, ya que durante más de un año los investigadores se habían sentido cómodos datando el crimen entre las 22:00 y las 22:15, que era lo que indicaba la evidencia.

La vecina que le iba comentando en directo a su novio la pelea que estaba escuchando al otro lado de la pared, declaró de forma explícita que el incidente había comenzado a las 22:03 de la noche, teniendo como referencia la hora que indicaban los mensajes de WhatsApp que enviaba narrando lo que estaba sucediendo. Como señaló de forma acertada la defensa durante el juicio, los tiempos verbales utilizados por la testigo en esos mensajes (están peleando; gritando, ...) no dejan lugar a dudas en cuanto a que no escribía sobre algo sucedido minutos antes, sino sobre algo que estaba en marcha en ese mismo momento.

Las autopsias y los análisis a ella asociados no permiten datar una muerte con precisión de unos pocos minutos, pese a que esa creencia está bastante extendida, y muchos forenses contribuyen a ella no aclarando de forma suficiente que estimaciones corresponden exclusivamente a su pericia y las que utilizan información ajena a esta. Lo más que pueden hacer los forenses es establecer un intervalo, generalmente bastante amplio, con una hora central que puede servir como aproximación. En este caso, ningún forense puede afirmar, basándose únicamente en las autopsias, si las muertes se produjeron a las 21:00 o las 23:00. Es otro tipo de evidencia el que otorga un notable grado de precisión a la hora de inferir a que hora fueron cometidos estos crímenes.

-Los abuelos dijeron haber entregaron a la niña a su padre aproximadamente a las 21:30. Francisco C, el amigo que vio el partido con Miguel Ángel, declaró haber salido de la casa sobre las 21:45. Por otra parte, Marianela comenzó a llamar al teléfono de Miguel Ángel, sin respuesta, a las 22:18 horas. También está el hecho de que padre e hija estaban preparándose para salir a cenar y no llegaron a hacerlo.

-Los miembros de la familia ecuatoriana que escucharon la pelea desde la casa vecina situaron generalmente el comienzo de los hechos sobre las diez de la noche.

La evidencia citada sitúa la agresión aproximadamente a las diez de la noche, lo que coincide con la apreciación de la testigo que narró en directo la pelea, y con la hora que registran los mensajes a su novio. 

De un informe de la UCO sobre la testigo Dayse G:

Pudo fijar la hora a la que pudieron ocurrir los hechos narrados debido al mensaje de WhatsApp que mandó a su pareja sentimental, en el cual le comentaba los ruidos que estaba escuchando, según ella los ruidos comenzaron a las 22:03 horas y duraron entre cinco y siete minutos, no pudiendo concretar mas. Pero si antes de las 22:25 horas, ya que este es el momento en el que ella salió de su casa para ir a ver a su novio. 

La testigo señaló claramente la hora de inicio, y que estaba enviado mensajes a la vez que continuaba escuchado los ruidos de la pelea en la casa vecina. Los investigadores no dudaron de su testimonio, ni tuvieron nada que oponer al mismo… hasta que se convirtió en una molestia para sus objetivos. Parece evidente que esos mensajes de WhatsApp eran un gran estorbo para construir un caso contra Medina, ya que acotaba los sucesos aproximadamente entre las 22:03 y las 22:10, al menos, y era sabido que Marianela situaba a su novio saliendo del supermercado en ese intervalo. Resulta increíble que la Juez enviara a prisión al sospechoso con esa evidencia exculpatoria, pero fue lo que sucedió. 

Puedo transformar los minutos en segundos
A partir de ese momento comenzó un fantástico ejercicio de distorsión de la evidencia. Como los hechos no coincidían con su teoría, los investigadores de la UCO, la Juez y los fiscales decidieron cambiar los hechos en vez de la teoría. El primer paso era convencer a Marianela para que modificara su testimonio. Se concentraron en la parte más imprecisa del mismo, el momento de la salida del Mercadona. Ella había declarado muchas veces, a los investigadores, a su abogada, a sus amigas, a la Juez, ... que Medina había salido junto con ella y los demás, pero no pudo precisar su situación exacta, si iba delante o detrás, o al lado de quien iba. Algo totalmente normal y que cualquiera puede comprender, pero los investigadores se aferraron a ello y de alguna forma la persuadieron de que en realidad no lo había visto, que habría supuesto que estaba allí porque era lo que pasaba habitualmente. 

La segunda parte de lo declarado por Marianela no se podía cambiar así como así, porque en esa segunda parte sí era precisa y sí había podido situar espacial y temporalmente a su novio. Declaró de forma explícita haberlo visto fuera, en determinado lugar, y ver como subía a su coche, a la vez que la llamaba por teléfono. Como esa llamada quedó registrada a las 22:09, ese era el nuevo límite. Para la UCO iba a ser todo un desafío incrustar los hechos en un intervalo temporal tan estrecho, pero ya habían ganado algún tiempo, y sobre todo sacaban a Medina del Mercadona, algo imprescindible para intentar que su fantástica reconstrucción tuviera alguna apariencia de credibilidad.

Pero todavía quedaba lo más importante, adelantar la hora a la que finalizó el incidente. Con el sospechoso situado a las 22:09 fuera de su lugar de trabajo, a cuatro o cinco minutos en coche, al menos, de la casa de las víctimas, resultaba esencial darle tiempo para cometer el crimen.

La testigo había declarado que tras hablar por teléfono con su novio comenzó a preparase, y que al oír los ruidos empezó a enviar los mensajes. Esa llamada telefónica a su novio había terminado a las 21:52, así que los investigadores de la UCO establecieron ese instante como el primero en el que podría haberse iniciado la agresión y decidieron, de forma totalmente arbitraria y tramposa, finalizar el intervalo un minuto antes del comienzo de los mensajes. En contra de lo declarado por la testigo, sin ninguna evidencia o razón que lo justificara, decidieron que los sucesos habían finalizado a las 22:02, un minuto antes del primer mensaje de WhatsApp. 

Mediante esta astucia conseguían abrir una pequeña ventana de posibilidad para su débil teoría, un intervalo muy estrecho, pero que podían comprar periodistas poco exigentes, casi todos, que suelen aceptar de forma ciega lo que les cuentan o filtran desde la UCO. Jueces y fiscales, en el mismo barco desde el mismo momento en que se decidió ir a por Medina, lo aceptaron sin demasiados escrúpulos.

Y pese a todo, sigue resultando inverosímil. Ni con los cambios arbitrarios, ni con las interpretaciones forzadas, ni retorciendo los argumentos hasta el mismo límite de torsión, consiguen que resulte creíble su historia. Colocar en siete minutos toda la actividad que supuestamente habría realizado el asesino es una imposibilidad manifiesta a poco que se moleste uno en informarse un poco y en razonar otro poco.

El tiempo empleado en coche por los investigadores para viajar entre el lugar del crimen y el Mercadona fue de 3 minutos 59 segundos (no 3 minutos 20 segundos, como se dijo, incluido yo, de forma errónea; esos 3 minutos 20 segundos es el tiempo para la ruta inversa). Informaron que no se contaba el tiempo del semáforo que había (ya no está) cerca del lugar del crimen, que podía alargar ese tiempo hasta unos eternos 99 segundos.

No es por desconfiar de la UCO, pero preferí efectuar mi propio cálculo. Ya había realizado ese trayecto algunas veces tomando nota del tiempo, pero en esta ocasión decidí hacer algunos cambios:

1. Como no iba a poder reproducir las condiciones de ese 27 de abril, decidí eliminar cualquier interferencia y tratar de calcular el tiempo mínimo. Ya sin semáforo, los únicos retrasos podrían ser provocados por otros coches, circulando o aparcando, o por peatones cruzando. Para tratar de evitar en lo posible esas circunstancias, cronometré el viaje muy temprano por la mañana, cuando apenas había tráfico ni gente por la calle.

2. Aunque no lo explicitan, los investigadores dan a entender que iniciaron su viaje desde la puerta de la casa, algo que difícilmente habría ocurrido en la realidad. No parece muy probable que el asesino aparcara su coche justo debajo de la casa de sus víctimas. En primer lugar porque habría tenido que tener mucha suerte para encontrar aparcamiento (Mariano Olmedo afirmó que como nunca había sitio para aparcar cuando llevaban a la niña, era su mujer la que se bajaba del coche con María mientras él esperaba más adelante), y tampoco parece buena idea aparcar justo donde se va a cometer el crimen, porque alguien podía fijarse en el coche y reconocerlo. Por lo mismo, tampoco parece buena idea dejar el coche en doble fila o delante de una salida de parking. El lugar más probable y discreto, y esto se aplica fuera quien fuera el asesino, si este hubiera acudido en coche, es una zona de aparcamientos que hay unos metros más adelante de la casa de Miguel Ángel. 

El lugar donde aparqué el coche está a unos 45 metros de la casa. Me coloqué junto al portal y puse en marcha el cronómetro, a la vez que empezaba a caminar hacia el coche, a buen paso pero sin ir tan rápido como para llamar la atención. Tras entrar en el coche y salir del aparcamiento, giré a la izquierda por la calle Sacristán, girando de nuevo a la izquierda por Avenida los Cabezudos. Pasé sin detenerme por la rotonda que sustituye al semáforo que había en 2013 y continué hasta cambiar a la calle Triana. Pasé por delante de una de las puertas del Mercadona y llegué al monumento a las Yeguas, desde donde ya pude girar hacia calle la Feria. No encontré un lugar para aparcar donde Medina tenía aparcado su coche aquella noche, pero unos 15 o 20 metros más adelante, tras pasar el cruce con calle La Cierva, había bastante sitio a la izquierda, y metí el coche de cabeza, teniendo que hacer poca maniobra. En ese momento miré el cronómetro por primera vez. 4 minutos 50 segundos. Tras apagar el contacto y salir del coche me dirigí caminando rápidamente la escasa distancia hasta el esquina de calle La Cierva. Otros 14 segundos.

En total 5 minutos y 4 segundos. Estaba dispuesto a repetirlo si era necesario, pero no lo fue. No encontré ningún coche cerca que me hiciera variar la velocidad, no apareció ningún peatón cruzando un paso de peatones, no tuve que esperar en la rotonda. Hice el trayecto a buen ritmo, pero sin conducir de forma temeraria. Supongo que se pueden ganar unos cuantos segundos viajando un poco más rápido en ciertas zonas, pero no muchos, salvo que se quiera llamar la atención.

Esos 5 minutos son el lapso mínimo. A partir de ahí cualquier imprevisto suma tiempo. Estaba el irritante semáforo, que podía tener a la gente esperando más de un minuto y medio, y había bastante más tráfico del normal por ser la última sabatina. Cualquier peatón cruzando, cualquier coche en doble fila, cualquier pequeño atasco o, no digamos ya, un coche aparcando en la calle Triana, que cortaría el tráfico un buen rato. Uno, dos, tres, cuatro minutos más, dependiendo de muchos factores, a sumar a los cinco minutos mínimos.

Ese minuto y poco de diferencia entre mi cronometraje y el de los investigadores se explica por que ellos comenzaron y finalizaron dentro del vehículo, en los puntos de inicio y fin de ruta. De todos modos, el tiempo tan escaso que emplearon me hace pensar que escogieron de entre varias pruebas la que tuvo mejores condiciones, y menos interrupciones.

Sea como fuere, si restamos esos 5 minutos a las 22:09, nos da las 22:04, que es la hora a la que el asesino debería haber salido del portal. Por lo tanto, incluso en la arbitraria historia de la UCO, el acusado tan solo habría tenido dos minutos para desarrollar una gran actividad. Tras finalizar el crimen completamente empapado en sangre, a la inventada hora de las 22:02, y sin asegurar el orden:

- Se habría lavado las zapatillas y/o los bajos del pantalón en la ducha.

- Habría limpiado el cuchillo en una toalla.

- Se habría quitado los guantes, la ropa ensangrentada, y las zapatillas. 

- Se habría duchado o lavado el cuerpo o la cara, teniendo cuidado de no dejar ni una mota de sangre.

- Se habría secado con gran vigor en tres toallas de dos baños.

- Habría abierto al menos un cajón en la habitación de la niña y cogido pañuelos de papel.

- Se habría limpiado él o algún objeto con esos pañuelos de papel.

- Habría abierto un armario de un baño.

-Habría abierto una ventana y se habría asomado a observar.

-Se habría vestido con la ropa y el calzado del Mercadona, que llevaría en una bolsa tras haberse cambiado en algún lugar antes de llegar a la casa.

- Habría recogido la ropa ensangrentada, los guantes y el cuchillo y los habría introducido en una bolsa llevada al efecto, probablemente donde llevaba la ropa limpia.

- Habría vuelto a la habitación de la niña y le habría realizado varios cortes en una pierna.

- Habría efectuado una excursión a la terraza, saliendo al patio por la puerta de la cocina.

- Habría dejado el domicilio y bajado por la escalera, sin dejar ningún rastro, hasta salir a la calle.

-Otras actividades o acciones que no dejaron rastro o no se pueden deducir de otros elementos.

No parece posible que todo esto pueda ser realizado en menos de cuatro minutos (más bien algunos más), y sumando los al menos cinco minutos del viaje, tenemos un total mínimo de nueve minutos. Si preferimos el viaje de cuatro minutos cronometrado por la UCO, deberemos sumar el tiempo de ir hasta el coche, subirse, arrancar e iniciar la marcha, y posteriormente aparcar e ir hasta la esquina. Sea como fuere, un total de al menos nueve minutos, que sumados a las 22:02 nos dan las 22:11, que la hora más temprana a la que Medina, de ser el asesino, podría haber sido visto fuera del Mercadona, cuando la misma UCO admite que estaba allí a las 21:09.

Si alguien es capaz de sostener que toda esa actividad se puede efectuar en dos minutos justos, que nos explique cómo, y nos detalle las operaciones realizadas. Animo a los lectores a que expongan sus propios cálculos sobre tiempo necesario para hacer todas esas cosas.

Lo cierto es que todos estos cálculos se efectúan partiendo de las arbitrarias estimaciones de la UCO, y ni así les salen las cuentas, incluso aunque haya que suponer que el sospechoso se encontró el semáforo en verde, o que, pese a estar las calles cercanas al Mercadona llenas de fieles y turistas, ningún vehículo, ningún peatón, ningún coche aparcando, retrasaron el viaje. Por suerte para la justicia, los ciudadanos que ejercieron de jurado efectuaron sus propias estimaciones y llegaron a la única conclusión posible, que no hay manera de encajar a Medina en la hipótesis de la UCO.

La excursión a la terraza, particularmente, es un dolor de cabeza enorme para la acusación, y evitan el tema siempre que pueden. Es comprensible, porque es imposible de explicar si el asesino hubiera sido Francisco Javier Medina. Según la acusación, y pese a que pretendía tener una coartada, estaba todavía asesinando a la hora en que tendría que estar saliendo del trabajo. Y en vez de marcharse a toda prisa, cuando ya iba tarde, habría subido a la terraza de la casa. ¿Por qué? ¿Para qué? ¿Cómo lo explican? No lo explican, no pueden, y por eso lo meten bajo la alfombra, a ver si pasa desapercibido, porque aparte de la falta de un motivo, no hay tiempo para esa subida.

No hay ninguna duda de que el asesino subió por las escaleras que conducen a la terraza, ya que se encontró una mancha de sangre en un azulejo de la pared de la escalera. Analizada la sangre, se descubrió que era una mezcla de padre e hija. La forma de la mancha y la altura a la que está situada indican que probablemente se produjo por roce de la parte superior del cuerpo del asesino, seguramente el antebrazo o el codo. Eso indica que llevaba una prenda manchada de sangre, y que por tanto, o no se había cambiado toda la ropa o se había manchado la ropa limpia. No dejó ninguna huella sobre los peldaños de la escalera, así que o bien se había cambiado de calzado, o bien había eliminado toda la sangre de las suelas en la ducha.

(De paso, como inciso, ¿por qué iba a lavarse el asesino los bajos de los pantalones o las zapatillas si llevaba ropa y calzado de repuesto?)

Otro problema para la acusación surge de la necesidad de que el asesino utilizara las tres toallas donde apareció el ADN. Como no se halló en ellas ni una partícula de sangre, hace necesario que el asesino tuviera un cuidado exquisito antes de utilizarlas, quitándose la ropa ensangrentada lejos de ellas para evitar salpicaduras, y lavándose de forma concienzuda al menos las manos, la cara y probablemente el pelo para eliminar toda la sangre. No hay tiempo para esa limpieza a fondo, y sobre todo, no hay motivo, cuando el asesino podría haberse llevado las toallas como hizo con el cuchillo y la ropa ensangrentada.

Notar que salvo que supongamos que el asesino se quitara la ropa con los guantes puestos (mucho más lento y difícil), se habría manchado de sangre las manos al quitarse las prendas ensangrentadas y por tanto debería habérselas lavado muy bien, a conciencia, para eliminar todo rastro de sangre.


EL TIEMPO QUE EL ASESINO PERMANECIÓ EN LA CASA

Dejemos ya de lado los insostenibles e interesados cálculos de la UCO, y veamos lo que nos depara un análisis riguroso de la evidencia disponible. En primer lugar, no hay ninguna razón para dudar del testimonio de Dayse G. de que comenzó a enviar los mensajes muy poco después de comenzar la agresión. Por supuesto, eso no implica que el incidente comenzara a las 22:02 o 22:03, tan solo que ella comenzó a oírlo en ese momento. Salvo por una frase suelta, está ausente la discusión que escuchó su hermano desde la terraza, y que de haber existido, dataría el inicio tal vez uno o dos minutos antes.

El ruido de pelea duró poco, unos minutos, tal vez de cinco a siete, calculó ella sin mucho convencimiento. Seguro que antes de las 22:25, hora a la que salió de casa. Ese margen temporal tan grande debería haber llamado más la atención, y es que ha pasado desapercibido algo en lo que coinciden ella y su hermano, que tras finalizar la pelea, y transcurrido un tiempo de silencio, volvieron a escuchar ruidos al otro lado de la pared.

Dayse declaró que minutos después de cesar el ruido en la casa vecina, y cuando tras acabar de vestirse estaba a punto de salir, o sea, cerca de las 20:25, volvió a oír a la niña diciendo papi, papi, papi, con volumen decreciente, y ruido de alguien caminando, pero como si arrastrara los pies. Por su parte, su hermano Fredy afirmó que tras dejar de oír el incidente desde la terraza, bajó a la cocina a por un vaso de agua y allí pudo oír de nuevo ruidos al otro lado, estimando que habían transcurrido unos diez minutos tras el final de la pelea.

Este doble testimonio parece indicar que el asesino permaneció un tiempo considerable en la casa tras la pelea, y no un par de minutos, como pretende por pura necesidad la acusación. 

Hay evidencia científica que apoya esa hipótesis, aunque se pasó de puntillas sobre ella, y no se le ha prestado la debida atención. 

1) En el cadáver de la pequeña María se podían observar claramente cuatro grandes heridas en el muslo derecho, las más llamativas y aparentes de las más de 100 lesiones que sufrió la niña. Son profundos tajos de varios centímetros de anchura, muy similares entre sí, y que los forenses encontraron muy significativos. La magnitud de las heridas y su forma indican que muy probablemente María ya no estaba consciente cuando fueron realizados, ya que de haberlo estado habría movido sin duda la pierna, evitando la regularidad y simetría de los cortes. Esto lo confirman los forenses al afirmar que la niña podía estar muerta o moribunda cuando sufrió esas heridas, ya que estas tenían pocos signos de vitalidad, aunque alguno tenían.

Los forenses suelen ser capaces de determinar si cuando una persona sufrió una herida estaba viva o muerta, pero no con una precisión de muy pocos minutos, porque no todos los procesos biológicos y químicos se apagan al mismo tiempo al suceder el fallecimiento. Algunos se van apagando tras el daño y la pérdida de sangre, antes de producirse la muerte, mientras que otros pueden continuar algún tiempo después de pararse el corazón. 

Además, en las cuatro heridas apenas había sangre, y tampoco a su alrededor, lo que abunda en la idea de que las heridas le fueron infligidas cuando ya el corazón no bombeaba sangre, o bombeaba tan poca que apenas sangraron. Es decir, la niña ya habría muerto, o estaría moribunda, cuando le hicieron esas heridas, pero no mucho tiempo después, ya que aunque leve, los forenses encontraron alguna reacción. En todas las demás heridas los forenses encontraron claros signos de vitalidad, lo que las separa claramente de estas cuatro. No resulta posible determinar con precisión el tiempo que separó la producción de esa cuatro heridas del resto, ni lo aventuran los forenses, pero parece evidente que no está en consideración un tiempo de dos o tres minutos, sino bastante más.

2) Los medios reprodujeron la declaración de los especialistas en criminalística sobre la sangre hallada en la cama de la niña. La sangre cubría buena parte de la mitad  superior de la colcha de la cama, indicando que allí estuvo María sangrando en algún momento de la agresión. Hasta el colchón caló una gran mancha central, casi circular, que los técnicos interpretaron correctamente como una mancha de depósito, y afirmaron que la niña estuvo un tiempo considerable sangrando y que pasó un tiempo prolongado en la cama. Creo que se puede añadir que es casi seguro que estuvo inmóvil buena parte de ese tiempo, probablemente inconsciente, si atendemos a la forma de la mancha. 

En cualquier caso, las expresiones tiempo prolongado y tiempo considerable, pese a las irritante imprecisión de los técnicos, no parecen referirse a márgenes temporales de dos o tres minutos, sino a bastante más tiempo. 

Sea el tiempo que sea, hay algo que resulta evidente, y es que el incidente de la cama no estuvo al principio ni al final de la agresión contra María, ya que la niña sufrió otra agresión posteriormente, en el suelo, donde se encontró otra gran mancha de sangre, y donde apareció el cadáver. Estas heridas que se le produjeron en el suelo, fueran las que fueran, tenían señales de vitalidad, lo que indica que fueron realizadas antes que las de la pierna. Los técnicos declararon en el juicio que en el suelo, al contrario que en la cama, hay señales de lucha, señales de que la niña se resistió, indicando que estaba viva y consciente: En el suelo sí había signos de pataleo de la niña, de más lucha.

Es decir, la pequeña María, tras ser apuñalada, estuvo un tiempo considerable sangrando en la cama, seguramente inconsciente. Posteriormente fue apuñalada de nuevo en el suelo, y más tarde, cuando probablemente acababa de fallecer, el asesino le efectuó varios cortes en una pierna. 

A diferencia de Miguel Ángel, hay indicios de que la pequeña estuvo en varios lugares de la casa durante la agresión. Hay señales suyas en la habitación donde halló la muerte su padre, y donde ella misma fue herida. Hay huellas suyas en la cocina, los dos baños (estas sin explicación) y en su propia habitación, además de en los pasillos. Dejemos de momento de lado el resto de elementos y centrémonos en los que contamos con más evidencia.

1) La niña estuvo presente en el dormitorio de matrimonio cuando su padre fue asesinado, y ella misma fue herida allí.

2) Llegó hasta su cama, donde fue apuñalada, o lo había sido anteriormente y  se tumbó y quedó inconsciente, sangrando de forma abundante durante varios minutos.

3) Fue apuñalada de nuevo en el suelo, a la entrada de su habitación, sangrando en abundancia, y allí fue donde falleció al cabo de unos minutos.

4) Al poco de su fallecimiento, el asesino le provocó varios cortes profundos en el muslo derecho.

Hellín creyó encontrar una escapatoria situando esos cortes en el muslo durante la supuesta segunda visita del asesino, argumentando igual que había hecho con el padre, que el que no hubiera huellas en la sangre que rodeaba a la niña indicaba que estaba coagulada, y que por tanto habían pasado varias horas. Pero no es posible, en las heridas había signos de vitalidad, escasos pero apreciables, lo que indica que se produjeron no mucho después de la muerte, unos pocos minutos a lo sumo.

De todos modos, nadie ha explicado de donde sale el tiempo para el prolongado sangrado en la cama y como se puede encajar eso con la tesis de que el asesino fue Francisco Javier Medina.

Se pueden efectuar distintas reconstrucciones teniendo en cuenta todos estos elementos, y otros, como el cuchillo que la niña probablemente cogió de la cocina, pero todo parece indicar que en algún momento el asesino dio por muerta a la pequeña María, que estaba probablemente inconsciente en su cama, y que se vio sorprendido cuando esta recuperó el conocimiento y estuvo a punto de escapar. Seguramente estaba aturdida y confusa, y se fue a la cocina a por un cuchillo, en vez de escapar a la calle o asomarse a la ventana para pedir auxilio. 

Sea como fuere, tenemos las declaraciones de dos testigos y dos resultados de las autopsias, en total cuatro piezas de evidencia, que indican de forma clara y consistente que el asesino tuvo que permanecer en la casa un tiempo considerable tras la agresión en que dio muerte a Miguel Ángel, no unos pocos minutos. Por contra, la tesis de la acusación implica necesariamente que el asesino tuvo que permanecer en la casa muy poco tiempo, aproximadamente un par de minutos, algo para lo que no presentan ni un solo fragmento de prueba, y que está en contradicción con toda la evidencia.

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