viernes, 15 de marzo de 2019

El crimen de Almonte (XVII): La nueva investigación

La reciente noticia de que la UCO ha creado un equipo de investigación para analizar los hechos y “los registros técnicos” ha provocado reacciones de esperanza, escepticismo y cierta sorpresa. La sorpresa viene dada porque hace muy pocas semanas una periodista bastante cercana ponía en boca de miembros de ese grupo que no se reabriría el caso, que no podían trabajar sobre nada, y que no había líneas de trabajo alternativas. Asimismo, Aníbal y Marianela se han cansado de repetir que los miembros de la UCO les confirmaban en comunicaciones personales que estaban 100 % seguros de sus conclusiones, y que no había nada que investigar.

Nadie ha explicado, y los periodistas afines ni preguntan ni comentan, ese radical cambio de criterio. Se afirma que es el Comandante de delitos contra las personas quien le ha comunicado directamente a la Juez la formación de ese grupo, al parecer a petición de esta, y quien se habría encargado de formarlo, o al menos de supervisar su formación. 

No se ha informado, y es muy importante, si alguno de los miembros de la UCO que investigaron originalmente el caso forma parte de ese grupo de revisión. Yo supongo que no, quiero creer que no, porque lo contrario supondría una decepción enorme. La situación no es la ideal, hay que decirlo. Una revisión del caso debería ser llevada a cabo por un equipo de investigadores lo más alejado que se pueda del original. Si fuera posible de otro cuerpo policial, y si no, al menos, de otro grupo distinto dentro del mismo cuerpo.

Que Juez y Fiscal sean los mismos que procesaron y encarcelaron a Medina ya es suficiente anomalía. Legal, sí, y ajustado a reglamento, pero anomalía. Porque a ambos, Juez y Fiscal, se los ha colocado en una situación imposible, en la que se les pide que demuestren que se han equivocado anteriormente. Lo ideal sería que otro Juez y otro Fiscal se encargaran de esta tarea, pero como parece ser que nuestras leyes no contemplan esa posibilidad, pues hay que aceptarlo tal como es. De momento, parece que ninguno de los dos va a participar de forma activa en esa nueva investigación, o revisión, o lo que sea realmente, y que le han trasladado la responsabilidad a la UCO. 

Y en este punto pueden empezar a surgir las dudas. ¿Por qué esa nueva investigación, por qué ahora? Es muy probable que la motivación está sustentada en un conjunto de consideraciones de distinto signo, pero creo que podemos representarlas agrupadas en dos visiones que representan extremos que parecen incompatibles, la visión optimista y la visión pesimista.

La visión optimista

Según esta forma de considerar el asunto,  altos mandos de la UCO se habrían dado cuenta de que hay algo que no funciona correctamente en la tesis que han mantenido hasta ahora. El efecto acumulativo de las sentencias que exculpan a Medina, el documental de la Sexta, el libro de Caraballo, la contundente rueda de prensa de Medina y sus abogados…, habrían convencido a las más altas instancias del grupo de que su defensa de la investigación inicial no resulta convincente. Pese al riesgo reputacional para la UCO, consideran que es preferible afrontarlo y que si hay algo que encontrar, mejor lo encuentran ellos que otros. Si finalmente se demuestra que se cometió un error, se subsanará en parte por ellos mismos, y si tras una nueva investigación no se encuentra nada que refute la primera investigación, la reputación quedará a salvo. 

Para Juez y Fiscal nos encontraríamos ante una situación parecida. Prácticamente forzados, a riesgo de que sean obligados por instancias superiores, asumen que una nueva investigación pueda demostrar su error inicial, y dejan en manos de la UCO la labor de descubrirlo. Según esta visión optimista, se investigará de forma activa y se revisará todo el caso y se seguirán todas las pistas que puedan apuntar en otras direcciones distintas a la original. Finalmente, Juez y Fiscal tomarán sus decisiones con la única consideración de la búsqueda de justicia, sin consideraciones de tipo personal y de reputación.

La visión pesimista

Según esta forma de ver las cosas, no hay demasiados motivos para la esperanza. Los actores son los mismos que en la investigación original, y en el caso de Juez y Fiscal incluso las mismas personas, quedando pendiente de saber si en el equipo formado por la UCO participan los mismos agentes, o algunos de ellos. El problema de esta situación, obvio para cualquiera que no sea totalmente obtuso en la comprensión de la naturaleza humana, se agrava porque los mismos actores han sido también los participantes en el asunto del cuchillo.

Si utilizamos como guía lo ocurrido con este tema, no quedarían muchas esperanzas. A partir de la denuncia de un particular, y casualmente cuando el Tribunal Supremo se disponía a considerar la repetición del juicio, UCO, Fiscal y Juez abrieron una investigación más que extravagante. Se investigó (no se sabe el qué) durante dos meses, para descubrir lo que era obvio para todos desde el primer momento. Y a día de hoy sigue abierto el tema.

Esta forma de actuar genera muchas dudas en cuanto a que estos mismos actores sean capaces de llevar adelante una revisión profunda o una nueva investigación. ¿Van a revisar e investigar de nuevo todo el caso los mismos que han tardado dos meses en concluir lo evidente?

Según esta versión pesimista, la nueva investigación sería una fórmula para retener el control. Los altos mandos de la UCO se habrían dado cuenta de que la línea de defensa adoptada ya no aguantaba. Las sentencias, documentales, libro, rueda de prensa,…etc., les habrían hecho darse cuenta de que su planeada postura de no hacer nada (que fue lo que le contaron a su amiga periodista, y durante un año a familiares de las víctimas) ya no es suficiente, y que lo que está calando a la opinión pública es que su investigación fue errónea y fallida. Además, su anunciada negativa a revisar lo investigado podría provocar consecuencias inesperadas.  La nueva investigación sería una forma de protección, efectuarla ellos para atajar la posibilidad de que la pudieran hacer otros ante su inacción.

En este contexto resulta importante señalar que el actual Coronel de Huelva dejará su puesto en muy pocas semanas por razón de edad. Es en último término el encargado de la investigación policial y quien solicita, o no, la intervención de la UCO en sus casos. Existía la posibilidad de que el nuevo Coronel que llegara pudiera encargar una investigación o revisión del caso a un grupo de investigadores no pertenecientes a la UCO. Si ya se les ha encargado a ellos, pueden retener la investigación muchos meses, un año, o más, sin mucho riesgo de interferencias.

Según esta visión pesimista, no se va a descubrir nada que contradiga su investigación original, y pasado el tiempo (con el antecedente del cuchillo cualquiera hace una estimación), lo harán público y presentarán un informe que servirá de base para cerrar el caso en el juzgado.

Una alternativa, la visión pragmática

Es una especia de escepticismo moderadamente optimista. La motivación para reabrir el caso podría ser mixta, conteniendo elementos de ambas visiones. Podría ser a la vez un intento de retener la investigación y un deseo genuino de averiguar si se cometieron errores. Sea cual sea el motivo para revisar el caso, el hecho es que por primera vez en cinco años existe una investigación abierta, y por tanto una oportunidad. Siempre que los encargados en la UCO de la revisión no sean los mismos que investigaron inicialmente (sería algo lamentable, y se podría abandonar toda esperanza), tengo confianza en que su orgullo profesional se imponga a otras posibles consideraciones, como el compañerismo o la lealtad al grupo. 

Además, ellos serán conscientes de que no se puede descartar que en el futuro puedan ser revisadas por ajenos al grupo tanto la investigación original como su propia revisión, y querrán dejar claro que han estudiado todos los ángulos y agotado todas las posibilidades. Por supuesto, no soy tan inocente como para pensar que van a saltar unos encima de otros para encontrar sospechosos alternativos, ni que Fiscal o Juez los presionen para hacerlo, pero una vez abierto el caso no será fácil dominarlo y conducirlo, y podría tomar vida propia. No se pueden exigir resultados, porque sería posible que una investigación impecable no llegara a una solución satisfactoria, pero si se puede exigir interés y voluntad. Salvo casos excepcionales, los asesinos no vienen a entregarse, hay que buscarlos de forma activa. 

 Creo que se podrá comprobar en no mucho tiempo la seriedad e interés con la que siguen nuevas pistas y si realmente es una investigación o un repaso superficial. No es la mejor situación, pero hay que reconocer que esto parecía imposible hace tan solo unas semanas. Es lo que hay, y hay que aceptarlo de forma constructiva. Esperemos y confiemos en que harán lo correcto, y si no, ya llegará el momento de protestar y buscar alternativas. 

Hay muchas cosas que no se saben todavía. Queda pendiente conocer cómo se va a llevar a cabo esa revisión. Si simplemente se va a leer lo ya actuado y escuchar las grabaciones, o si se va a efectuar investigación activa, con nuevas entrevistas a los testigos clave y a otros que puedan ir surgiendo. Si se va a buscar activamente a quien o quienes pertenecen las huellas dactilares, o se va a quedar sin aclarar. Si se va a pedir una muestra de ADN a sospechosos a los que no se les tomó en la anterior ocasión. Si se va a solicitar que ese ADN y esas huellas sean buscadas de forma específica en bases de datos de determinados países. Si se van a efectuar pruebas que podrían validar o refutar determinadas declaraciones de testigos. En resumen, si se va a investigar o simplemente se van a limitar a una revisión superficial de lo ya investigado por el otro equipo.

Si al nuevo equipo le interesan pistas, yo tengo una que parece habérseles pasado por alto a los agentes que investigaron originalmente el caso. A ver cómo me arreglo para hacérsela llegar.

domingo, 24 de febrero de 2019

El crimen de Almonte (XVI): El libro de Javier Caraballo

El crimen de Almonte. Cómo fabricar un asesino, por Javier Caraballo

Almuzara, 2019

Confieso que tengo una especial predilección por Javier Caraballo. Me siento en deuda con él, porque cuando me interesé en el caso y me puse a investigar en prensa, tras la noticia de la absolución de Francisco Javier Medina, sus artículos me permitieron un avance veloz, claro y decisivo en la comprensión de lo que había ocurrido durante la instrucción y el juicio.

Por eso aguardaba con impaciencia la publicación de este libro, que se ha hecho esperar hasta el pronunciamiento del Tribunal Supremo. Su escasa extensión hace que sea de lectura fácil y rápida, y procedo a exponer mi opinión tras finalizar la misma.

A primera vista da la impresión de que el precio, 18 euros, es un poco elevado para un libro de estas características: tan solo 160 páginas, tapa blanda, unas pocas fotografías en blanco y negro…, aunque debemos ser comprensivos con la problemática del mundo editorial. Eso sí, durante la lectura se agradece que el tamaño de la letra no obligue a dejarse la vista en el empeño. La titulación es atractiva: El crimen de Almonte. Cómo fabricar un asesino. 

El estilo es directo, sin florituras ni barroquismos, propio de alguien habituado a escribir artículos, y que reconocerán sin dificultad los lectores habituales de Caraballo. Resulta ameno y ágil, y como va tratando muchos temas, uno detrás de otro, dudo que alguien pueda decir, le haya gustado o no, que se ha aburrido con su lectura. Dicho esto, esa agilidad narrativa podría resultar también problemática para lectores con escaso o nulo conocimiento del caso. Habrá que esperar a que se pronuncien algunos de ellos, pero me temo que algunos lectores profanos pueden tener dificultades para poner en contexto el tipo de información secuencial que se les va proporcionando.

La obra está centrada, sobre todo, en denunciar la investigación de la UCO y el comportamiento posterior de fiscales y jueces. Como partiendo de un único dato, el ADN hallado en las toallas, todos ellos se embarcaron en la construcción, en todo el sentido de la palabra, de un caso contra una persona a la que exculpaba el resto de la evidencia.

Señala Caraballo como se fueron cambiando las horas y otro tipo de evidencia para adaptarlas al sospechoso, y lo hace de forma contundente, con citas directas de los informes policiales. Hay que indicar que el autor nunca duda, ni por un momento, de que Francisco Javier Medina sea inocente. En ese sentido es transparente, cristalino. No intenta siquiera dar una apariencia de neutralidad, o de considerar otras alternativas, aunque improbables. Lo tiene muy claro, y esa certeza en la inocencia de Medina recorre todo el libro como un hilo rojo, sin disimulos ni componendas para intentar contentar a todos.

Además de criticar la investigación, el autor expone unas cuantas hipótesis sobre varios elementos del caso. Aunque coincido con él en lo esencial y en buena parte de sus hipótesis, discrepo de otras, algo que trataré de forma breve al final. Proporciona mucha información que no se ha publicado nunca, así que los interesados en el caso tendrán que leer a Caraballo sí o sí. Sin destripar el libro, paso a exponer, a modo de ejemplo, algunas de las cosas que se encontrará el lector:

-¿Qué gravísimos insultos de Marianela contra Miguel Ángel se podían oír desde la calle? Página 47.

-¿Qué opinaban Aníbal y su familia de Marianela? Páginas 49-50

¿Y Marianela y sus amigas de Aníbal? Página 54.

-¿A quién consideraban Aníbal y sus padres autor intelectual del crimen? Página 56

¿Sobre quién expresaban fuertes sospechas los investigadores de la UCO después de varios meses de investigación? Página 59

Una parte especialmente brillante del libro es la explicación sobre las famosas zapatillas de la talla 44,5 que los investigadores encontraron durante el registro en casa de Medina, y que trataron de asociar a las huellas del asesino. Caraballo explica perfectamente lo ocurrido, y lo acompaña de un par de fotografías en la última página del libro que despejan cualquier posible duda. Esas fotografías perseguirán para siempre a la UCO.

Caraballo se refiere a muchos otros temas. Cita, sin nombrarlos, a dos conocidos periodistas de Huelva Información y Diario 16, distinguidos por su estrecha cercanía a la acusación, y nos explica la forma de actuar de Luis Romero y su querencia por los medios de comunicación como instrumento de su actividad. También aparece la psicóloga Mercedes y su papelón.

Su tratamiento del ADN encontrado en las toallas es breve y no se mete en detalles, pero resulta también sólido. Hay bastantes más cosas, pero deberán ustedes descubrirlas por sí mismos. Ahora paso a exponer de forma muy breve algunas de mis diferencias con el autor.

-Crimen pasional y robo. No se puede negar que Caraballo es contundente a la hora de criticar a investigadores, forenses, abogados, fiscales,… etc., pero en ocasiones, de forma sorprendente, acepta algunas de sus consideraciones más dudosas. Varias veces da como buena la pretensión posterior de los investigadores de que la naturaleza pasional del crimen fue considerada evidente desde el comienzo. Digo sorprendente porque el mismo autor nos cita un informe de la UCO de fecha 15 de mayo (dos semanas después del crimen) en el que se afirma de forma explícita que no se descarta el robo como origen del doble crimen, y durante muchos meses la UCO mantuvo como sospechosos a personas cuyo móvil más probable sería el robo. 

No discuto que el móvil del crimen fuera pasional, discuto la pretensión de que eso se considerara evidente desde el principio. Es el mismo autor quien nos advierte en el epílogo del peligro de construir acusaciones con indicios y rellenar los huecos con el móvil genérico del “crimen pasional”.

-Inicio del ataque en el cuarto de baño. Caraballo sitúa el inicio de la agresión contra Miguel Ángel dentro del cuarto de baño donde este se disponía a ducharse. No comparto esa consideración, que no creo soportada por la evidencia. Aprovecho para señalar que el autor repite, como buen periodista, la incorrecta referencia a “151 puñaladas”. Referencia de gran valor periodístico, pero inexacta e imprecisa, y que puede opacar nuestra comprensión de la naturaleza del crimen.

-Pinchazos a la niña. El autor da por buena la tesis de los forenses de que un numeroso grupo de heridas poco profundas que presentaba la niña, poco más que pinchazos, fuera el resultado del intento del asesino de alejarla de él. Según esta hipótesis, mientras el criminal estaba apuñalando a Miguel Ángel, la pequeña María trataba de ayudar a su padre, y al acercarse el asesino la pinchaba continuamente para alejarla.

Los forenses reconocieron que hubo debate entre ellos respecto al significado de esas heridas, es decir, que se consideraron otras hipótesis para explicarlas. Luis Frontela también tenía su propia hipótesis sobre ellas. A mí la hipótesis que plantearon en el juicio no me parece convincente, y creo que se puede argumentar de forma contundente contra ella.

-Hipótesis dudosa. Caraballo incorpora a su reconstrucción del crimen las declaraciones de un testigo que dijo haber visto algo sospechoso la noche del crimen, y que tuvo la sensación de que era observado desde una de las ventanas del domicilio de las víctimas. Yo tengo muchas dudas sobre ese testimonio, y no considero adecuado su uso como constituyente de una hipótesis de más alto rango, o como parte de una reconstrucción de los hechos.

Estas y otras pocas discrepancias, que espero tener ocasión de comentar algún día con el autor, no deben oscurecer el hecho de que comparto el 95 % de sus planteamiento, el cual, ya he comentado al inicio, es el cimiento sobre el que he construido mi propia opinión sobre el caso.

Para finalizar, recomiendo encarecidamente la compra y lectura del libro a todos los interesados en el caso, y a todos aquellos que simplemente quieran entender la génesis y desarrollo de un grave error policial y judicial que mantuvo a un inocente tres años y medio en prisión, que quieran ver como se fabricó un asesino. 

domingo, 20 de enero de 2019

El crimen de Almonte (XV): La novelista entre el centeno

Rocío Castrillo ha escrito una novela sobre el crimen de Almonte. Dice ser escritora y periodista,  y también tiene su blog, donde además de ofrecer “servicios editoriales”, escribe últimamente sobre el caso. Para fundamentar su proceso creativo acudió a las sesiones del juicio contra Francisco Javier Medina, y parece que la cercanía con la acusación provocó que sus opiniones e hipótesis sobre el caso sean indistinguibles de las de esta. Algo, por otra parte, perfectamente legítimo.

No voy a publicar fotos de jurados, porque no lo encuentro oportuno. Pueden ver las que publicó Rocío en su blog:

https://elblogderociocastrillo.blogspot.com/


No sé si los comentarios sobre el jurado durmiente son obra única de Rocío Castrillo, o bien le llegaron sugeridos por alguien y ella se limitó a darles publicidad en su blog. Yo sospecho esto último, que le pasaron las capturas y la interpretación, y que ella se limitó a publicarlas, lo que me parece una irresponsabilidad. Podría equivocarme claro, y le podrían haber pasado las cintas en bruto, y ella habría extraído esas imágenes dándoles su propia interpretación. En este caso sería algo más que irresponsable. Bastante más.

Dice que algunos miembros del jurado dormitaban durante las sesiones del juicio, y nos pone como ejemplo imágenes de las sesiones en las que hablaban los forenses y en las que se exponía la prueba de ADN. Se nos muestra una imagen general, en la que se borran las caras del resto de jurados (de forma chapucera e incompleta) y se deja el rostro del jurado al que se refiere, algo sorprendente y no sé si delictivo. En una segunda imagen se nos muestra a dicho jurado más de cerca, en lo que la señora Castrillo interpreta como dormitar.

En realidad no sería especialmente grave que a lo largo de un juicio de un mes un jurado, o una periodista-escritora, o un abogado, o incluso un Juez, dieran alguna cabezada. Pasa en muchos juicios, y en este en concreto varios testigos afirman haberlo visto entre el público, precisamente a una periodista-escritora. Pero vamos a ver si esto ocurrió con el jurado al que se refieren.

PRIMERO

Las primeras imágenes corresponden a la sesión del juicio del 21 de septiembre de 2019, durante la exposición de los forenses. Fue una sesión muy especial, con la sala casi vacía, en la que se iban a mostrar imágenes de la inspección ocular y de las autopsias. Muchos jurados estaban incómodos, mirando a la pantalla a veces y apartando la vista en otras, ante lo desagradable de lo que estaban viendo. La imagen que se nos muestra corresponde aproximadamente a las 12:01:55 horas de ese 21 de septiembre, y se pretende que su postura adelantada, con la cabeza agachada, significa que el jurado estaba dormido. Lo cierto es que ese jurado en concreto adoptó esa postura para tomar notas en muchísimas ocasiones durante el juicio.

Durante la misma sesión se puede ver claramente como a las 11:50:00 ese jurado adopta la misma postura y toma notas durante unos 45 segundos. Se puede observar en varias ocasiones el movimiento del brazo derecho, y un par de cambios de postura de la cabeza, indicando que estaba escribiendo.
Poco después, el jurado está atento a la explicación sobre las heridas de la niña, pero en cuento el forense menciona “el cuello”, a las 11:54:14,  el jurado aparte la vista de inmediato y se pone en la misma posición que antes, mirando hacia abajo, pero en esta ocasión no se aprecia escritura. A las 11:54:30 levanta la cabeza, pero no mira ni las fotos ni al forense, mira al púbico, al acusado, a los abogados, en lo que parece un intento de evitar las imágenes desagradables. (Hay dos jurados que no miraron ni una vez hacia la pantalla)

A las 11:54:38 mira hacia donde está el forense exponiendo, e inmediatamente, en un segundo, vuelve a apartar la vista, mirando en dirección opuesta, hacia el público o hacia el fondo de la sala. Pocos segundos más tarde vuelve a hacer un nuevo intento de ver las fotos, pero fracasa de nuevo, apartando la mirada de inmediato y agachando la cabeza. En cuanto el forense dice “vale” y se pone a explicar las heridas en otro lugar distinto a la garganta, el jurado vuelve a mirar con atención.

Con estos antecedentes, llegamos al momento clave. Durante varios minutos el jurado ha estado atento a las explicaciones y a las fotos, cambiando de postura incluso para lograr mejor visión por entre sus compañeros. A las 12:01:23 el forense dice “comenzamos con las conclusiones”, e inmediatamente el jurado agacha la cabeza y se pone a escribir, como se puede observar perfectamente en varias ocasiones por los movimientos del brazo, y por como levanta la cabeza una vez para mirar a quien habla, volviendo de nuevo a la toma de notas. Se pueden ver claramente movimientos que indican que está escribiendo.

Sigue tomando notas hasta las 12:02:12, cuando parece tocarse los ojos y vuelve a levantar la cabeza Posteriormente, a las 12:03:05 vuelve a ponerse en la misma postura y toma notas… así durante todo el juicio. Hay que tener muy mala fe para sacar una fotografía de unos de los momentos en que estaba escribiendo y decir que estaba dormido. En ningún momento se puede observar el típico cabeceo de las personas que se están durmiendo, no hay ni el menor rastro. Antes y después del momento en que se nos dice que estaba durmiendo, lo podemos ver atento a la exposición o tomando notas. Eso es todo.

SEGUNDO

En segundo caso es muy similar. Se nos presentan unas fotografías del día 26 de septiembre, a las 12:23:29. El contexto es similar, con el testigo atento y tomando notas de vez en cuando, como por ejemplo, a las 12:09:31. No creo que haga falta un estudio detallado como en el caso anterior.

A las 12:23:13 el testigo se pone a tomar notas, porque una perito está hablando sobre un elemento crítico del caso, el ADN desconocido hallado en la alfombrilla del baño. Se puede ver de forma mucho más clara que en el caso anterior como está escribiendo, y lo sigue haciendo en el momento en que estaría durmiendo, según Rocío Castrillo, y bastantes segundos después, con evidentes movimientos de brazo derecho y cabeza. Del tipo escritura, no del cabeceo de alguien que se está durmiendo.

Yo no sé si la autora ha visto los vídeos o se ha limitado a poner lo que le han contado. Si los ha visto, que lo dudo, debería decirnos si se ha fijado en todos estos detalles. Si no los ha visto, tal vez debería pedirle a quien le ha pasado las capturas que se los muestre, y que después haga honor a la profesionalidad que dice tener y cuente en su blog su nueva opinión.

Por ejemplo, ella misma se pasa gran parte de uno de los vídeos con la cabeza agachada. No costaría nada extraer decenas de imágenes en esa postura y afirmar que estaba dormida, o dormitando, como dice. No lo haré, porque parece evidente al ver el vídeo que está tomando notas, y que continuamente está mirando al frente y agachando la cabeza para escribir, no para dormitar, al menos en este vídeo.

Sería muy poco riguroso y propio de quien tiene mala fe hacer algo así, aunque se podría hacer con exactamente el mismo fundamento con el que ella afirma ver a un jurado durmiendo.

INSULTOS Y AMENAZAS

En cuanto a los comentarios y amenazas en su blog con nombres y apellidos de personas, el tema me supera. Al poco de comenzar a tratar este caso en mi blog, comenzaron los insultos contra mi persona. Los borraba, sin darles más importancia, hasta que un día me avisaron de que alguien había escrito amenazas de muerte contra Medina. Un familiar de este fue a denunciar y contactó conmigo para pedir información. Yo le dije que le ofreciera a la Guardia Civil mi ayuda para encontrar al autor, y decidí dejar los comentarios amenazantes por si les hacían falta, contando con que contactarían conmigo en unas horas. Inocente de mí.

Cuando comprobé que nadie me contactaba, los borré, e inmediatamente puse los comentarios en formato revisión, que significa que no se publica ninguno sin mi aprobación. Me han llegado decenas de amenazas de muerte, incontables insultos contra mí, y muchos contra personas que apoyaban a  Medina. También insultos, amenazas y acusaciones contra familiares de las víctimas, o mensajes de gente que pretendía ser alguno de ellos. Ni uno solo ha sido publicado en el blog. Es muy fácil.

Desconozco la razón por la que Rocío Castrillo no activó la opción de moderar comentarios en cuanto comenzaron a aparecer los insultos y amenazas. Al parecer, alguien está publicando en su blog comentarios con el nombre de otras personas (Nando Fernández, Alfonso Figueroa, Ana Viera,…) y se alternan publicaciones reales de esas personas con insultos o amenazas que parece evidente que son falsos, o con insultos y amenazas dirigidos hacia esas personas.

Algunos de los afectados se dirigieron inicialmente a ella para solicitarle que quitara esos mensajes, algo que me asombra hasta el límite. Deberían haberse dirigido a ella para EXIGIRLE que los quitara y no permitiera que aparecieran otros nuevos, porque es responsabilidad suya que salgan, sobre todo cuando tiene la opción de moderar comentarios. 

A mí me da igual (¡y después todavía tienen algunos la jeta de echarme en cara que siga escribiendo con un pseudónimo!), pero para las personas a las que se está difamando, o que se pretende que están difamando ellas, es algo realmente grave. Cualquiera puede crear una cuenta con el nombre de otra persona y entrar en un blog y poner las barbaridades que se le ocurran. Para eso está la moderación de comentarios, y si no se usa, a lo mejor es que no se quiere usar. Ahora dice que no puede borrarlos, supuestamente se lo habrán pedido quienes están investigando el tema. 

Pero eso no puede ser, porque deja a las víctimas indefensas. ¿Deben estas esperar durante meses a que acabe la investigación para que borren mensajes insultantes contra ellos o mensajes en su nombre amenazando a otros? Supongamos que alguien escribe en mi blog un mensaje amenazante contra Rocío Castrillo, o con su nombre amenazándome a mí, por ejemplo, y que yo lo publico y después denunció el hecho a las autoridades. ¿Tendría que permanecer publicado dicho mensaje mientras se investiga? No creo que fuera razonable.

SI Rocío ha recibido amenazas graves ha hecho bien en denunciarlas, y esperemos que se atrape al responsable o responsables. Tampoco voy a poner en duda su derecho a escribir una novela sobre el caso, con la hipótesis que ella quiera mantener, aunque tengo dudas de cómo podrá hacerlo. Lo que si le pediría es un poco de rigor a la hora de tratar los temas, como el del jurado durmiente, y que nos explique el tema de los comentarios y por qué no activó la moderación en cuento empezó a recibirlos. 

Tal vez tenga una explicación razonable.